| Obra
de infinito amor
Por Alicia
Centelles

El logotipo del poryecto fue confeccionado
especialmente por el afamado pintor cubano Carlos Guzmán.
(Cortesía del entrevistado) |
Casi cuarenta años dedicados al magisterio,
y de ellos una buena parte a la enseñanza especial,
hacen de Carlos Bartolomé Llera González, uno
de esos educadores que viven y ejercen a plenitud la profesión
que escogieron.
Dentro de la educación
de los niños discapacitados, Carlos, quien trabaja
en la escuela especial Abel Santamaría, en Ciudad
de La Habana, se ha especializado en una línea
bien difícil: la atención a los niños
sordo-ciegos, y para ello se vale de la equinoterapia, con
resultados calificados de asombrosos por expertos nacionales
y de otros países.
Desde 1999 empezó a trabajar con
niños con esa discapacidad, y reconoce la gran ayuda
que le ha brindado la Asociación Cubana de Producción
Animal, perteneciente al Ministerio de la Agricultura, en
el suministro de caballos que reúnan las condiciones
necesarias para este tipo de trabajo: alzada hasta la cruz
de 1 m 55 cm, alto coeficiente de higiene y control médico
y de diez a doce meses de entrenamiento para ser utilizado
con niños.
Carlos expuso su interesante experiencia
metodológica en el Forum Nacional de Ciencia y Técnica,
recién concluido, y los resultados a los que ha llegado
con la misma han trascendido las fronteras nacionales. Países
como Brasil, México y Uruguay se han mostrado interesados
por el método, de suma importancia si se tiene en cuenta
que muchas veces los niños sordo-ciegos son atendidos
erróneamente como autistas, cuando en realidad necesitan
otro tipo de tratamiento.
Si quieres conocer más sobre la obra
de infinito amor que día a día realiza este
abnegado educador, pincha aquí.
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