| ¿Pareja
de tres?
Por Heldrys
e Isabelle

(Tomado de: Revista Somos Jóvenes) |
“Fue mi media mitad…”.
Así, muchos suelen apreciar las relaciones de pareja:
como la complementación suprema del ser humano. Sin
embargo, para algunos investigadores es desacertado verlas
como la unión de dos mitades, pues atribuyen a la misma
un sentido de dependencia que puede castrar la individualidad
de cada persona.
A pesar de lo anterior, a la
altura del siglo XXI no podemos obviar el precepto de las
dos mitades, el cual nos ha acompañado desde tiempos
inmemoriales. Bajo la égida de este pensamiento, los
seres humanos se buscan casi con demencia unos a otros y una
vez fusionados se juran amor y respeto. Quizás por
esto una de las peores traiciones en los vínculos de
pareja sea la infidelidad.
Usualmente es entendida solo desde el punto
de vista de las relaciones de pareja; por tanto, la asumiremos
en este trabajo como la ruptura de ese pacto tácito
de mantener relaciones sexuales y lealtad sentimental con
la persona escogida.
Con respecto a las relaciones paralelas
o infidelidad existen variadas opiniones. Algunos creen que
una pareja estable es mucho más dada a la felicidad,
pues se erige como el medio ideal para el desarrollo de una
comunicación profunda y, por consiguiente, en ella
se potencian relaciones sexuales más seguras, con más
confianza y el respeto a nuestras peculiaridades y gustos.
Otros, por su parte, plantean que la infidelidad
le da un toque especial a la relación estable, pues
la mantiene fresca. Incluso hay partidarios de que esta no
es amenazante para la pareja, mientras sea el afecto la razón
que la promueva. De ahí que muchos no permitan que
esta relación los absorba desde el punto de vista afectivo.
Aunque en Cuba los estudios sobre el fenómeno
son pocos, nos atreveríamos a afirmar que es una conducta
frecuente.
En la mayoría de los casos, la infidelidad
puede ser el resultado de la crisis de una pareja. En otros,
la relación no satisface las expectativas sexuales,
emocionales o intelectuales de uno de los miembros y en vez
de apelar al diálogo se refugian en un vínculo
con otra persona. Para algunos la infidelidad aparece ante
la dificultad de manejar la intimidad con su pareja y por
eso a veces interponen una actividad o una persona entre ellos.
Las causas de este comportamiento, además,
varían en dependencia del sexo. Para los muchachos
esta conducta es vista como algo inherente a su condición
de “macho”. Muchas veces se ven fuertemente influidos
por diferentes normas y valores que un entorno machista les
impone.
No obstante, en determinados casos, detrás
del papel del “superhombre” se esconde una carencia
afectiva importante o una necesidad de mejorar la autoestima.
Por ello recurren a la conquista como vía de sentirse
valorados.
Según la licenciada María
Teresa Abreu García, profesora auxiliar de Psicología
Médica de la Facultad de Ciencias Médicas Comandante
Manuel Fajardo, una de las causas fundamentales en la mujer
es la búsqueda de nuevas experiencias y la insatisfacción
emocional con su pareja estable.
Asimismo, constituye un complemento importante
para las féminas el sentirse atractivas o deseadas
por el hombre que tienen a su lado. Si esto no se cumple,
pueden sobrevenir la frustración y la devaluación
de la autoestima. Quizá sea una de las causas más
comunes que las llevan a aceptar un cortejo e involucrase
con otra persona.
Sin embargo, cuando la práctica es
asumida por el sexo femenino suele generar censura social.
Tal vez por esta razón ellas se escondan más
o adopten posturas más sutiles, lo cual no indica que
la tendencia sea más elevada en los varones.
Entre hombres y mujeres hay quienes son
adictos a la infidelidad y se enganchan por el placer que
les produce esa situación de riesgo.
Frecuentemente, cuando una de las partes
ha sido infiel, se debilitan los nexos que solidifican al
vínculo. Algunos perdonan y continúan la relación;
en cambio, el amor puede ser opacado por la desconfianza e
inseguridad, con lo que se rompen las bases de la unión.
Entre otros, se observa el sentimiento de
culpa como una de las principales consecuencias de la infidelidad.
Si la traición es conocida por la otra parte añora
con mayor intensidad, aunque el engañado se considera
también responsable por no haber sabido retener al
otro a su lado.
Descubrir una infidelidad conmociona a ambos
sexos; le es más difícil al hombre superarlo,
debido a los estereotipos. Por su parte, históricamente
las mujeres han estado acostumbradas a perdonar y a tolerar,
aunque esto ha cambiado algo en la actualidad.
Nuevas tendencias
“¡Hay que disfrutar la vida!” “Si
no gozamos ahora, entonces, ¿cuándo?”,
constituyen expresiones muy socorridas por los jóvenes
para justificar determinadas actitudes “infieles”.
En nuestro país, y en muchos otros,
aunque tal vez con otros nombres, “la descarga”
está de moda. Según el doctor Lázaro
Hernández Coterón, de la Clínica del
Adolescente, en Ciudad de La Habana,
“hay una tendencia real en la actualidad al vínculo
en el cual no exista nada sólido, sino para pasar el
momento. En la “descarga” ambos coinciden en tener
un placer escueto, que pueden tener relaciones sexuales, sin
involucrar sentimientos”.
Muchos jóvenes no conciben la relación
como una compañía estable y a largo plazo, sino
como algo variable que pueden cambiar siempre que lo deseen.
Esto ocurre, quizá, debido a una mala concepción
de la relación de pareja o a la inmadurez a la hora
de asumir responsabilidades.
El fenómeno no es exclusivo de Cuba.
En otras partes del planeta la volubilidad de las relaciones
amorosas está en boga. Se le ha querido llamar “pareja
abierta”, “swinger” o “poliamor”.
Los defensores de esta corriente plantean cuán beneficioso
resulta abrirse a nuevas relaciones con terceros y que cada
miembro propicie espacio al otro para este tipo de vínculo.
Pero ¡cuidado! Los conflictos de pareja
y las insatisfacciones que puedan existir deben asumirse con
madurez y responsabilidad para evitar el daño mutuo.
No se resuelve intercambiando parejas o involucrándose
con terceros.
Pareja significa dos
Si bien es cierto que la infidelidad no es algo por lo que
pasan todas las uniones, constituye para muchas una amenaza
de las que pocas han podido escapar.
La constitución de una pareja es
un acto de madurez que implica el compromiso de lealtad mutua.
Los vínculos fortuitos pueden acarrear estados emocionales
negativos, desconfianza e incluso la ruptura de la relación,
porque rompen precisamente con la palabra de fidelidad dada,
aunque no medie documento alguno.
Según la mayoría de los especialistas,
no existen estudios concluyentes desde el punto de vista biológico
que permitan afirmar que la especie humana necesita genéticamente
tener varias parejas a la vez. Pero sí hay un gran
número de investigaciones que demuestran lo beneficioso
y positivo de una relación con una sola pareja; no
solo en los planos psicológico y social, sino también
para los descendientes de esa unión.
Para la infidelidad siempre hay causas,
puesto que el otro no será nunca exactamente como queremos.
No obstante, a la unión consensual debe llegarse lo
suficientemente preparados para asumir con fidelidad lo pactado.
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