Marcelo
Ríos: el salvador de rarezas
En las proximidades
de Santa Lucía, en Sancti
Spíritus, este joven ha creado con su ingenio y sudor
un jardín donde lo exótico invade cada palmo
de tierra.
Por Oscar Alfonso Sosa

Para Marcelo, reanimar lo que puede
morir es el motivo mismo de su vida. |
Cuando habla, su voz parece un susurro.
No le gusta decir cuánto ha hecho, mas prefiere que
otros ojos escruten cada detalle de su finca.
Según dicen, posee el don de la inteligencia, pero
al caminar entre rosas, aguacates, melocotones, peras, cerezos,
guayabas, palmeras y otras especies más, comprendes
que en Marcelo Ríos hay un hombre sagaz, persistente,
dedicado, atrevido y muy estudioso.
Para los interesados en el cultivo de plantas ornamentales
y frutales, de injertos y de exotismo, en su finca, ubicada
en la zona de Santa Rosa, en las proximidades de Santa Lucía,
está la referencia.
“En 1995, por vocación, hago un vivero de frutales,
pequeño. Por hobby había aprendido a injertar,
valiéndome de textos especializados y experimentando.
“Cuando aquello tenía un fisco de tierra y había
comenzado a coleccionar rarezas, plantas a punto de desaparecer,
labor que me ha llevado a recorrer casi todo el país.
Ya el área no me alcanzaba. Para suerte llegó
el movimiento de la Agricultura Urbana y ahora dispongo de
hectárea y media para explotar”.
Quien pone un pie en la finca de Marcelo Ríos reconoce
al instante estar en un lugar donde las sorpresas aparecerán
unas tras otras. Un ambiente de exotismo te envuelve y entonces
las preguntas salen unas tras otras.
¿Qué elemento incita
tantas visitas?
“Sin lugar a dudas, las colecciones. Comencé
por las palmáceas, de las que poseo más de medio
centenar y la mayoría exóticas. Puedo mostrar
una veintena de tipos de coníferas (pinos), una treintena
de crotones, de tremendo valor ornamental y diversas variedades
de mariposas, marpacíficos, heliconias y rosas injertadas.
“En el caso de los frutales, el logro mayor es un injerto
de mamey colorado, que a los tres años pare, sin menospreciar
aguacates con pariciones en los primeros meses del año,
guayabas de diversos tipos, incluyendo la del pinar.También
obtuve por injerto un anón sin semilla, níspero
(bastante difícil de lograr por esta tecnología),
naranjas y mandarinas”.
Pero llaman mucho la atención los
ejemplares de pera, melocotón y manzana que crecen
en la finca.
“En lo personal me satisface haber hecho florecer al
Ave del Paraíso, un hecho que sí es una rareza”,
agrega.
En el año 2001 ya la finca de Marcelo Ríos despertaba
el interés de quienes transitaban por la carretera
de Cabaiguán a Fomento. El aroma de las frutas y las
flores invade espacios y atrae a curiosos. El hecho corre
de boca en boca y un año más tarde se hace noticia.
“Me sorprendió la condición de Referencia
Nacional otorgada a la finca por el grupo rector de la Agricultura
Urbana del país. Sin embargo, la mayor sorpresa es
la visita permanente, no sólo de cubanos. Turistas,
delegaciones extranjeras y otros interesados han llegado hasta
acá para constatar lo logrado aquí y esa es
una realidad reiterativa”.
¿Por qué la preferencia
por lo exótico?
“Siempre me han interesado, sobre todo, aquellas especies
que pueden extinguirse de un momento a otro por la insensibilidad
de los seres humanos, quienes no acabamos de comprender que
la naturaleza es nuestro propio escudo protector.
“Ver crecer todas esas rarezas aquí, florecer,
regalar frutos y la posibilidad de extender su cultivo son
para mí el premio mayor, y para ello he invertido hora
tras hora, día tras día, meses y años,
mucho sacrificio y sudor.
“Además de las tareas agrícolas, en las
que me ayudan otras dos personas, soy quien realiza gestiones
de venta, de intercambio, comercialización. Lo soy
todo. El trabajo es meticuloso, de mucha constancia, y estudio
para poder seguir desarrollando la finca”.
¿Todo está hecho en la
finca de Marcelo Ríos?
“Estoy empezando ahora, tengo que modernizar, instalar
sistemas de riego y continuar la búsqueda de especies
raras, de lo exótico donde quiera que esté.
Pretendo también crear un estanque para peces, plantas
acuáticas y ocas.
“Es como quien busca lo que puede morir para reanimarlo,
darle más vida y multiplicarlo. Es como el motivo mismo
de mi vida”.
(Tomado de www.escambray.islagrande.cu)
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