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Agramonte dejó asegurada la revolución
Por Matilde
Salas Servando

Agramante les inculcó a sus
soldados su ejemplo y sus extraordinarias virtudes.
(Tomado de www.latinamericanstudies.org) |
La fecha del 11 de mayo se registra como
un hito luctuoso en la historia patria, pues en igual fecha
de 1873, cayó en combate el Mayor General Ignacio Agramonte
Loynaz, en los potreros de Jimaguayú,
del territorio del Camagüey.
Con su legendaria tropa, escribió
páginas inolvidables en las luchas libertarias de Cuba,
al frente de un ejército valeroso distinto y disciplinado,
integrado por hombres que sin temerle al sacrificio, ni tampoco
a la muerte, siguieron su viril ejemplo hasta las últimas
consecuencias.
Ante la irreparable pérdida
de El Mayor, el Generalísimo
Máximo Gómez Báez asumió la tarea de continuar
la brillante obra iniciada por el Bayardo en el Regimiento
Camagüey. Fue por esos días que el luchador dominicano-cubano
expresó:”Agramonte dejó asegurada la Revolución
en esta comarca, y les hará tanto daño a los
españoles muerto, como les hizo vivo”.
Nacido el 23 de diciembre de 1841, en la
histórica villa de Santa María del Puerto del
Príncipe, poco después en la pila bautismal
de la parroquia de Nuestra Señora de la Soledad, recibió
el nombre de Ignacio Eduardo Francisco Agramonte Loynaz, aquel
niño que con el paso del tiempo fue un hombre de patriotismo
singular.
Testimonios de la época refieren
que “Agramonte era un hombre alto que medía seis
pies y dos pulgadas, delgado, pálido, pero derecho
y recio, fortalecido por el ejercicio del caballo y de la
esgrima; tenía los ojos pardos, grandes, lánguidos
y serenos, los cabellos castaños, finos y lacios; bigote
corto, poca barba. Sus facciones eran finas: la nariz aguileña,
los dientes blancos, iguales y bien puestos, y no gruesos
los labios... al morir tenía la apariencia militar
perfecta”.
En ocasión del centenario de la caída
en combate del Mayor General Ignacio Agramonte, el Comandante
en Jefe Fidel Castro destacó: ”Se yergue la figura
de Agramonte el 26 de noviembre de 1868, en la reunión
de Minas y tiene una participación, una actitud, un
gesto decisivo, cuando exclamó: ¡Acaben de una
vez los cabildeos, las torpes dilaciones, las demandas que
humillan!: Cuba no tiene más camino que conquistar
su redención, arrancándosela a España
por la fuerza de las armas”.
Sobre el Bayardo añadió el
jefe de la Revolución:”Dondequiera que había
un campamento de Ignacio Agramonte, había un centro
de instrucción militar, había una escuela. Les
inculcó a los patriotas camagüeyanos su espíritu,
su ejemplo y sus extraordinarias virtudes”.
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