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De mi Cuba te cuento


Un pueblo de lápiz, cartilla y manual

Por Pedro Antonio García

Alfabetizador con su alumno.
Muchos marcharon lejos de sus hogares y ocupaciones habituales para enseñar a leer y escribir a los demás.
(Foto: Archivo)

Edith llegó ese día agitada a su casa. “Me voy a alfabetizar” La madre le pidió que esperara a que al padre viniera de una movilización militar “Estoy de acuerdo con que tú vayas —le dijo él—, vámonos todos; tus hermanas, aunque son pequeñas, saben leer”.

“¿Pero tú vas a ir con la mujer y las muchachitas?”, le decían por aquellos días al padre. “Sí, yo quiero que ellas recuerden toda su vida que enseñaron a leer y escribir”.

Mireya estudiaba el sexto grado y soñaba con ser una actriz como Raquel Revuelta. No dudó en inscribirse como alfabetizadora, aunque al principio mamá se oponía a que fuera. El Zurdo dejó los guantes, el bate y su aspiración de pitchear algún día en el Estadio Latinoamericano; Alba, su carrera de profesora.

Todo un pueblo se movilizaba para cumplir con el compromiso contraído ante el mundo de que no hubiera un cubano analfabeto. Y un himno se popularizaba en todo el archipiélago: “Cuba, Cuba/ estudio, trabajo y fusil/ lápiz, cartilla, manual, / alfabetizar, alfabetizar/ ¡Venceremos!”.

Un poco de historia
En 1959, casi la tercera parte de la población cubana no sabía leer ni escribir. Desde los primeros meses la Revolución triunfante se propuso erradicar ese flagelo. Se crearon 10 mil aulas, se aprobaron numerosas plazas de maestros. Se implementó, además, un fuerte movimiento de maestros voluntarios; en el Ejército Rebelde se alfabetizó a muchos combatientes y a sus familiares.

No obstante, en 1961 todavía más de un millón de personas eran analfabetas. Para solucionar este problema se precisaba una campaña gigante: al final, trabajaron en ella millón y medio de compatriotas, entre ellos más de 300 mil alfabetizadores, distribuidos en tres fuerzas fundamentales: los maestros voluntarios, los brigadistas Conrado Benítez (unos 100 mil) y los brigadistas obreros Patria o Muerte (cerca de 10 mil).

Conrado Benitez.
El ejemplo de Conrado se multiplicó millonariamente en los campos y ciudades cubanos.
(Foto: Archivo)

¿Quién fue Conrado Benítez?
Conrado Benítez había terminado el preuniversitario. Al llamado de Fidel, dio el paso al frente para impartir clases en montañas y lugares apartados. EL 5 de enero de 1961, bandidos alzados lo asesinaron por el solo hecho de ser negro y maestro. En su honor, la brigada de alfabetizadores creada ese año por la Revolución adoptó su nombre.

Delfín Sen Cedré era brigadista obrero Patria o Muerte. Los alzados lo hicieron prisionero junto con un grupo de alfabetizadores. La rápida llegada de la milicia evitó una masacre de maestros, pero no pudo impedir la muerte de Delfín.

Manuel Ascunce Domenech era brigadista Conrado Benítez. Los contrarrevolucionarios lo aprehendieron junto con su alumno, el campesino Pedro Lantigua. Ambos fueron asesinados. Años después, el Destacamento Pedagógico tomaría el nombre del brigadista ultimado.

Realidad golpeante
La Revolución estaba en los comienzos y todavía en el campo imperaban las condiciones de miseria, rezagos del capitalismo colonial anterior. Edith siempre recordará a aquella alumna de apenas 25 años, madre de cinco hijos, “en un bohío que se estaba cayendo, sin letrina, los niños desnudos, descalzos, llenos de parásitos. Me golpeó mucho lo que vi y decidí estudiar Medicina”.

Alba tenía que cargarle la niña más chiquita a una alumna para poder dar clases; a una tuvo hasta que conseguirle espejuelos. Pero ambas aprendieron a leer y escribir. Mireya lloró el día que acompañó a una viejita que enseñaba y vio cómo ella pudo firmar sus documentos, en vez de entintar sus huellas digitales.

No solo alfabetizar
La Campaña de Alfabetización terminó el 22 de diciembre de 1961 con una gigantesca concentración donde más de 300 mil voces afirmaban alegres: “¡Cumplimos!”, y hacían constar: “Fidel, Fidel, dinos qué otra cosa tenemos que hacer”.

La revolución educacional en Cuba no se detuvo. Primeramente, con la Campaña del Sexto Grado, se consolidó aún más el éxito de la alfabetización en los años subsiguientes. Se crearon el Sistema de Becas, las Secundarias Obrero-Campesinas (SOC) y la Facultad Obrero-Campesina (FOC), para continuar la superación, la cual hoy día aparece asegurada con la Universalización de la Enseñanza, la Universidad del Adulto Mayor y la programación televisiva Universidad para todos.

Se extiende el método
Muchos países del llamado Tercer Mundo han buscado asesoría en Cuba con respecto a la alfabetización. El método cubano, con una correcta adecuación a las características de cada nación, ha mostrado su eficacia no solo en la Isla. El caso de Venezuela es una confirmación contundente.

Más de millón y medio de venezolanos han aprendido a leer y escribir en menos de dos años La patria de Bolívar se transformó, como la Cuba de 1961, en una gigantesca nación de lápiz, cartilla y manual (aunque la TV en el caso bolivariano, es un aporte sustancial).

Como los cubanos aquel 22 de diciembre, los compatriotas de Hugo Chávez y Alí Primera pueden gritar con júbilo: “Venezuela libre de analfabetismo. ¡Cumplimos!”.



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