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Iniciado el año 2001, uno de los Programas
de la Revolución que mayor impacto ha tenido entre los
jóvenes, la familia y la comunidad, es el Curso
de Superación Integral.
Voto por la esperanza
Por IWC

Saben que tienen que aprovechar
la oportunidad que se les da.
(Foto: Elio Miranda) |
Desafortunadamente —y sobre todo tras
la crisis generada por el descalabro del bloque socialista
europeo y su repercusión en Cuba—, un grueso
número de adolescentes y jóvenes abandonó
los estudios o el trabajo y perdió así la posibilidad
de superarse. Muchos son los casos que he conocido, desde
madres adolescentes, hasta muchachos que se dejaron impresionar
por el oropel de unos cuantos pesos que pronto fueron malgastados.
Dejaron la escuela a medio camino y al transcurrir
del tiempo comprendieron que habían dado un mal paso,
que dejar de asistir a clases no era algo que precisamente,
les había favorecido
Entones llegó la esperanza: “La
suerte es calva y tiene un solo mechón de pelo”,
me dijo Yanira Ross refiriéndose a esos eventos que
suelen presentarse una sola vez, “pero con el Curso
de Superación Integral descubrí que la suerte,
si hay voluntad, puede tener coletas y hasta el pelo largo.
La oportunidad nos la brindaron de nuevo y eso es algo por
lo que siempre estaremos agradecidos… Y a la suerte
no la suelto de nuevo”.
Este es solo el testimonio de una de las
tantas personas involucradas en un hermoso proyecto que apuesta
por el hombre como el bien más preciado que existe
sobre la Tierra.
El curso Surgido
el año 2001, el Curso de Superación Integral brindó
un rayito de luz a muchos de los jóvenes desvinculados
de los estudios y el trabajo. Cada año, gracias a la
aceptación que ha tenido, más de 100 000 alumnos
se han matriculado en esta novedosa modalidad. Se ha constituido
así este Programa de la Revolución como uno de
los que mayor impacto social genera, por la oportunidad que
ofrece a jóvenes y familiares en un ambicioso proyecto
de superación y reincorporación social.
A diferencia de los egresados de preuniversitario,
estos jóvenes no tienen que someterse a exámenes
de ingreso para la universidad; de esta forma pueden entrar
a la Ecuación Superior en carreras pedagógicas,
Ciencias Médicas, Naturales y Sociales, así
como en Cultura Física.
“A nadie se le regala una carrera”,
aclara Yanira, “porque es algo que se gana diariamente.
A final del curso se debe recibir una evaluación positiva
sobre su conducta, avalada por compañeros del colectivo
y el claustro de profesores”.
Nuevos aires, nuevos
pasos, nuevos bríos
Los Programas de la Revolución, enmarcados en la Batalla
de Ideas, trajeron consigo una necesaria renovación
y adaptación de todo el sistema educacional cubano;
para llevar a cabo tan avanzada ambición hubo que transformar
muchísimo la manera de concebir cada propuesta.
Nuevos aires soplaron desde entonces por
todo el territorio nacional. Las escuelas han dejado de pertenecer
exclusivamente a un nivel educacional determinado. Por ejemplo,
las secundarias básicas también han brindado
sus aulas a los centros de Superación integral para
Jóvenes. Allí, como en otros lugares, desarrollan
sus actividades en el horario de la tarde y la noche. Los
alumnos reciben el contenido docente a través de la
televisión, y luego, mediante encuentros con el profesor,
se contribuye a consolidar los conocimientos.
Una historia que
pudo ser la tuya
Yanira Ross no es una excepción. Ella dejó la
carrera porque sintió que no era lo que necesitaba.
“En esa época tenía otros intereses. Sentí
que podía brincarme unos cuantos escalones.
Comencé a trabajar, pero en cada lugar experimentaba
la sensación de que me faltaba algo. Se lo achaqué
a que no me sentía cómoda en el centro laboral
y cambiaba de ubicación siempre que podía. No
entendía que era yo, que tenía que ver con mi
superación. Así es uno, siempre delega en los
demás, cuando basta mirarse un poquito, solo un poquito
a uno mismo.
“Siempre me atrajo intentar comprender
a las personas, vislumbrar el comportamiento humano. Y supe
que me encantaba la Psicología, que había tenido
mi carrera al alcance de la mano y la había dejado
escapar. No sabes cuánto me deprimí, Sentí
que había perdido toda oportunidad de ser quien yo
quería. Me había casado con un hombre maravilloso.
Teníamos una hija y yo no poseía fuerzas para
matricular en el curso para trabajadores. Pensé que
simplemente había descubierto demasiado tarde mi vocación.
“Y la noticia corrió como pólvora.
Se iniciaba un Curso de Superación Integral para menores
de 29 años. Allí estaba mi oportunidad de ser
lo que soñaba. Mi esposo llego con la noticia, y al
principio sentí desconfianza; me decía a mí
misma que ya no estaba para eso. Pero él insistió:
Todos los hicieron y al final me convencieron. Me acerqué
a matricularme creyendo que lo iba a dejar enseguida, pero
ya ves, hoy estoy estudiando Psicología y te digo:
esta vez será hasta el final”.
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