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¿Hasta que la muerte nos separe?

Por Mongui

“Cada uno nace con su suerte —me decía Yasmany Pedro, un joven de 16 años bastante afortunado en amoríos para su edad—. Lo mío son las “jevitas” (muchachas). Sé que algún día tendré que formalizarme, pero ahora no estoy para un compromiso serio”.

Reicito le lleva unos meses (ya cumplió los 17) y las “conquistas” le llueven. No se oficializa con nadie porque su hobby, según sus propias palabras, es sumar “niñas” en su aval.

Créanme que no estoy describiendo a un par de chicos malos ni nada que se les parezca. ¡Todo lo contrario! Lo que sucede es que esa edad casi siempre se piensa de esa forma. Al menos así lo demuestran algunos estudios juveniles, de acuerdo con el criterio de la doctora Beatriz Torres, invitada al espacio televisivo cubano “Pasaje a lo desconocido”, dedicado a la sexualidad en la adolescencia.

El fenómeno no es inherente solo a los varones, sino que las muchachas se ven más limitadas debido a estereotipos y tabúes sociales. En cambio, ellas también van tomando ciertas iniciativas “fuertes” en torno al sexo, impensables hace algunos años.

“Sin exagerar, una debe relacionarse con otros varones para no ir al matrimonio despistada —afirmaba una muchacha de 17—. Además, el hecho de que compartas con una persona que te guste, no significa que tengas que casarte obligatoriamente. Puedes disfrutar de un momento y luego, tan amigos como siempre”.

Otra, con el mayor desenfado acota:

”¡Yo sí que soy pinchadora! No cojo mucha lucha con ninguno, porque todavía estoy muy joven para eso y tengo que terminar mis estudios antes de pensar en lo otro”.

Hacia atrás
En la antigüedad, el hombre primitivo no era tan exigente en cuanto a la sexualidad. Se sabe que en la comunidad primitiva, grupos enteros de hombres se casaban con grupos enteros de mujeres sin que se disminuyera la valía de ninguno. Fue la Biblia la que dictó las primeras normativas de sumisión que se conocen con respecto a la mujer del hombre. Esto pudo suceder, únicamente, cuando se estableció el matriarcado, y con él, el machismo.

“Buscarás con ardor a tu marido, que te dominará”, recomienda Génesis 3:16, mientras que I Corintios 11:7-9 manifiesta “El varón… es imagen y gloria de Dios; mas la mujer es gloria del varón, pues no procede el varón de la mujer, sino la mujer del varón; ni fue creado el varón para la mujer, sino la mujer para el varón”.

De aquí se deriva un conjunto de regulaciones, valores, tendencias que han regido la conducta humana por los siglos de los siglos. Se instituye la monogamia, planificada sobre todo para la mujer en un matrimonio que la encadenará para toda la vida


La pareja monogámica
Los jóvenes parecen más ocupados en disfrutar cuanto y cuando pueden con sus parejas, a las que suelen llamar “amigos con ventajas ocasionales” o “amigos complacientes”. Sin embargo, la aspiración final persiste en la relación hasta que la muerte los separe. De todas maneras, hay cambios.

“La pareja está cambiando —confirma la doctora Torres—. Se hizo un estudio con jóvenes de 16 a 17 años y una de las cosas que se detecta como punto de desencuentro entre varones y chicas es que en estas edades se valora la importancia de tener un compromiso emocional, aunque no estoy hablando del compromiso en sentido “oficial” solamente de matrimonio, de compromiso estable, sino de un compromiso del ahora.

”Rompen con el paradigma de nos vamos a unir para toda la vida para asumir otro: Nos vamos a unir, sí, pero hasta que seamos felices. O sea, el concepto ha cambiado, es el concepto de luchar por lo que nos sea útil y nos sea importante.

“En cambio —continúa la especialista—, todavía se mantiene el estereotipo de la pareja monogámica, de la pareja con hijos, del compromiso, de la fidelidad. Incluso entre los jóvenes y adolescentes se han hecho investigaciones en las cuales aún ponderan y promueven que es importante, aunque plantean también que deben tener relaciones inestables, como ellos dicen, de descarga, de placer”.

Los jóvenes siempre han experimentado, experimentan y experimentarán en el sexo. Lo importante, entonces, es desplegar una adecuada orientación, una sexualidad responsable y una educación en torno al tema, para lo cual es el uso del condón constituye reclamo indispensable.

 

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