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Alexander, una referencia en Cuba

Por Pastor Batista Valdés

Alexander Oro Rodríguez.
Para fenilcetonúricos como Alexander, Cuba siempre tendrá atención médica, pupitres, profesores, aulas universitarias.
(Foto: Pastor Batista)

Aun cuando miradas de todo el mundo pueden volverse con noticioso interés hacia Las Tunas, Alexander Oro Rodríguez siente como algo muy normal y lógico ser hoy el único fenilcetonúrico cubano presente en un aula universitaria como estudiante.

“Cursar el primer año de licenciatura en Contabilidad y Finanzas no me sorprende —expresa con sencillez—; mis padres me acostumbraron a la idea de que podía estudiar en cualquier universidad y yo siempre creí que era posible lograrlo”.

Alexander está consciente de que, en su caso, el factor "geográfico" ha sido determinante.
“He rastreado por Internet —comenta— y no he encontrado a un solo fenilcetonúrico de otro país que, procediendo de una familia humilde, como yo, haya realizado estudios superiores. Los pocos ejemplos que he hallado, de ingenieros o licenciados, son gentes de dinero. Por suerte, en Cuba eso no ocurre.

“La fenilcetonuria —añade— es una enfermedad genética, hereditaria, que impide metabolizar un aminoácido llamado fenilalanina, presente en las proteínas. Por eso los fenilcetonúricos no podemos comer o ingerir nada que contenga proteínas (carnes, huevos, leche...); se nos puede afectar el cerebro, el sistema nervioso central y hasta padecer retardo mental severo”.

Así, durante toda su vida Alexander se ha alimentado con viandas, frutas, vegetales que no contienen fenilalanina y con una fórmula importada que, mientras muchas personas en el mundo no pueden comprarla, Cuba la adquiere y suministra de forma gratuita.

“Antes yo consumía la Milupa —explica el joven—; me daban cuatro o cinco latas para el mes. Creo que cada una costaba como 60 dólares o más. Ahora me llegan nueve latas de Maxamaid y Maxamum. Las prepara mi mamá. El Estado le da 260 pesos solo para atenderme y cuidarme. Si mi familia hubiera tenido que pagar esos compuestos especiales, los chequeos médicos cada año y toda la atención especializada, no sé qué habría sido de mí”.

¿Un vacío en el aula?
Tal vez el vacío en aulas de otras regiones del mundo, pudiera estar ocupado por fenilcetonúricos que hoy yacen en una silla, víctimas de severas afectaciones cerebrales.

Modelos sociales como el que George W. Bush propone para Cuba, tienen su expresión en el sufrimiento con que numerosos padres miran a sus hijos afectados por temblores, convulsiones, movimientos espasmódicos, erupción cutánea, microcefalia, hiperactividad y otras dolorosas secuelas, al no poder costear el tratamiento.

Afortunadamente, el temor de que un día quede vacía la silla de Alexander en el Centro Universitario Vladímir Ilich Lenin, ni siquiera ha rondado la fértil imaginación del joven.

En todo caso, son los otros estudiantes del grupo, e incluso los profesores, quienes no se acostumbrarían a la ausencia de este muchacho sereno, amistoso y ocurrente que goza del cariño de todos, a pesar del breve segmento de curso escolar que ha transcurrido.

“¿Mi compromiso? —dice—: Terminar de estudiar. Esa es la mejor forma de agradecer el apoyo de mis padres, la ayuda de la Revolución y la seguridad de la doctora Astrea Damiani, el psicólogo Raúl Fuyerai, las dietistas Cecilia y Moraima, la genetista Carmen Rosa, la nutricionista y de todas las personas que siempre creyeron y confiaron en mí”.

(Tomado de www.periodico26.cu)

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