| Paso
a las aves de paso
Por Míriam García Hernández

El halcón peregrino usa el
territorio cubano solo como punto de descanso para continuar
viaje a otras tierras.
(Foto: Archivo) |
Año tras año miles y miles
de especies de aves cruzan los cielos sobre tierras y mares.
Vuelan de norte a sur y al revés, en movimientos regulares
entre diferentes regiones del planeta. A eso es a lo que se
le llama migración.
¿Qué
buscan esas aves en su constante ir y venir?
Generalmente, lugares que les brinden abrigo y alimento seguros
durante los meses de invierno, pues durante ese tiempo, en
los países fríos los árboles pierden
sus hojas, escasean frutos e insectos y todo se vuelve helado...
¡Brrrrr! En cambio, en los más cálidos
como el nuestro, la naturaleza hermosea su verdor y las temperaturas
son mucho más agradables.
¿Cómo conocen el rumbo
a tomar?
Las aves de paso se guían por el sol y las estrellas;
ellas tienen en su cuerpo ciertas glándulas que al
recibir menos cantidad de luz pierden tamaño y hace
que sientan la necesidad de comenzar su viaje al sur. Esto
ocurre desde finales del verano y principios del otoño.
Entonces comienzan los vuelos por caminos invisibles en el
aire, pero que ellas conocen muy bien. La mayoría de
las aves los realizan de noche; otras, tanto de noche como
de día, y una parte menor lo hace solo con el sol.
¿Cuáles se quedan
entre nosotros?
Las llamadas residentes invernales, pues
las denominadas transeúntes
usan el territorio cubano solo como punto de descanso para
continuar viaje a otras tierras. Entre las primeras podemos
citar varias: la bijirita, que permanece desde fines del verano
hasta mayo; no se queda atrás el bello colibrí
garganta de rubí, que viene volando sin parar desde
Canadá. El martín pescador llega en octubre
y se va en la primavera; el pato cuchareta se queda de septiembre
a abril, al igual que el gavilán sabanero y la llamada
señorita del monte, llamada así por su andar
ligero con la cola muy en alto. También, el halcón
peregrino, la gaviota, el gorrión de sabana, el frailecillo,
el zarapico...
En fin, la lista sería larga
y hay que terminar, pero antes recordemos que si queremos
que esos pequeños y alegres viajeros continúen
visitándonos, debemos conservar los árboles
y zonas boscosas, los estanques, ríos y lagunas, así
como las playas y costas que constituyen su hábitat.
¡Demos paso a la vida!
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