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Humor con causa

Por Rosario Alfonso

Iván Camejo, presidente del Centro Promotor del Humor.
Iván tiene una seria responsabilidad.
(Foto: Archivo)

Para ver a Iván Camejo, presidente del Centro Promotor del Humor, pensé que tendría que llenar un formulario o uno de esos permisos para marcar con una cruz.

Iba a interrogarlo sobre cómo andaba el humor, cuáles eran los planes o algo así. Quería aterrorizarlo poniendo cara de hacer preguntas muy impresionantes, pero en realidad me lo contó todo con tremenda seguridad.

¿Cuándo supiste que ibas a ser humorista?

“El humor siempre parte de una actitud y luego de una formación determinada, aunque no sea una carrera que se estudia. Quizás fue en la época del preuniversitario, cuando ya decidimos tener un grupo, y en el 93 luego de participar en el primer Aquelarre, pues lo vi como un oficio, además de una diversión, que siempre lo es”.

¿Qué has querido hacer y no has podido?

“Me gustaría hacer un espectáculo que tenga que ver más con lo musical e incluir la música dentro del humor, una especie de comedia musical”.

¿Existe un humor dirigido a determinado receptor?

“Hay un público que asimila un tipo de humor y no que asimila otro, pero creo que el arte condiciona o crea al público. Hay humoristas que piensan que espacios determinados llevan un humor determinado y, a veces, bajan un poco la parada para que funcione.

“El cabaret lleva un ritmo más fuerte pero no justifica que el humor sea de menor calidad del que se hace en el teatro. Las propuestas pueden ser iguales de interesantes”.

¿Cómo surgió Humoris Causa?

“Bueno, conocí a Joel Sánchez en el Aquelarre y en 1994 fundamos el grupo. En realidad, los dos estábamos en la Universidad. En 1995 entraron Omar Franco y Bobby, que es el productor; pero básicamente surgimos de un espacio universitario”.

¿Qué proyectos tiene el Centro Promotor del Humor?

“Cuatro fundamentales: Lo primero es que se está grabando una serie de espectáculos en los teatros con el ICAIC para salas de video y cines de todo el país.

“Tenemos un proyecto editorial que incluye cuentos que han sido premios en festivales del Humor. Pensamos, al menos, publicar dos libros al año; además, queremos grabar una colección de discos de humor con la EGREM y, por último, las becas de creación, donde premiamos investigaciones relacionadas con el humor en la escena, en la literatura, etcétera,

“Asimismo, convocamos una beca para la creación de espectáculos, concebidos para el teatro, que nos da la garantía de buenos textos para estrenar todos los años”.

¿Crees que para los jóvenes se hace humor fácil?

“Para nada, el arte educa. En Cuba hay un nivel cultural alto. Cuando trabajamos para gente joven, que además, es el público ideal para el humor, debemos tratar algo más reflexivo. Nos gusta emplear el absurdo, el juego de palabras, el doble sentido y todas esas osas que dan una factura más interesante; pero regalar, nada”.

¿El mayor error de un humorista?

“Quizás sea confundir el hecho de interactuar con el público y no respetarlo. La frontera es muy sutil. Algunos humoristas han desvirtuado la idea de incluir al público como parte del espectáculo, no siempre se sabe o se puede hacer. Lo oro es el facilismo tratar de buscar un resorte que haga reír de forma inmediata. El humor debe tener un trabajo de fondo y hacer reflexionar. Las cosas coyunturales, con el paso del tiempo, no trascienden”.

¿Algún humorista que prefieres?

“Les Luthiers creo que ha marcado a mucha gente de esta generación de humoristas. Casi se puede hablar de un humor en Cuba después de su visita, pues anteriormente estuvo muy identificado con el costumbrismo, era muy coyuntural y circunstancial. Con ellos se dieron cuenta de que se podía tener pretensiones de universalidad con una obra determinada. Impusieron una forma distinta de ver el humor”.

¿Tú eres el funcionario de los humoristas?

“Bueno, utilitariamente, sí. Estoy dirigiendo el Centro Promotor del Humor y es una gran responsabilidad porque representamos a todos o casi todos los humoristas del país. En definitiva, el Centro es prácticamente una gran familia, hay mucha gente joven y es un trabajo bastante peculiar”.

 

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