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No escuchaba con el oído, sino con el corazón
Por Alicia
Centelles

Tal vez el legado más notable
de
Ludwig van Beethoven sea el
cambio en el papel del compositor
en la sociedad.
(Tomado de www.cs.princeton.
edu/~san/schedule.html) |
Nueve sinfonías, siete
conciertos, dieciocho cuartetos de cuerda, treinta y dos sonatas
para piano, diez sonatas para violín y piano, así
como cinco sonatas para violonchelo y piano, una ópera,
dos misas, la Misa Solemne, varias oberturas y numerosas variaciones.
Todas estas piezas conforman la obra monumental
de Ludwig van Beethoven, y si es fácilmente comprensible
que la realización de todas esas creaciones requeriría
un esfuerzo superior por parte de un intelecto sobresaliente,
qué decir del caso de este compositor alemán
—a juicio de muchos el más grande de todos los
tiempos—, aquejado de sordera desde los veinticinco
años.
Tradicionalmente ha sido considerado como
un puente hacia el romanticismo, pero actualmente los expertos
opinan que fue el último representante de la escuela
vienesa clásica.
El legado musical
de Beethoven
Tal vez el legado más notable de Ludwig van Beethoven
sea el cambio en el papel del compositor en la sociedad, quien
dejó de ser un artesano que creaba a las órdenes
de la Iglesia o de alguna autoridad, para convertirse en un
artista independiente desde el punto de vista económico,
gracias a la publicación e interpretación de
sus obras.
La influencia del inmortal creador
tardó en imponerse. Para compositores como Johannes
Brahms su figura fue sobrecogedora. Otro gran músico
alemán, Wagner, habló de la Novena Sinfonía
como la piedra angular de su visión del drama musical.
Hubo que esperar hasta las últimas sinfonías
románticas de compositores como Gustav Mahler para
que el estilo heredado de Beethoven alcanzara su punto máximo
de desarrollo.
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