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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

IX Congreso de la UJC
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Un ejemplo de sencilla grandeza


Por Alicia Centelles

"Cincinato", de Juan Antonio Ribera.
“Cincinato”, por el pintor español Juan Antonio Ribera.
(Foto: Archivo)

En los años en que Roma era una pequeña república empeñada en continuas guerras de expansión, vivía en la ciudad el cónsul Lucio Quincio Cincinato. Obligado a vender sus bienes para pagar las deudas de su hijo desterrado, tuvo que retirarse a vivir modestamente al otro lado del río Tíber, y subsistir con el producto de unas tierras que cultivaba.

Dos años después, Roma corría grave peligro, pues el ejército estaba envuelto por la etnia de los ecuos, y sólo un hombre parecía capaz de salvarlo: Cincinato. El Senado romano envió diputados al antiguo cónsul, a quien encontraron cubierto de sudor y polvo. Cincinato envió a su esposa Racilia a que le trajera su toga, porque quería recibir a sus visitantes como correspondía.

Su único interés: la patria
Apremiado por el Senado, Cincinato se encaminó a Roma, ordenó el cierre de las tropas y mandó a todos los hombres válidos que empuñaran las armas y llevaran pan para cinco días. Al frente de sus tropas marchó apresuradamente hacia el enemigo, lo rodeó y entonces lo atacó.

Los ecuos tuvieron que rendirse y pasar bajo el yugo, costumbre romana que consistía en obligar al vencido a pasar inclinado bajo dos lanzas plantadas en el suelo y otra atravesada encima.

Cincinato regresó triunfante a Roma, y dieciséis días más tarde abandonó la dictadura, que podía conservar seis meses, sin tratar de vengar a su hijo. Dando un eterno ejemplo de sencilla grandeza, volvió a su humilde cabaña. Hoy la ciudad norteamericana de Cincinatti recuerda con su nombre el noble gesto de este antiguo romano.

 

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