| Derechos
del niño
Por el motor del mañana
Por Araima
Saco Pérez
Desde el triunfo revolucionario de 1959,
los derechos de la infancia y la juventud en Cuba han sido
respaldados por documentos oficiales como la Constitución
de la República (1976), el Código
de Familia (1975) y el Código de la Niñez y la Juventud,
entre otros.
Esto, sin lugar a dudas, coloca a nuestro
relevo en una posición privilegiada, con ventajas superiores,
incluso, a la de muchas naciones desarrolladas.
Son conocidos internacionalmente los logros
en los sectores de la salud y la educación, con los
cuales resultan indiscutiblemente beneficiados miles de niñas,
niños, adolescentes y jóvenes cubanos.
Desde la infancia, por ejemplo, se desarrolla
en Cuba un sistema de vacunación que persigue inmunizar
a los pequeños contra unas13 enfermedades prevenibles.
Asimismo, se aplica un conjunto de proyectos entre los que
destacan el de Prevención de accidentes en los menores
de 20 años, y el Programa Nacional de Atención
Integral a la Salud del Adolescente.
La educación por su parte, es gratuita
y obligatoria hasta los 15 años de edad sin distinción
de sexo, raza, credo o lugar de residencia y, como si fuera
poco, se llevan a cabo disímiles Programas
de la Revolución a través de los cuales se han
reinsertado a las aulas y al sistema a muchos jóvenes
desvinculados y con problemas sociales de diversa índole.
En aras de una mayor preparación
ulterior se ha establecido un sistema educacional que abarca
todos los tipos y niveles de enseñanza, incluyendo
a aquellos con limitaciones físicas o mentales.
Lo anterior es bueno tenerlo en cuenta,
pues mientras en otras latitudes muchas chicas y chicos tienen
que trabajar en busca de sustento, Cuba exhibe notorios avances
en el terreno laboral, y no es hasta pasados los 17 años
que un joven puede emplearse. Solo en casos excepcionales
podrán hacerlo con 15 ó 16, decisión
que debe ser profundamente analizada y aprobada por el Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social como regla general.
Pudiéramos exponer muchos otros
ejemplos que evidencien cuánto hace la Isla en función
de los derechos de las niñas, niños, adolescentes
y jóvenes; pero, sin caer en absolutismo, los anteriores
son más que suficientes para ilustrar sobre un esfuerzo
que pone miras en el motor social del mañana. Los comentarios
sobran.
|