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William Shakespeare
Por Alicia
Centelles
Se le conoce también por el Bardo
de Stratford-On-Avon, y sus estudiosos no ocultan que todavía
desconocen muchísimos detalles de su vida. Incluso,
persiste un profundo desacuerdo en cuanto a atribuirle o no
determinadas obras que, a juicio de la crítica, son
de una calidad fluctuante. Pero lo cierto es que el nombre
de William Shakespeare se ha convertido en un símbolo
de lo más sublime de la dramaturgia universal.
El también poeta y actor teatral
inglés debe su fama a 38 obras, hoy muy conocidas y
apreciadas, aunque sus contemporáneos de mayor nivel
cultural las rechazaron por considerarlas tan sólo
un vulgar entretenimiento. Pero el genio se impuso, y hace
ya más de tres siglos que sus obras se representan.
Los estudiosos de la obra shakesperiana
dividen sus creaciones en varios períodos, y afirman
que en el tercero escribió sus mejores tragedias, así
como las llamadas comedias oscuras o amargas.
Las tragedias de esta etapa son las más
profundas de todas sus obras, y aquellas en que la poesía
se convierte en un instrumento dramático. “Hamlet”,
su obra más universal, retrata de un modo escalofriante
la mezcla de gloria y sordidez que caracteriza a la naturaleza
humana. Otra célebre tragedia de Shakespeare, “Otelo,
el moro de Venecia”, retrata el surgimiento y la expansión
de unos injustificados celos; mientras que “El rey Lear”,
concebida en tono más épico, describe las consecuencias
de la irresponsabilidad y los errores de juicio del dominador
de la antigua Bretaña.
Hasta el siglo XVIII, el autor de “Romeo
y Julieta” y “El mercader de Venecia” fue
considerado únicamente un genio difícil. Se
ha planteado incluso que sus obras fueron escritas por alguien
de educación superior, tal vez el estadista y filósofo
Francis Bacon, el conde de Southampton o el dramaturgo Christopher
Marlowe.
No obstante la controvertida personalidad de Shakespeare,
su producción literaria fue admirada por el dramaturgo
inglés Ben Johnson y otros de sus contemporáneos,
quienes vieron en él una brillantez destinada a perdurar
en el tiempo. Las piezas surgidas de su genio son fuente de
inspiración para numerosos experimentos teatrales,
pues comunican un profundo conocimiento de la naturaleza humana.
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