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Y me hice maestro…
Por Lucila
Sonia
“…Héroe se puede ser todos los
días; pero el verdadero héroe es el que sacrifica
su heroísmo al bien de su patria.”

Muchos jóvenes siguieron
luego su ejemplo en el Destacamento Pedagógico
Manuel Ascunce Domenech. |
Tras el asesinato del joven maestro voluntario
Conrado Benítez, cien mil jóvenes conformaron
un ejército de alfabetizadotes, entre los que se encontraba
Manuel Ascunce Domenech.
Ascunce,
oriundo del municipio de Sagua la Grande, había nacido
el 25 de enero de 1945 en el seno de una familia obrera. Con
dos años se trasladó a La Habana y residía
en el barrio capitalino de Luyanó cuando acudió
al llamado de la Patria para llevar la luz de la enseñanza
hasta los más apartados rincones de la Isla.
Incorporado a la Asociación de Jóvenes
Rebeldes, realizó guardias en su escuela secundaria
para protegerla durante el mercenario ataque por Playa
Girón.
Como brigadista, este joven de 16 años
fue destinado a la casa del campesino Pedro Lantigua, en el
Escambray,
tras haber alfabetizado primero a la familia Colina. En esa
época esta era una zona muy peligrosa, pues traidores
al servicio del imperialismo yanqui y la contrarrevolución
cometían desmanes y crímenes amparados en la
oscuridad y las características topográficas
de la región.
Faltando pocos días para la culminación
de la Campaña
de Alfabetización, el 26 de noviembre de 1961, un grupo
de bandidos o alzados, como eran conocidos
esos asesinos a sueldo, llegaron a la casa haciéndose
pasar por milicianos, sorprendieron al campesino y lo capturaron
a él y al joven maestro. La esposa de Lantigua quiso
proteger al muchacho diciendo que este era su hijo, pero Manuel,
haciendo gala de un gran valor, les manifestó: “Yo
soy el maestro”.
Al día siguiente fueron hallados
los cuerpos sin vida colgados de un árbol. Ascunce
presentaba signos evidentes de tortura.
Con este repugnante crimen, los enemigos
de Cuba pretendían frenar el éxito incontenible
de la Campaña de Alfabetización, que concluyó
el 22 de diciembre de ese mismo año en la Plaza
de la Revolución, con el histórico discurso en
el que el Comandante en Jefe Fidel Castro declaró a
Cuba Territorio Libre de Analfabetismo.
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