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Orisel Martínez
Rodeada de niñas de seis
y siete años, la gimnasta más afamada de Cuba
entre 1976 y 1985 pasó de la sorpresa al agradecimiento
cuando le propusimos conversar con la revista Somos Jóvenes.
Por Joel
García

Para Orisel lo más importante
es la carrera de las niñas que entrena.
(Tomado de Trabajadores Digital) |
SJ: ¿Una gimnasta en Ranchuelo?
”Mi hermano, Omar Martínez, fue
el culpable de todo. Lo veía pararse de cabeza en el
portal de la casa y quería imitarlo. Después
hicieron captaciones para gimnasia en la escuela José
Martí, de Ranchuelo, y me apunté. Estuve muy poco
tiempo en el área especial, porque enseguida pasé
a la Escuela de Iniciación Deportiva Escolar Jorge
Agostini, en Cienfuegos,
y en 1971 entré en la escuela nacional”.
SJ: ¿Cómo
pudiste llegar rápido?
“Desde los siete años me dediqué a este
deporte. A los 14 participé en mis primeros Juegos
Centroamericanos y del Caribe y era la más joven de
toda la delegación cubana. La influencia del campo
socialista y en especial de la escuela de gimnasia soviética,
nos ayudó a dar un salto de calidad muy rápido
a todo el equipo”.
SJ: Háblame entonces de tu
lesión.
"Fue después de los Centroamericanos y del Caribe
del 78, cuando gané tres oros y dos platas y estaba
bien encaminada en el área caribeña. Pero yo
hacía un elemento en la viga de equilibrio que me provocó
una lastimadura en la espalda. Al regresar de Colombia me
operaron de espina bífida y nadie pensó que
pudiera recuperarme tan rápido. Sin embargo, con cinco
meses de entrenamiento integré el equipo para los Juegos
Panamericanos de 1979”.
SJ: ¿Qué papel jugó
Roberto León Richard en tu vida?
“Cuando él se lesionó en los Juegos Olímpicos
de 1976 me llamó la atención su recuperación
tan rápida. Fue muy perseverante y valiente. No éramos
novios entonces, lo admiraba mucho, pero como compañeros
de equipo. Sin embargo, en mi recuperación él
sí contribuyó y comenzó una relación
que se concretó en 1982, cuando nos casamos”.
SJ: ¿La mejor de América
en 1983?
“Después de los cuatro oros en los Juegos Centroamericanos
y del Caribe en La Habana, estaba en mi mejor forma deportiva
y así llego el titulo de máxima acumuladora
en los Panamericanos de Caracas, en 1983 (el único
de una gimnasta cubana de estos certámenes en todos
los tiempos”
SJ: ¿Por qué te retiraste tan temprano?
“Ya tenía una edad madura para la gimnasia, 24
años. Estaba terminando la licenciatura en Cultura
Física. Había una generación nueva que
estaba muy bien y salí embarazada de mi primera hija.
Recuerdo que interrumpí la preparación para
las Universiadas Mundiales de Kobe, Japón, y debo reconocer
que después del parto me llamaron para ver si quería
reincorporarme a la selección, pero dije que no, pues
sabía que ya no era la misma”.
SJ: ¿Cuál era tu secreto
con la viga de equilibrio?
“Pensar que estaba en el piso y hacer muchas repeticiones
en los entrenamientos. Quiero decir que por no caerme de la
viga muchas veces ganaba el all around. Era mi aparato preferido,
aunque trabajaba bien en manos libres y en el caballo de salto.
Las barras asimétricas eran lo más difícil.
Ahora, en mis funciones de jueza he ayudado mucho a las muchachas
en todos los aparatos, porque no se puede entrenar sin conocer
el código de calificación”.
SJ: ¿Y para mantenerte tan
activa, dulce y generosa?
“Soy hiperactiva y me fascinan el chocolate, el helado,
la playa, la música romántica y el mar. Me encanta
ver salir una campeona de aquí, de este gimnasio donde
trabajo. Por eso solo agradezco que alguien se acuerde de
estas niñas, no de mí, pues la historia de este
deporte la escribe el esfuerzo diario de todos, no el pasado
de nadie en particular”.
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