| ¿Un
clavo saca al otro?
Muchas personas sufren irremediablemente
la ruptura con su pareja y, para consolarse, buscan sustituirla
de inmediato por una nueva. ¿Es normal este comportamiento?
Por Mongui
Todo iba de maravilla entre
ustedes salvo algunas discrepancias que a veces subían
de tono; pero en el fondo se amaban. Todo inclinaba hacia
una relación feliz cuando, de pronto, se cayó.
Sabemos que te sentiste muy poca cosa y te propusiste llenar
tu hoja de servicios aunque tuvieras que cerrar los ojos para
tragar. “Cualquier cosa antes que me vean sufriendo”,
fue tu justificación de entonces. Pero lo que parecía
comprensible al principio ahora se ha convertido en vicio.
Los dedos de la mano no te alcanzarán para contar cuántas
relaciones has tenido solamente en este curso, con la comida
y el “postre” incluidos.
Por supuesto que lo anterior no te sucede
solo a ti, ni tiene nada que ver con tu sexo. Rachel, tu compañera
de aula, atraviesa la misma experiencia. ¿Recuerdas
cuando, por tu cabeza loca, perdió al buenazo de Alain
y luego quedó peor que un trapo? Después de
aquello le pusieron El expreso, tal vez porque
al que se le ponía delante lo arrollaba como un tren.
Creo que anda de una relación a otra aspirando encontrar
al sustituto ideal.
Y qué me dices de Adonis, que se
cree muy listo porque ha conquistado a seis chiquitas de septiembre
para acá. Mucha gente lo aplaude, pero no engaña
a nadie. Su autoestima está por el piso y, aunque pretende
hacerse “el duro”, son ellas las que lo dejan
la mayoría de las veces. ¡Averigua tú
por qué! No obstante, él sigue vendiendo una
imagen de conquistador. “El que come bueno y malo come
dos veces”, suele decir, para que no se den cuenta de
que está hecho un “carroñero”. Lo
cierto es que tiene tremendo miedo a estar solo.
Esto de que un clavo saca a otro debe ser
un cuento que además, no discrimina: lo mismo le sucede
a mujeres que a hombres.
Estereotipos
Sin lugar a dudas, la sociedad es responsable de algunos comportamientos
inadecuados, en especial dentro de la adolescencia, cuyo patrón
fundamental son los mayores.
“El afán de ser como aquellos adultos que identifican
en sus modelos ideales
—apunta la especialista Mariela Castro Espín,
del Centro Nacional de Educación
Sexual (CENESEX)—, así como el deseo de comprobar
si es verdad eso de poder procrear (si son fértiles
o no), a veces interpretado como virtud indispensable para
ostentar la nueva condición de ser mujer o hombre,
conduce a incursiones con descuidos en el ?paraíso
mágico de la sexualidad’”.
Aunque mucho se ha avanzado, todavía
subsisten estereotipos. La sociedad impone modelos tipo: para
la mujer, el de madre, esposa, amante (la destinada a cuidar
los hijos, la encargada de preservar una relación,
la culpable de las rupturas por dejar enfriar el matrimonio;
la del eterno complejo de Cenicienta, en espera del hombre
que la redimirá); para el hombre, el de padre, sostén,
virilidad (el que mantiene a la familia, el que tiene que
poder con todo, el que no ha de negarse a nada, el del eterno
complejo de marinero, en cada puerto un amor). Y a partir
de esos esquemas se estructura la familia cubana con más
o menos independencia.
“El concepto de género sexual
es modular en esta perspectiva —señala la doctora
Patricia Ares en un artículo sobre la virilidad masculina—.
Designa las características, códigos e ideales
a ajustarse para reconocerse y ser reconocido como sujeto
mujer o varón y modelar una tipificación más
o menos rígida: el estereotipo”.
Esto explica por qué Javier, un amigo
mío, carece de estabilidad emocional. Javier es una
persona atractiva, inteligente y segur de sí, aunque
pensándolo bien me parece un poco raro, creo que porque
centra mucho sus energías en presumir de lo que no
es. Jamás enfrenta su realidad traumática, porque
se la pasa demasiado ocupado en su relación momentánea.
Y como sucede con Javier, pocas personas
admiten públicamente su temor a quedarse solas; es
más, ni siquiera se dan cuenta de ello. Por más
que les insistamos, su respuesta casi siempre oscila entre
el clásico “mejor solo que mal acompañado”
y el “no necesito pareja para ser feliz”. En cambio,
la psicología colectiva les impulsa a concentrar gran
parte de su energía en buscar el alma gemela.
Muchos hemos caído en la trampa del
desamparo amoroso, fracasamos en una relación supuestamente
ideal y recomenzamos otra para olvidar, con lo primero que
aparezca. A veces no tuvimos tiempo ni para recoger alguna
prenda que le dejamos al anterior; todavía está
su nombre, como folio en cada página de nuestra libreta,
no hemos sacado su fotografía de la cartera y ya le
encontramos sustituto.
En algunas ocasiones sabemos que nuestra
última conquista va a durar lo que un merengue en la
puerta de una escuela, pero tenemos que olvidar y los demás
nos entienden, porque saben que estamos al borde de la locura.
Lo preocupante es que hagamos de aquello un hábito,
porque además nos puede traer alguna infección
de transmisión sexual, riesgos de infertilidad y hasta
poner en peligro nuestras vidas.
Ojo con la trampa
Existe un abismo entre compartir, incluso sexualmente, con
la persona inadecuada, por el simple hecho de “descargar”,
como dicen los jóvenes, y convertir esa acción
en costumbre. Conozco personas que cambian de relación
casi más rápido que de ropa. Las hay quienes
tienen ya una lista preparada de posibles “sustitutos”
por si acaso.
En la mayoría de los casos, “La
gente que actúa así vive en estado de falsa
seguridad, y raras veces mantienen la relación más
de unos meses”, argumenta la consejera matrimonial española
Cindy Marais. En el fondo, estas personas anhelan una pareja
estable y amorosa, de ahí la constante búsqueda.
De hecho, son felices cuando la encuentran, aunque suele durarles
poco porque necesitan ser el centro de atención, cosa
que logran al principio pero después la vida continúa
y no son ellos o ellas los únicos en este mundo.
De todas formas, hoy por hoy, conservadores
e inestables abogan por la estabilidad. Al menos, así
lo confirma la doctora Beatriz Torres, especialista en temas
sexuales:
“Se han hecho investigaciones de jóvenes
y adolescentes cubanos, en cuyos resultados todavía
ponderan, promueven y plantean que es importante la pareja
monogámica, aunque admiten que deben tener relaciones
inestables, de descarga, o sea, relaciones de placer”.
Lo cual no quiere decir, agregamos nosotros,
que haya que convertirse en dependiente de una compañía
por el solo hecho de cumplir con los demás, ni mucho
menos caer en el complejo de Bella Durmiente (esperar que
venga nuestra media naranja a rescatarnos). Piensa que en
el horizonte, quizás más cerca, hay alguien
que se cruzará en tu camino y si es necesario tú
le pondrás el puente. Pero eso de coleccionar pareja
no debe ir contigo, desdice mucho de ti, no importa el sexo
que tengas.
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