| Una
forma embellecida de adulterio Por
Alicia
Centelles

Para los enamorados pertenecientes
a la nobleza europea, las normas del amor cortés
eran ineludibles.
(Foto: Archivo) |
El amor fuera de la pareja es tan antiguo
como la pareja misma, e igualmente remoto es el repudio a
la infidelidad. Quizá éste haya sido el espíritu
de quienes crearon, en la Edad Media, el código de
comportamiento conocido como Amor cortés,
que definía las relaciones entre enamorados pertenecientes
a la nobleza europea.
El amor cortés requería
someterse a ciertas normativas elaboradas en las canciones
de los trovadores entre los finales del siglo once y los últimos
años del trece, y que procedían originalmente
de la obra “Ars Amatoria” o “El arte de
amar”, del poeta romano Ovidio.
De acuerdo con las convenciones establecidas
por ese código, un caballero enamorado de una mujer
casada, de igual o a veces mayor alcurnia, tenía que
demostrar su devoción mediante hechos heroicos y escritos
amorosos anónimos.
Dado que en el Medioevo la mayor parte de los matrimonios
entre la nobleza no eran más que meros contratos de
negocios, el amor cortés era una forma de adulterio
aprobado. En realidad, se condenaba más la infidelidad
entre los amantes, que el adulterio que representaba esa relación
extra-matrimonial. Una vez que los enamorados se habían
comprometido y consumado su pasión, su relación
tenía que mantenerse en el más absoluto secreto.
El amor cortés ha inspirado
famosas obras literarias, entre las que figuran el “Lancelot”
del poeta medieval francés Chrétien de Trois;
“Tristán e Isolda”, de Von Estrasburg,
y los romances relativos a la leyenda del rey Arturo, que
han motivado desde poetas y novelistas, hasta cineastas y
pintores. También Petrarca y el Dante desarrollaron
en sus poemas el tema del amor cortés.
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