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Un triste episodio de nuestra historia
Por Alicia
Centelles

El hundimiento del buque norteamericano
Maine fue manipulado por la prensa amarillista norteamericana.
(Tomado de www.cuba.cu) |
En junio de 1897, el presidente norteamericano
William McKinley envió una nota a España en
la que demandaba que una guerra casi a la puerta de sus costas
y que “afectaba” los intereses de los norteamericanos
residentes en la Isla, fuera conducida “de acuerdo con
los códigos militares de la civilización”.
Una vez más, la prepotencia del naciente imperio se
hacía sentir.
Cuatro buques de guerra recién construidos
navegaron hacia el sur, y con el pretexto de una visita amistosa,
se despachó hacia Cuba el acorazado Maine, que fondeó
en La Habana
el 25 de enero de 1898. El plan de campaña de los
norteamericanos preveía el bloqueo completo de la Isla
para impedir la entrada y salida de barcos, a fin de evitar
que recibiera abastecimientos. Luego se efectuarían
desembarcos por Santiago de Cuba,
y se obligaría a retirarse a la escuadra española.
El tenebroso Memorándum
Breckenridge
El mayor general Nelson Miles, jefe del Ejército yanqui,
recibió de J.C. Breckenridge, el subsecretario de Guerra,
las últimas instrucciones políticas sobre la
forma de conducir la guerra en Cuba. En su siniestro memorándum,
ese personaje escribía cosas como la siguiente: “Cuba,
con un territorio mayor, tiene una población mayor
que Puerto Rico. Esta consiste en blancos, negros y asiáticos
y sus mezclas. Los habitantes son generalmente indolentes
y apáticos”.
Y agregaba Breckenridge: “Es evidente
que la inmediata anexión de estos elementos a nuestra
propia Federación sería una locura y, antes
de hacerlo, debemos limpiar el país aun cuando eso
sea por la aplicación de los mismos métodos
que fueron aplicados por la Divina Providencia en las ciudades
de Sodoma y Gomorra. Debemos destruir todo lo que esté
al alcance de nuestros cañones”.
Las instrucciones del subsecretario de Guerra
yanqui empezaron a ponerse en práctica con el bloqueo.
Aunque se alegó que se repudiaba la Reconcentración
de Weyler, medida inhumana que tendía a eliminar
la población de Cuba, lo cierto es que el bloqueo estuvo
a punto de eliminar a los que sobrevivieron a ella. A esto
se unió la desorbitada campaña de prensa orquestada
por los monopolios norteamericanos, interesados en “la
fruta madura”. Y por fin, el ansiado pretexto: el
15 de febrero de 1898 hizo explosión en el puerto de
La Habana el acorazado Maine, y 266 de sus tripulantes perecieron.
Ese triste episodio, y la forma en
que lo manipuló la prensa estadounidense para enardecer
los ánimos de su pueblo, evidenciaron la inminencia
de la intervención yanqui en una guerra que ya estaba
prácticamente ganada por los cubanos.
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