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El vigoroso y simpático Boris
Por Teresa
Torres

Fue uno de los asaltantes del cuartel
Moncada.
(Foto: Archivo) |
Desde pequeño Boris
Luis Santa Coloma manifestó acentuadas inquietudes
sociales. Nacido el 9 de diciembre de 1928 en el municipio
habanero de San Nicolás de Bari, de adolescente pisó
las calles de la capital cubana y luego de cursar estudios
en la enseñanza media superior en el Instituto número
1 de La Habana, decidió trabajar y matricular la carrera
de Ciencias Comerciales.
El inquieto joven laboró en diversos
centros; particularmente en la agencia Frigidaire organizó
el sindicato y se ganó la simpatía y el respeto
de sus compañeros, y a la vez el odio de la administración,
que lo dejó cesante.
Cuando el 10 de marzo de 1952 supo el golpe
de estado de Fulgencio
Batista, se personó en la Universidad
de La Habana y, junto con otros revolucionarios, aguardó
en vano la llegada de las armas prometidas. Ese mismo año,
también allí en la Colina universitaria, en
el acto de recordación por el fusilamiento de los estudiantes
de Medicina, el 27 de
noviembre de 1871, Jesús Montané le presentó
a quien sería su novia, Haydée
Santamaría. Al concluir la conmemoración, donde
también estaban Melba
Hernández y Elda Pérez, se dirigieron a la casa
de los hermanos Santamaría, en la calle 25 entre O
y P, en el Vedado, donde además se encontraba el joven
Abel.
Boris se identificó muy rápido
con los afanes revolucionarios de quienes en 25 y 0 soñaban
con el futuro luminoso de Cuba; se involucró entonces
en la organización de lo que devino motor chico que
impulsó el motor grande de la Revolución. Incansable,
sencillo y con entrega total a la causa de la justicia y la
libertad, hizo más de lo que se le pedía y
siguió sin vacilación al joven abogado Fidel
Castro.
El día de su partida para Santiago
de Cuba, a la histórica acción del 26 de Julio
de 1953, el vigoroso y simpático muchacho se despidió
de su madre con un beso y le dijo que iba a unas regatas a
la playa de Varadero, en la provincia de Matanzas.
Aseguran sus compañeros que se batió
bien duro en los muros del cuartel
Moncada y cuando Fidel dio la orden de retirada, se replegó
sin dificultades. Se dirigió al hospital Saturnino
Lora en busca de Haydée, Melba y para conocer qué
había sucedido allí. Lo detuvieron; luego se
supo que él y Abel Santamaría fueron alevosamente
torturados y asesinados.
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