| De
los elementos y el universo
Por IWC

El joven artista se vale de materiales
y culturas diversas.
(Foto: Elio Miranda) |
Aryam Rodríguez Cabrera es graduado
de la Academia
Nacional de Artes Plásticas San Alejandro y tiene gran
inquietud por la relación que existe entre el ser humano
y el universo: a partir de esta realiza un proceso de búsqueda
utilizando materiales aportados por la naturaleza misma, sin
privarles de su carácter de identidad (el yute, la
propia tierra), los usa como materiales vivos: de esta manera,
además de la obra como un todo, cada elemento aporta
su propia expresión para enriquecer el mensaje al espectador.
“Ir a las montañas, recolectar
la materia prima para elaborar los materiales de trabajo,
experimentar con cada uno para conseguir la textura, el color,
la consistencia deseada… el hecho es en sí una
búsqueda espiritual también: no solo se aprende
de cada elemento con el cual se experimenta, sino de uno mismo.
“Mis obras, por supuesto, tienen la
misma manifestación: una búsqueda espiritual
en aras de hallar respuestas. ¿Qué somos capaces
de obtener de la naturaleza? ¿De qué manera?
¿Qué papel juega el hombre en ella? Estas y
muchas otras preguntas son las que se plasman tanto en el
mensaje como en la concepción”.
Sus trabajos muestran figuras correspondientes
a diferentes culturas consideradas muchas veces antagónicas.
“Cada obra es una mezcla ecléctica
de distintas sociedades, filosofías y tipos de espiritualidad,
pero que, desde mi punto de vista, contienen igual mensaje:
la consecución de la armonía entre el ser humano
y su entorno. Se rompen de esta manera los límites
que impone cada cultura por tradición; trascenderlos
para luego fundirlos, pues todos somos seres humanos y las
inquietudes son las mismas”.
Largo ha sido el camino recorrido. Una estancia
en un país andino le brindó mucho a la concepción
de su obra actual.
“Pasé nueve meses en Bolivia
que me aportaron increíblemente. Desde pequeño
leía frecuentemente libros de mitología y antropología
americanas y fue como si me sumergiera de lleno en la magia
del continente, en sus costumbres, en su rica historia.
“Allí las tradiciones de la
tierra se viven muy latentemente. Visité todos esos
parajes que había soñado: Los Andes, la selva
amazónica, el lago Titicaca… experimenté
con nuevos materiales, flores desconocidas, sedimentos minerales,
elementos con los cuales nunca antes me había relacionado.
“Aprendí mucho sobre
la cultura indígena, sus ritos, su lenguaje, sus tradiciones,
la concepción y cosmogonía de estos seres de
una cultura ancestral, cómo se relacionan con el entorno,
la naturaleza y el universo. Allí se concretó
lo que quería hacer. Aquella vivencia, mis experiencias
como cubano y el conocimiento acerca de la filosofía
oriental. Todo eso se fundió y comenzó a generar
lo que ahora hago”.
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