| Cuba
está entre los iniciadores del uso de células
madres
Un dentista cubano pudiera estar entre los iniciadores
en el mundo de los experimentos con células madres
Por Amaury E. del Valle

El doctor García Gutiérrez
señala la revista Visión donde aparece el
artículo sobre su inventiva.
(Foto: Cortesía Juventud Rebelde.) |
Cuando Cayetano Ortega llegó a la
consulta del doctor Luis Carlos García Gutiérrez,
pensó que perdería para siempre su muela, y
se recriminó, quizás demasiado tarde, de la
cantidad de dulces comidos.
Sin embargo, el entonces adolescente de 14 años no
imaginó que la inventiva del dentista no solo le proporcionaría
un nuevo diente, sino que además le ahorraría
las molestias de la salida de un cordal o muela del juicio.
La inserción del folículo del tercer molar en
la cavidad vacía del primer molar perdido constituyó
para el doctor Luis Carlos un experimento, y para Cayetano
la salvación de esa pieza de su dentadura. Para la
ciencia de entonces, el ensayo pasó casi inadvertido.
Solo la revista Visión del 31 de agosto de 1956 reflejó
en una nota el insólito proceder.
Hoy, a casi 50 años del descubrimiento, casi sin querer,
el experimento de Fisín —como todo el mundo conoce
a este dentista octogenario pero muy vital—, podría
considerarse uno de los primeros de su tipo en usar células
madres para regenerar un tejido, en este caso el de un molar
completamente diferente al que debía salir si el folículo
hubiera crecido como un cordal.
Las células madres o troncales son un tipo especial
de células indiferenciadas, que tienen la capacidad
de dividirse indefinidamente sin perder sus propiedades y
llegar a producir células especializadas de tejidos
del cuerpo humano, en dependencia del lugar donde se ubican
y los estímulos específicos a que se sometan.
La investigación con ellas, que en los últimos
años ha tenido un auge extraordinario, se inició
en de la década del 60 del siglo pasado, cuando comenzaron
a usarse para el tratamiento de determinadas enfermedades
hematológicas, sin embargo el experimento del doctor
Fisín data de 1954.
Cayetano Ortega aún vive, y tuvo su primer molar crecido
a partir de tejido embrionario durante muchos años
como si fuera una muela más, lo que evidencia que aquel
experimento, si no fue uno de los primeros de su tipo en el
mundo, quizá esté entre ellos.
Cuenta el doctor Luis Carlos García en el libro “En
torno al sillón”, donde narra sus experiencias
y recuerdos como dentista durante más de 60 años:”Cuando
vi que el primer molar definitivamente se perdería
por lo avanzado de la carie, y que en la radiografía
podía apreciarse ya el folículo dental del tercer
molar, sugerí al padre del muchacho hacer el experimento,
a ver qué pasaba.
“Yo solo traté de impedir que se deformara y
echara a perder la dentadura del joven, pues al quedar un
espacio en el lugar que el primer molar ocupaba, el primer
siempre se inclinaría hacia delante, alterándose
la articulación dentaria y ocasionando la aparición
de caries».
Para la operación, según explica el odontólogo,
primero se extrajo el primer molar y después se procedió
a practicar una incisión en el lugar del tercero para,
con cinceles pequeños, abrir el hueso debajo del cual
estaba el folículo dental, y colocar este en la abertura
dejada por la muela extraída.
“Como a la semana, al revisar la operación realizada,
descubrí que en el lugar donde se había insertado
el folículo estaba saliendo una pequeña corona.
Al principio pensé que era un rechazo del organismo
al injerto, pero al realizar una radiografía descubrí
que el folículo estaba tomando la forma de un primer
molar. Desde ese momento le di un seguimiento constante al
experimento, hasta que la muela estuvo formada por completo,
y echó raíces como si hubiera sido la normal
que tocaba en aquel lugar”.
Por azares de la vida, el experimento de Fisín quedó
prácticamente en la oscuridad por más de 50
años. El eminente estomatólogo, quien a su vez
era un miembro clandestino del Partido Comunista de Cuba antes
del triunfo de la Revolución, era conocido por ser
el dentista de afamados personajes de la época, entre
ellos el comentarista Jess Losada, cuyo hermano conoció
del hecho y fue quien lo contó a la revista Visión,
que respondía a los intereses del Departamento de Estado
norteamericano.
El doctor Luis Carlos, quien fue miembro activo de la Sociedad
Interamericana de Implantología (IRCOI) y de la Sociedad
Española de Implantología, así como de
la comisión científica de su revista, después
de enero de 1959 integró los órganos del Ministerio
del Interior, e incluso fue una de las personas encargadas
del enmascaramiento
de Ernesto Che Guevara a su salida de Cuba para cumplir
misiones internacionalistas.
“Nunca abandoné la práctica de la odontología,
aunque la ejercía muchísimo menos, pero después
que me jubilé, pasé a trabajar en el Centro
Internacional de Restauración Neurológica (CIREN),
donde por varios años me desempeñé como
jefe del departamento de Estomatología, del cual sigo
siendo asesor.
“Cuando estaba en los trajines de escribir mi primer
libro sobre la labor de enmascaramiento a personas como el
Che,
surgió la idea de hacer un segundo sobre mis recuerdos
como dentista, y entonces me acordé de aquel hecho,
que en realidad nunca había olvidado por completo”.
Para que hubiera prueba fiel de que no había ninguna
exageración era necesario encontrar la revista, lo
cual se logró tras muchas gestiones en diversas bibliotecas,y
gracias a la ayuda, entre otras personas, de Eliades Acosta,
director de la Biblioteca
Nacional José Martí, donde se atesora una copia de la
publicación.
Experimento embrionario
La experiencia del doctor cubano no es la única de
su tipo en el mundo. Otros especialistas han realizado mucho
después operaciones similares, insertando no solo folículos
dentales, sino tejido mesenquimatoso que queda en los dientes
después de extraídos, del cual también
han surgido piezas nuevas.
“Lo primero que nace en un diente es el esmalte, y después
se va formando el resto de la pieza. El experimento demostró
que ese folículo, del cual sale el diente, contiene
células madres que puestas en otro espacio pueden generar
uno nuevo, con la misma forma del que iba en ese lugar”,
explica el médico.
El doctor Porfirio Hernández, coordinador de la Comisión
de Medicina Regenerativa de Cuba y subdirector del Instituto
de Hematología, quien escuchó una intervención
de Fisín en la Sociedad Económica de Amigos
del País, ha estado muy al tanto de las pesquisas al
respecto, y piensa que el descubrimiento del especialista,
a pesar de tener más de 50 años es muy importante,
pues refuerza la teoría de que los estímulos
que reciben las células madres de acuerdo al nicho
donde son ubicadas, son muy importantes para su ulterior transformación.
“En Cuba, como en el resto del mundo, se ha estado experimentando
con células madres desde la década de 1970,
específicamente en el tratamiento de enfermedades hematológicas.
No obstante, el mayor desarrollo lo hemos logrado en los s
de células madres de médula ósea, que
en condiciones normales forman células de la sangre,
pero que ubicadas en otro ambiente son capaces de dar lugar
a células del tejido donde se alojaron”.
El especialista asegura que existen experimentos de células
troncales extraídas de los dientes y cultivadas para
utilizarlas en tratamientos, pero que la investigación
de Fisín corrobora que un folículo dental puede
incluso generar otro diente.
Además, el descubrimiento hecho en los años
50 por el implantólogo cubano enfatiza en el hecho
de que es posible utilizar células madres adultas del
propio individuo o células autólogas, para ser
reimplantadas en él mismo con fines regenerativos,
una de las ramas más defendidas en la actualidad, ante
el debate ético que implica el uso del otro tipo de
células madres, las embrionarias, que se extraen de
fetos.
Este hallazgo abre también una posible vía para
nuevos tratamientos odontológicos, que renunciarían
a las molestas prótesis o implantes,
algo que si bien se ha hecho en otras partes, todavía
está en fase de experimentación.
Sea como fuere, saber que desde los años 50 un especialista
cubano ya trabajó con células madres, aun sin
conocer a ciencia cierta la magnitud de su hallazgo ni la
trascendencia que tendrían estas investigaciones científicas,
es un hecho sumamente alentador para este tipo de terapia,
que hoy se encuentra a la vanguardia de lo más avanzado
en los tratamientos médicos en el mundo.
(Tomado de Juventud Rebelde
Digital)
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