| Tras
una mirada profunda
Por Yarelis
Rico
El examen sexual, aunque resulta un tema poco abordado, no
deja de ser importante. El repaso habitual de los genitales,
tanto femeninos como masculinos, previene a los adolescentes
de enfermedades que pueden diagnosticarse a tiempo y de esta
manera llevar un tratamiento adecuado para evitar complicaciones.
Desde pequeños es bueno explorar
nuestro cuerpo para llegar a conocerlo en su totalidad. Esa
costumbre debe, con el tiempo, considerarse rutina necesidad,
y su práctica será tan importante como comer,
vestir amar…
Aprender a velar por nuestra salud sexual
significa transitar por un camino seguro hacia una vida sana.
Encaminar con asiduidad los genitales, aunque
no exista sintomatología que indique algún trastorno,
resulta determinante como medida preventiva e salud sexual
y reproductiva. Para ello es esencial alejarse de miedos y
pudores y asumir cada examen con tranquilidad en un ambiente
privado, reposado y con una iluminación apropiada.
Palpar u observar con naturalidad la vulva o los testículos
nos ayudará a conocernos mejor y así, ante cualquier
situación anormal, acudir al médico.
Muy pocos son los jóvenes que exploran
sus cuerpos, y muchos menos aquellos que examinan sus órganos
sexuales. Al preguntarles si lo hacen o n, algunos sonríen
y hasta se ruborizan. Hay quien considera que se trata d una
intromisión en un asunto bien privado y ni por asomo
aceptar iniciar la conversación sobre el tema.
Muy lejos de lo que en un principio pensamos
el asunta se torna más complicado con las muchachas,
quienes en cuestiones de educación se sienten reprimidas
y algunas expresan una angustia que sorprende. En ciertos
casos, el educarlas de la casa hacia adentro ha condicionado
en ellas miedos o temores totalmente infundados, y hasta criterios
retrógrados para los tiempos actuales.
La necesidad de un
porqué
Indira tiene 18 años y su opinión coincide con
buena parte de la de las muchachas entrevistadas:
“Nunca me he examinado la vulva, aunque
he leído que la mujer debe acostarse boca arriba y
con la ayuda de un espejo observar esa parte del cuerpo, tocarla
y así conocerla. Pero me parece grotesco, sucio…
lo identifico como una manera de excitarse y no como un examen,
y no me parece nada higiénico”.
Otro criterio bastante generalizado fue
el de Susset. Ella considera que debe existir una razón
para realizar la revisión de los genitales:
“Tiene que haber un porqué,
quizá una molestia, un dolor, flujo o tal vez cierta
protuberancia que nos alarme. De lo contrario, para qué
hacerlo. Es totalmente innecesario”.
Y aunque Yanetsi no piensa que ese examen
sea innecesario, admite que no lo ha hecho nunca: “Jamás
me ha dado por observarme detenidamente, pero sí me
he explorado con las manos, sobre todo para masturbarme”.
Ada hay de sucio o reprochable en el examen
de los genitales femeninos. En cambio, es un método
sano que brinda la oportunidad a la propia joven de descubrir
por sí misma cualquier trastorno a tiempo de ser atendido.
Para ello se aconseja a la joven que de vez en cuando, después
del baño, se acueste boca arriba y con la ayuda de
un espejo observe y repase su vulva para si detecta flujo,
sagrado u otra anomalía, asista lo mas pronto posible
al médico.
Pero más allá de una medida
de prevención, la observación detenida nos descubre
los atractivos y secretos de nuestro cuerpo; nos presenta
ante nuestros ojos tal cual somos y nos permite saber, palpar
y hasta acariciar algunos de los numerosos encantos que ofrecemos
para amar y ser amados.
Se trata de ir hacia un yo más auténtico
y real. Para la mujer, levar a la práctica este tipo
de examen y asumirlo como rutina es también una manera
de vencer y traspasar la barrera del miedo.
No es solo cuestión
de uso…
Para los muchachos la exploración de los genitales
es fácil, pues como apunta Alexis. “El pene y
los testículos están a la vista y con la posibilidad
de explorarlos”.
Según Odisley, “constantemente
estamos usando el pene para orinar y en la relación
sexual no hay que buscar para verlo. Se presenta ante la pareja
como el protagonista,
más erecto y por lo general se manipula bastante”.
Sin embargo, todo queda en una observación
erótica o de simple uso, pero no se profundiza en un
examen más reposado. El mecanismo no está en
recetas prescritas `por un médico, sino en el simple
y cotidiano hecho de interiorizar con la mirada.
Los jóvenes deben correr el prepucio
(en caso de que exista) en el momento de la micción
y del baño para haber un buen aseo del glande. Esta
sencilla acción les permitirá descubrir si existe
alguna secreción que conduzca a una infección
u observar cualquier lesión, raspadura o grano que
les hable de un trastorno o anomalía, y por consiguiente,
asistir al especialista.
De igual modo deben explorar los testículos
con la intención de detectar a tiempo abscesos, crecimientos
irregulares o tan solo asegurarse de que se mantienen dentro
del escroto.
Como a las muchachas, la revisión
de los genitales le ofrecerá al adolescente varón
una visión más completa y exacta de su cuerpo.
De esta manera también hallará respuestas a
miles de preguntas muy comunes en esta etapa de la vida y
su condición de explorador consciente le hará
tener una mejor o total aceptación de sí mismo.
Costumbre para toda
la vida
La autoexploración de nuestro cuerpo no debe estar
regida por miedos o complejos. Su sencillez habla de su efectividad
e importancia en tanto nos ayuda a conocernos mejor y prevenir
cualquier trastorno a tiempo. Así como nos abre el
camino hacia una vida más sana, también nos
permite disfrutar de una sexualidad más placentera.
Cada parte de nuestro cuerpo nos pertenece
solo a nosotros, y si cuidado es obligación nuestra.
Acariciarnos, explorarnos, descubrirnos es un hecho mágico
que nos permite disfrutarnos tal cual solos. Solo así
seremos capaces de entregarnos sin reservas, saber lo que
damos y por qué lo damos.
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