| Gagarin
vuelve a rodearse de estrellas
Texto y fotos: Joel Mayor [07.10.2002]
Yuri Gagarin
ha vuelto a rodearse de estrellas, desde el 5 de diciembre
del 2001. La antigua secundaria, convertida luego en instituto
politécnico, vuelve a ser una ESBEC (Escuela Secundaria
Básica en el Campo), y acoge un experimento especial,
como aquel del cosmonauta que viajó a lo desconocido.
Esta vez, otros valientes se aprestan en busca de un cambio
en la educación.
La idea
Desde hace cierto tiempo se buscan soluciones para una enseñanza
que se ha convertido en talón de Aquiles de nuestro
sistema educativo. "Fidel planteó la necesidad
de una Revolución en la Secundaria. Entonces, pidió
a la UJC
100 valientes, graduados de decimosegundo grado, dispuestos
a operar estos cambios", explica Iraida Cabrera, directora
de la escuela.
"Se ofrecieron 109. Pensaban convertirse en profesores
especializados en ciencias o humanidades. Pero el Comandante
pidió el máximo: serían integrales, impartirían
la totalidad de las asignaturas, excepto Educación
Física e Inglés", añade Grisel,
una de las jefas de claustrillo.
"De ese modo se consigue una educación más
completa, se logra mejor comunicación, empatía
y que el maestro conozca las características de cada
uno de sus alumnos.
Además, atenderán solo 15 por aula, y el profesor
los acompañará durante los tres años.
"Fidel convenció a los escépticos. El primero
de agosto del 2001 se inició la preparación
en un curso intensivo en el Centro de Convenciones Pedagógicas
ubicado en Cojímar. Al principio, tenían problemas
de expresión oral y conocimiento de la lengua materna.
Aun en nuestra propia escuela, continuamos su alistamiento.
Se graduaron 89."
El experimento se desarrolla con 360 pioneros de los municipios
capitalinos de Playa, Plaza de la Revolución, Marianao
y La Lisa, 120 por cada grado. Los acoge la remozada ESBEC
Yuri Gagarin, de Caimito.
La directora asegura que en su primer año de trabajo,
Los Valientes obtuvieron un éxito total. "Ni el
25 por ciento de los estudiantes aprobó el diagnóstico
inicial. Sin embargo, al final logramos más de 98 por
ciento de promoción y se ganó mucho en el orden
educativo.
"Apenas se hallan en el segundo año de la licenciatura
(que comprende cinco en total). No obstante, han logrado enfrentar
de forma eficiente todos los programas de las asignaturas
de la escuela."
Y agrega Grisel: "No dominarán el contenido como
los que se forman en el Pedagógico en cada especialidad,
pero estarán aptos para impartirlo. La secundaria,
como la primaria, no exige tanta especialización como
el preuniversitario."
Mabel y sus 15 niños
Visité su clase. Los muchachos alzaban la mano deseosos
de demostrarle a la profesora que se había aprendido
el contenido. Mabel García trabaja con ellos desde
el año anterior.
Los conoce bien.
Ahora es momento de Física. La maestra prefiere hacerlos
razonar a fin de que lleguen por sí mismos a la fórmula
para hallar frecuencia. Y lo logra: el tiempo dividido por
el número de oscilaciones completas.
Pero igual sucede en el turno de Historia. Me picaba la curiosidad
por ver si los siglos de formación de la cubanía
y nuestras luchas de más de cien años atraparían
tanto a sus chicos como la referida ciencia. Domina el contenido.
Estudió antes en el IPUEC República de Angola.
Tenía más de 97 puntos de promedio y había
aprobado las pruebas de aptitud para estudiar Derecho. Sin
embargo, la atrajo el reclamo de su tiempo.
"Lo acogí como una aventura, no pensó tanto
en la responsabilidad que entrañaba, sino en formar
parte del experimento, probar si se podían impartir
todas las asignaturas. Hallé mi vocación al
iniciarme en las clases."
Daimel es uno de los niños de Mabel, elocuente y audaz,
de los que más insiste en participar. Será científico,
se introducirá en los misterios de la Medicina. Tiene
ambición de conocimientos. Analiza. Visita la biblioteca.
"Magnífica ?me dice. Nos comprende y con ella
lo entiendo todo. Las clases son una maravilla”.
Lo que nos pidiera
Me imagino cómo hubiera sido estar en aquel teatro.
Ceilis Cabañas se alistaba ya en el grupo de quienes
se especializarían en impartir asignaturas de humanidades.
Mas, cuando Fidel explicó su idea, con una concepción
mucho más amplia, "ni lo pensé. Estaba
dispuesta para lo que el Comandante nos pidiera".
De inmediato Ceilis se imbuyó de la aspiración
de convertirse en profesora integral. "En todos los diagnósticos
salía mal. Comencé el curso con dificultades,
lagunas en el conocimiento, en ortografía y cálculo.
Me acostaba a las 5:00 de la mañana estudiando. No
dormía. Tenía ojeras y problemas con la presión.
"Pero empecé a ver resultados: en las comprobaciones
y la expresión oral. Llegué a ser uno de los
líderes positivos del grupo. Jamás lo imaginé.
Me ayudó el estímulo de mis compañeros
y el apoyo de los maestros.
"El nivel de aprendizaje de mis estudiantes al concluir
el séptimo grado fue del 91,7 por ciento, todos con
notas por encima de los 80 puntos y una promoción completa.
También me apoyaron los padres, quienes no me consideran
como maestra, sino como una hija, y quieren festejar la graduación
al terminar el ciclo."
La pregunta
"Si no obtenía una carrera pedagógica,
me iría de auxiliar para una escuela", pensaba
Yailén Regueiro. Me gusta trabajar con niños.
Al concluir decimosegundo grado, todas mis opciones tenían
que ver con la educación. Me hablaron de este experimento
como un cambio en el método de secundaria. Y entonces,
vi los cielos abiertos.
"Comenzamos el entrenamiento intensivo en Cojímar.
El miedo más grande consistía en tener delante
a un estudiante, que hiciera una pregunta y no la supiéramos
responder. Hoy me siento segura. Preparo mis clases y ellos
demuestran que les interesan."
Yailén conoce su gran reto, mayor aún porque
los alumnos de la Yuri Gagarin no fueron escogidos, más
bien muchos de ellos requieren un esfuerzo especial. Sin embargo,
lo asimila. Lo vence. No es casualidad que Lillian Tápanes
confirme sus palabras:
"Sabe cuando tenemos un problema y nos brinda la confianza
suficiente para contarle. Es muy paciente, muy buena profesora,
y se prepara para todas las dudas que pudiéramos tener."
Cada pequeño puede decir algo similar de su profesora,
y afirmar que es la mejor. Incluso, para Ibis Silvera, la
maestra Inaris es como su mamá.
Exige empeño
Los "valientes" desarrollan, además, la independencia
cognoscitiva, a través de trabajos investigativos,
teleclases, uso del libro de texto, la biblioteca y los programas
de computación.
"Se han convertido en los preceptores, los padres de
sus 15 niños. Tienen un dominio completo de sus características.
Los 24 tutores (profesores de la universidad), como el resto
del personal, han contribuido a su éxito", advierte
la directora.
Daysimit Catalá, la jefa de claustrillo de séptimo
grado, pertenece al Contingente de Montaña. Cumplió
su servicio social en Segundo Frente, Santiago de Cuba. Admira
a los muchachos por su entrega, y conoce bien el desafío
que encaran.
"De verdad que son valientes, muy sacrificados, responsables
y estudiosos. Cuando roten por los tres grados alcanzarán
la total integralidad. Habrán adquirido la metodología
y el contenido de todos los grados y asignaturas con la mayor
profundidad.
"El aprendizaje de los estudiantes es bueno. La escuela
es libre de fraude. El profesor atiende 15 muchachitos y durante
tres años llegará a conocerlos tan bien como
no puede un profesor especializado en su asignatura. Pero
la integralidad exige sacrificio y profundización.
Habrá de dominar mucho más que el contenido
básico que imparten a los estudiantes."
El reto es grande. Los nuevos profesores y sus alumnos son
como estrellas por visitar, como millones de planetas de los
cuales apenas sabemos que han de estar allá arriba.
Los más chicos necesitan ser descubiertos y explorados,
requieren del maestro que busque en ellos la más clara
luz. Sus profesores, porque igual precisan de sus tutores,
de entrenamiento y preparación para llegar tan lejos
como se lo propongan, y aun más allá que Yuri
Gagarin.
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