| La
soledad, sensible consejera
Por ARC

(Tomado de humano.ya.com) |
Gema tiene 20 años y hace solo tres
meses concluyó según sus palabras, “una
abrumadora relación de pareja” con la que llevaba
varios años. Al principio sintió su mundo voltearse
patas arriba, la existencia carente de sentido y vacía.
Su actual estado de soledad
la deprimió hasta lanzarla a la inacción (eso,
a pesar de tener claro lo inútil deque sería
una nueva alianza con su ex). Fue al cabo de unas semanas
cuando comprendió que debía escapar del estatismo.
¿Y saben qué estrategia adoptó? Pues
fácil, se concentró en las posibilidades que
le ofrecía la soledad y lo hizo con tanta destreza
que hasta escribió un libro de poemas en menos de un
mes.
Ahora tiene tantas ideas creativas que el
tiempo para estar a solas siempre le parece poco.
Buscando el punto medio
Por supuesto que tener pareja tiene su magia. Es un divertido
acuerdo ese el de de andar tras las huellas del alma gemela
para complementar nuestro mundo y como dicen por ahí:
dos cabezas piensan más que una: pero no hay que exagerar.
La pareja no es necesariamente la meta exclusiva en la vida.
Hay infinidad de posibilidades a elegir con las que ennoblecer
nuestra naturaleza.
Todo parece indicar que la mayoría
de las personas teme a la soledad, ese estado que suele asociarse
a la reclusión, el retraimiento y hasta en ocasiones
a la incomunicación.
No son pocos los que, como mínimo,
ansían tener un amante, pues para ellos estar sin nadie
equivale a sentirse rechazados, solos y desesperados. Sin
embargo, investigaciones de prestigiosos sexólogos,
como es el caso de Shere Hite,
demuestran que no tienen ningún elemento real: la mayoría
de las personas que ha logrado orientarse profesionalmente
y conseguido llenar su vida de aquello que le proporciona
placer o crecimiento espiritual, no acostumbra sentirse sola
o desesperada por no tener pareja. Para ellos la soledad también
es buena consejera.
Las malas jugadas del temor
Es preciso comprender la naturaleza del temor. ¿Por
qué tememos a la soledad cuando en realidad disfrutamos
y necesitados pasar tiempo a solas? Pues es bien sabido que
para muchos resulta más fácil liberarse, ser
auténticos y deshacerse de las máscaras de las
convenciones cuando se encuentran solitarios, en contacto
consigo mismos que en ningún otro momento.
La causa parece descansar en la memoria
colectiva. Pues en realidad, somos la consecuencia de nuestra
vida culturalmente compleja; y como plantea el pensador J.
Krishnamurti: “somos el resultado de toda la cultura
humana, con la educación y las experiencias, no solo
de unos pocos años, sino de siglos”.
Lo curioso es que, quizás por un
error de recuerdo, hemos decidido creer que solos, sin la
pareja, estamos perdidos. Y digo error porque si hacemos justicia
y empleamos nuestras cabezas no con fines decorativos, sino
con el real propósito en nuestro cuerpo: el de hacernos
pensar, admitiremos que la mayor parte de las acciones nos
toca hacerla solos. Caminar con nuestros pies, ver con nuestros
ojos o crear con nuestra imaginación, por citar algunas.
No es difícil reconocer que cada
uno de nosotros tiene un trasfondo de conocimiento, prejuicio
y experiencia, así como el peso de las innumerables
cuestiones complejas implicadas en la relación humana.
Y si a esto le sumamos los viejos tópicos insertados
en el inconsciente colectivo, damos por sentado que las personas
que están solas viven así porque nadie las quiere
y no porque en realidad lo eligen.
¿Nadie elige la soledad?
Se equivocan quienes lo piensan. Y si quieren convencerse,
lean a continuación lo que dicen estos jovencísimos
estudiantes:
Rafael, alumno de San
Alejandro: “Yo disfruto la soledad, la busco porque
es en ella donde encuentro la respuesta a mis preguntas. Cuando
estoy solo, pensando, me llegan cientos de ideas para mis
esculturas. Claro que cuando tengo novia lo disfruto igual.
Me gusta estar enamorado, pero de lo contrario la escultura
llena mi soledad, es mi gran amor y no espera nada de mí…,
quizás por eso se lo doy todo”.
Claudia, estudiante del Instituto Preuniversitario
Vocacional Vladimir Ilich Lenin: “Yo busco todos los
días aunque sea estar una hora sola, conmigo. Me gusta
caminar por el Malecón,
sentarme frente al mar a ver las puestas de sol. Siempre son
distintas. Yo sé que a la mayoría de la gente
eso le parece una tontería y me dicen que soy rara,
como fuera de este tiempo. Lo cierto es que la paso bien así.
Puede que tengan razón, no sé; pero sí
tengo claro que no cambio los encuentros conmigo misma por
nada. Y ahora no tengo pareja porque me siento cómoda
sola, tengo más tiempo para estudiar, para concentrarme
en el propósito fundamental de este momento: coger
la carrera de Medicina”.
Mario, estudiante del Curso
de Superación Integral: “Nunca me aburro cuando
estoy solo: tengo miles de libros para leer, revistas…
me voy al cine todas las tardes; cuando no, voy al teatro
o algún concierto de rock. Creo que tengo un temperamento
artístico, por eso necesito espacios de soledad y autonomía”.
Es evidente que la soledad no mata y ya
lo sabes: “no te dejes decir nunca que no puedes divertirte
cuando estés solo. ¡Claro que puedes!”.
Y como afirma el viejo refrán:
“A veces es mejor estar solo que mal acompañado”.
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