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Al machete
Por Isabelle

Todavía guía a los
cubanos de hoy el mismo espíritu que inspiró
la primera carga al machete.
(Foto: Archivo) |
Cuando el machete se hizo habitual
entre los andaluces, nunca previeron que años después
se convertiría en una de las peores pesadillas del
ejército español en las recién encontradas
tierras americanas.
Es algo difícil precisar
la primera vez que fue utilizado como arma de combate, pero
es casi seguro que alcanzó su más alto grado
como arma en los campos cubanos.
El caserío de Pinos
de Baire, en el Oriente cubano, fue el escenario. Allí
arriba la columna española de más de 700 hombres
al mando del coronel Quirós provenientes de Santiago
de Cuba. En su avance hacia la ciudad de Bayamo, y apoyándose
en su poderío militar, la fuerza peninsular llega prácticamente
sin detenerse hasta Baire.
Una vez allí son detenidos
y obligados a retirarse por una fuerza nunca antes vista por
los peninsulares. Acostumbrados al combate desigual que les
ofrecían los patriotas cubanos, menos preparados en
el arte de la guerra, quedan sorprendidos ante la fuerza y
destreza mostradas con el machete. Otrora herramienta de trabajo,
aquel 4 de noviembre de 1868 nacía ante ellos el arma
a la que ni los fusiles podían detener.
Durante varios días estuvo inmovilizada
la tropa del general Quirós, debido a la hostilidad
constante del grupo de patriotas dirigidos por el dominicano
Máximo Gómez.
Ya poco importaría para aquellos
valerosos cubanos inmersos en la lucha las pocas armas de
fuego o la falta de destreza en su uso. El usual instrumento
de trabajo había despertado en sus manos, para solo
descansar cuando el enemigo dejara de pisar suelo cubano.
Hoy, a 135 años de aquel hecho, los
machetes dan paso a las ideas. Unidas forman uno de los bastiones
más fuertes de toda la historia de la resistencia en
el mundo contemporáneo.
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