| Arte
erótico, otro capítulo de educación sexual
Por Flavia
Jústiz
”Si es casto, entonces
no es arte”.
Pablo Picasso, 1971.

Muestra de arte erótico
en el Centro de Arte y Literatura Fayad Jamís.
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La frase que precede estas líneas
la cito a propósito de "Picasso erótico”,
exposición de una zona de su obra poco conocida. La
muestra, exhibida en París, reunió por primera
vez unas 300 imágenes eróticas creadas por el
artista, desde dibujos a tinta de prostitutas semidesnudas,
hasta una pequeña acuarela que evoca la ternura de
un abrazo.
Muchas de ellas habían estado ocultas
en cajones o detrás de cortinas… hasta el momento
de la exhibición. La razón de este silencio
estriba —además de imperativos de mercado y las
inevitables mojigaterías— en el eterno dilema
de la frágil frontera entre erotismo y pornografía.
Frágil o cortante como el filo de una navaja, más
de una definición ha resbalado a medida que el tiempo
y los sucesivos cambios en la moral van imponiendo nuevas
concepciones.
A esta redactora le gusta una de un escritor
norteamericano Henry Miller, asiduo en sus novelas a estos
temas: “lo erótico es directo, lo pornográfico
sinuoso”.
Conceptos como el anterior han ido permeando
la rigidez. Hoy día se ensanchan los límites
del erotismo para un mayor disfrute, conocimiento y autoconocimiento
de los seres humanos y su sexualidad; al tiempo que es más
preciso el cerco a la lascivia y degradación de lo
porno, que atenta justamente contra lo anterior.
Si traigo a colación este tema, es
porque —entre muchos otros— estuvo presente en
el XV Congreso de Sexología, primero celebrado en Cuba.
En dicho evento, uno de los aspectos de mayor coincidencia
entre los participantes fue la necesidad de incluir la educación
sexual como parte de las políticas públicas
de los diferentes países. Es decir, socializarla, que
participe en las escuelas, en las consultas médicas,
en los medios de difusión…
Imposible reiterar aquí los objetivos
de la educación sexual, baste mencionar que todos tenemos
derecho a recibirla, en aras de integrar erotismo, ternura
y amor, como vertientes complementarias en el desarrollo del
ser humano. Y en este sentido, creo yo, el arte erótico
puede aportar lo suyo.
El arte, como es sabido, es uno de los instrumentos
más eficaces de penetración, conocimiento e
interpretación de la realidad. Es innegable su capacidad
para moldear ideas, perfilar un pensamiento y fomentar en
los individuos determinadas actitudes ante cualquier fenómeno.
Una comprensión del arte erótico, por tanto,
contribuirá a actuar con mayor madurez y responsabilidad
en el complejo mundo de las relaciones sexuales.
Lo anterior, además del placer estético,
quizá haya motivado la aparición de colecciones
y hasta museos dedicados a esta especificidad dentro del arte.
El erotismo lo mismo se puede encontrar en la obra de grandes
maestros, como el mencionado Picasso, que en la de anónimos
artistas de pueblos y civilizaciones de la antigüedad.
Y ya que menciono los museos de arte erótico,
un pase de revista a catálogos y revistas especializadas
nos revela que los más populares están en Europa,
aunque ya van apareciendo en otras latitudes, como es el caso
del Museo de la Antigua Cultura del Sexo en China. Situado
en la ciudad de Shanghai, exhibe más de mil piezas
de porcelana que muestran a hombres y mujeres haciendo el
amor en diversas posturas. La larga tradición del arte
erótico en la cultura china justifica que en los demás
museos especializados en esta temática, se incluyen
amplias colecciones oriundas del lejano país.
En Europa destacan los de ciudades como
Copenhague, Berlín, París y en particular el
Museo de Arte Erótico de Barcelona, que funciona como
centro de información didáctica sobre el erotismo
y su desarrollo en las distintas facetas artísticas
y culturales del ser humano: antropología, literatura,
artes plásticas, entre otras.
En todos ellos, motivos frecuentes son:
de la cultura hindú, desde tallas tántricas
en madera de los siglos XVI al XIX, que representan diversas
posturas eróticas, conocidas en Europa como el Kamasutra,
hasta ilustraciones en tela de seda o pergamino, y diversas
esculturas de las divinidades de ese pueblo, que revelan su
filosofía del erotismo y el amor.
África también es un tema
recurrente por sus esmeradas esculturas provenientes de diversas
etnias; y más recientes en el tiempo aparecen las postales
eróticas, los inicios del comic erótico, el
cine y la literatura. Especial relevancia alcanzan las salas
dedicadas a las civilizaciones antiguas: Roma, Grecia, Egipto,
Fenicia. O curiosidades algo macabras como los cinturones
de castidad, o ingeniosas como los afrodisíacos.
En Cuba, que de seguro te lo estás
preguntando, no existen museos de este tipo, pero el erotismo
está presente en la obra de muchos de nuestros mejores
pintores. Una apreciable cantidad, además, de las exposiciones
que se inauguran cada semana en las galerías de todo
el país, lo incluyen. Y por si fuera poco, existe un
Salón Nacional de Arte Erótico que ya va por
varias ediciones.
Visto así, el arte erótico
nos revela las ideas y concepciones que han tenido sobre la
sexualidad los diferentes pueblos que conforman la milenaria
familia humana. Y es insoslayable la importancia que le concedieron.
Importancia que hoy se empeñan en rescatar en muchas
partes, para que los seres humanos recobren su capacidad innata,
pero mutilada, de amar.
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