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Donde ponen el ojo

Por Goku

Paloma mensajera.
Los científicos han descubierto que las palomas mensajeras poseen en sus picos partículas de magnetita.
(Foto: Archivo)

Siempre me llamó la atención esa capacidad que tienen las aves migratorias para orientarse. De hecho, son muchas las teorías emitidas al respecto: hay quien sostiene que las aves son capaces de conocer con exactitud su posición geográfica y quien afirma que lo saben a merced de la inclinación de los rayos solares.

El libro “Naturaleza y vida”, dedicado a los animales en su medio, apunta al respecto:

“Las aves migratorias suelen regresar a sus nidos del año anterior. Esa fidelidad, unida a su extraordinario sentido de la orientación, es uno de los fenómenos más maravillosos y enigmáticos del mundo (…)

La golondrina por ejemplo, abandona Gran Bretaña y llega hasta la punta meridional del África del Sur, mientras otro migrador que no vuela, el pingüino, viaja desde la Antártica, en el Polo Sur, para recorrer a nado el largo trayecto que le separa de las costas de Chile y Perú.

Refiriéndose a las voladoras, que son las que nos ocupan, dice el mencionado libro: “Si vuelan siguiendo varios puntos de referencia, deben conocer de antemano la ruta, puesto que solo quien ha recorrido al menos una vez el camino puede orientarse reconociendo lugares determinados”.

Todavía se sigue investigando el fenómeno, pero hoy, ya se sabe que muchas aves se orientan durante sus vuelos a través del ¡ojo derecho!

Ojo visor
Parece que la interrogante va teniendo respuesta, pues aunque no se ha comprobado con todas las migratorias, al menos científicos de las universidades alemanas de Francfort y Bochum determinaron recientemente que los petirrojos, pequeños pájaros que se las ingenian para hacer lejanas “visitas” en familia, se valen del campo magnético terrestre, con el cual establecen un lazo por medio del ojo derecho.

Según constataron los investigadores dirigidos por el zoólogo Wolfgang Wiltschko, si se les tapa ese órgano visor, entonces las aves pierden totalmente el sentido de la orientación.

En el intento por averiguar algo más sobre estos viajes se les había aplicado antes a algunas aves migratorias ingeniosos y microscópicos aparatos que registraran sus desplazamientos y el trazado de sus recorridos. Sin embargo, solo se obtenía con exactitud la ruta que seguían y cómo lo hacían (en una línea recta o a través de un trazado sinuoso), mas nunca tales instrumentos lograron facilitar respuesta a la problemática de la orientación.

Tras descubrirse que las palomas mensajeras tienen en sus picos partículas de magnetita, y suponerse que las aves percibían el campo magnético porque este alteraba el estado energético de determinadas moléculas de su cuerpo formando una especie de “brújula química”, se identificaron los estudios: experimentos, observaciones, cálculos. Se decidió cubrir entonces el ojo izquierdo, sin resultado alguno. En cambio, cuando se les tapó el derecho, hubo dificultades en la orientación.

“Hasta ahora se ignoraba dónde se alojaba esta brújula —explica Wiltschko. Se iniciaron investigaciones para determinar si se ubicaba en los ojos. Pero durante los experimentos se llegó a la sorprendente comprobación de que las aves lograban orientarse con la misma perfección cuando volaban con ambos ojos descubiertos, como cuando tenían tapado el ojo izquierdo, mas nunca cuando se cubría su ojo derecho. Esto demostró, por un lado, que efectivamente, se ubica en el ojo la percepción del campo magnético”.

De acuerdo con la interpretación del zoólogo, la gran división de tareas entre los dos ojos de las aves refleja la de los hemisferios cerebrales, de lo cual se desprende que al limitar el sentido de orientación a un ojo y un hemisferio, se libera capacidad para otras tareas en el otro hemisferio del cerebro.

El compás químico en el ojo podría ser responsable para la determinación de la dirección, mientras que las partículas de magnetita en el pico, para la intensidad del campo magnético. Según criterio del propio investigador, dichas partículas y la brújula química quizás funcionen de modo complementario para la orientación de las aves.


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