| Mujer
de alto vuelo
Por Yoleisy Pérez Molinet
Publicado el 5 de marzo del 2007

Para Bleynis es un orgullo estar
a la altura de cualquier hombre.
(Foto: Cortesía Escambray Digital) |
Con 22 años, Bleynis Egües Dueñas
descifra los misterios del aire y se distingue como la única
representante de su sexo que pilotea actualmente un avión
en Sancti Spíritus.
—¿Pero aquella muchachita flaca? No puede ser.
—Por el uniforme, parece. Oye, al avión no hay
que cargarlo ni cogerle ponches.
—Pues sí, ella misma es, viene para acá...
El diálogo transcurre entre reportera y fotógrafo,
a un costado de la pista de aterrizaje de la Unidad Empresarial
de Base Centro, perteneciente a la Empresa Nacional de Servicios
Aéreos, en Sancti
Spíritus.
Se trata de la joven Bleynis Egües Dueñas, llegada
hace más de un año desde su natal Cienfuegos
para conducir las riendas de un avión. Echa por
tierra, en verdad, la imagen de mujer ruda y fuerte.
En breve iniciará su misión de esta jornada:
observación de campos forestales en busca de posibles
incendios. Es sólo un día más en su tierna
carrera de piloto.
En el aire
Ajusta el “casco”, controla los botones en la
cabina y sonríe. Dispuesta otra vez a “volar”,
Bleynis se olvida del mundo. Ahora todos sus sentidos están
a los pies del AN-2, un equipo al que conoce muy bien.
“Le voy a decir algo que va a ser una sorpresa para
usted: cuando chiquita yo le tenía miedo a los aviones”.
¿Entonces...?
“Eso me vino de los Camilitos, primero más bien
por embullo. Ese día yo estaba de guardia y cuando
fui a almorzar me dijeron: ‘Hay unos médicos
ahí haciendo chequeos para mujeres pilotos’,
ya te digo, fui por embullo, pensé: si salgo, perfecto,
y si no, veo cómo estoy físicamente. Salí
bien, luego me mandaron para La
Habana y me dieron la carrera.
“Ya después estaba convencida de que quería
eso, porque el proceso duró un mes y fui conociendo
a pilotos que me hablaban de sus experiencias, me iban diciendo
más o menos cómo era y comenzó a interesarme
la idea; en sí yo ni me enteré cuándo
fue que me gustó más”.
¿Cómo estuvo la primera
vez?
“Espérate, la primera vez no fue volando, fue
saltando en paracaídas, porque como parte del curso
había que hacer primero dos saltos o no podías
seguir la carrera, y hubo que saltar.
Ya después empecé a volar, al principio me dio
un poco de miedo, porque en ese avión hay que pegarse
demasiado al aterrizar, como es más chiquito, y yo
dije: ¡ay!, nos vamos a estrellar. Hace así:
psssssss, como si se fuera a meter contra la pista, antes
me asustaba un poquito, pero después se me quitó
eso”.
¿Qué se siente en el
aire?
“¿Aparte de la bulla del motor?, imagínate,
a partir de que yo me monto allí ese avión es
mío, y del capitán. Es una responsabilidad,
estás pendiente de él, de su temperatura, de
toda su vida durante el vuelo”.
¿Qué haces dentro del
avión?
“El capitán es quien lo vuela y yo, que soy copiloto,
llevo la comunicación y los controles de los parámetros
del motor. Puedo también volar sola”.
¿Emergencias?
“Llevo un año y cinco meses trabajando y hasta
ahora no se me ha presentado ninguna emergencia”.
¿Y sustos?
“Sí, uno, o varios... Una vez nos metimos en
una neblina que no dejaba ver nada, ni para arriba ni para
abajo, para ningún lado; me asusté, pero después
salimos y se me olvidó...”
Con los pies sobre la tierra
Primero en Camagüey
y más tarde en Sancti Spíritus, Bleynis acumula
más de 570 horas de vuelo. Disfruta el oficio, estudiar
y conocer los aviones.
“Aquí lo he visto todo, no conocía esta
provincia y ahora no hay quien me haga un cuento de Sancti
Spíritus, por lo menos desde el aire. Lo que más
me gusta es sobrevolar la presa Zaza, porque me parece que
voy por encima del mar, como es tan grande...
¿Le ha ido bien entre hombres?
“No fue tan difícil, porque en la escuela éramos
nada más dos mujeres y me había acostumbrado.
Al principio sí estaba un poco cohibida, pero ya me
siento bien, me he ganado el respeto de todos, aunque siempre
me están diciendo: “Oye, come, que estás
muy flaca...”.
“Trabajo en avionetas AN-2;
sirven para el “bombardeo” de la prensa, para
la instrucción (enseñar a volar), trabajos agrícolas,
forestales, de ambulancia en caso de heridos...
“Me siento muy útil; por ejemplo, nosotros llevamos
la prensa a lugares a los que no pueden entrar los carros,
agilizamos la fumigación en la agricultura; podemos
ayudar a apagar incendios”.
¿Ha pensado en matrimonio?
“Sí, he pensado, pero todavía no”.
Y si le dicen: yo no me caso con una
mujer piloto...
“Que se busque a otra que no lo sea”.
¿Cómo define Bleynis
el hecho de volar?
“Lo más grande. Es un orgullo estar a la altura
de cualquier hombre”.
(Tomado de www.escambray.islagrande.
cu)
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