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Vigilante
del corazón
Por Heldrys
Contreras

Tiene un don natural para ayudar
a los demás. |
Extremadamente alto, más bien pareciera
un jugador de básquetbol, es este joven de 20 años
de rostro apacible y mirada serena. Sin embargo, resulta imposible
soslayar dos cualidades que definen a Marcel Álvarez
Almira: su seriedad y su responsabilidad evidentes.
Graduado con Título
de Oro del Plan
Emergente de Enfermería hace apenas tres años,
asume con gran diligencia el ejercicio constante de la profesión
en el Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular
en la capital cubana.
Sin dilaciones, le robo unos
minutos y le pregunto cómo llega a esta carrera:
“Yo estaba en el primer año de la Escuela de
Química cuando fueron a hacer las captaciones. Desde
el inicio me agradó la idea y acepté gustosamente.
Significaba un paso decisivo en mi vida y un compromiso con
la Revolución y con nuestro Comandante en Jefe, quien
nos dio la posibilidad, además, de poder estudiar otras
carreras universitarias una vez concluido el Servicio Social.
Pero te confieso que mi interés creció a medida
que la fui descubriendo”.
Respecto a la Cardiología, Marcel
comenta:
“Recuerdo que estaban las pruebas estatales, y ya habían
comenzado las pre-ubicaciones. En realidad me correspondía
el Hospital Militar de Marianao. Pero al enterarme que aún
quedaban plazas para el Instituto de Cardiología, opté
por esa especialidad. Entonces yo estaba un poco asustado
por el tipo de paciente, ¿comprendes? Sin embargo,
cuando llegué a este lugar tuve el apoyo de la jefa
de Enfermería, quien nos dio a todos los ubicados un
voto de confianza. Hay muchos prejuicios con los enfermeros
emergentes, y pese a ello, aquí no sucedió así”.
Tanto sus colegas como los pacientes expresan
profundo respeto y cariño hacia él. Sucede porque
este joven parece tener un don natural para servir como consejero
y escuchar a los demás, interpretar el papel de confidente
de las personas a las que atiende. Él considera que
velar por el mejoramiento de la salud de ellos es un acto
de suma nobleza.
“El paciente cardiovascular requiere
un cuidado especial. Se necesita mucho amor, paciencia y dedicación
para trabajar con una persona convaleciente. Tienes que actuar
un poco como psicólogo. Imagínate, uno está
doce horas diarias con los pacientes, y a veces hasta más.
Ellos se acercan al enfermero, le cuentan sus problemas. Incluso,
a veces se lo cuentan a uno primero y después al médico.
Sin menospreciar la importancia que tiene el doctor, claro
está, yo creo que el enfermero es el alma del hospital”.
En sus ratos de ocio, Marcel, como cualquier
otro joven alegre y responsable, trata de descansar para recuperarse
y comenzar cada jornada con nuevos bríos. Le encanta
ir a la playa, principalmente en los meses de verano, y compartir
con sus amigos. Disfruta de la literatura pero nada lo sustrae
de su carrera.
Este año podrá estudiar Medicina.
Sabe que ello requiere una entrega y un sacrificio aún
mayores. No obstante, una férrea voluntad y una determinante
resolución guían sus acciones. Además,
tiene su propia filosofía respecto a la profesión:
“Creo imprescindible que el médico
conozca la labor del enfermero, que aprenda cómo trabaja,
porque eso contribuye, en gran medida, a su desempeño
profesional, y lo ayuda bastante”.
Para finalizar, el joven trabajador de la
Salud deja un mensaje a los jóvenes cubanos: “Primero,
que aprovechen las posibilidades de estudio que brinda la
Revolución Cubana. Luego, una vez que determinen lo
que van a estudiar, sobre todo si es Enfermería, se
concentren y dediquen a ello por completo. Después,
que se entreguen a la profesión con mucho amor. Lo
más importante, dondequiera que uno se halle, sea la
profesión que fuere, es hacer las cosas bien”.
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