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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!


Tras una mirada profunda

Por Yarelis Rico


El examen sexual, aunque resulta un tema poco abordado, no deja de ser importante. El repaso habitual de los genitales, tanto femeninos como masculinos, previene a los adolescentes de enfermedades que pueden diagnosticarse a tiempo y de esta manera llevar un tratamiento adecuado para evitar complicaciones.

Desde pequeños es bueno explorar nuestro cuerpo para llegar a conocerlo en su totalidad. Esa costumbre debe, con el tiempo, considerarse rutina necesidad, y su práctica será tan importante como comer, vestir amar…

Aprender a velar por nuestra salud sexual significa transitar por un camino seguro hacia una vida sana.

Encaminar con asiduidad los genitales, aunque no exista sintomatología que indique algún trastorno, resulta determinante como medida preventiva e salud sexual y reproductiva. Para ello es esencial alejarse de miedos y pudores y asumir cada examen con tranquilidad en un ambiente privado, reposado y con una iluminación apropiada. Palpar u observar con naturalidad la vulva o los testículos nos ayudará a conocernos mejor y así, ante cualquier situación anormal, acudir al médico.

Muy pocos son los jóvenes que exploran sus cuerpos, y muchos menos aquellos que examinan sus órganos sexuales. Al preguntarles si lo hacen o n, algunos sonríen y hasta se ruborizan. Hay quien considera que se trata d una intromisión en un asunto bien privado y ni por asomo aceptar iniciar la conversación sobre el tema.

Muy lejos de lo que en un principio pensamos el asunta se torna más complicado con las muchachas, quienes en cuestiones de educación se sienten reprimidas y algunas expresan una angustia que sorprende. En ciertos casos, el educarlas de la casa hacia adentro ha condicionado en ellas miedos o temores totalmente infundados, y hasta criterios retrógrados para los tiempos actuales.

La necesidad de un porqué
Indira tiene 18 años y su opinión coincide con buena parte de la de las muchachas entrevistadas:

“Nunca me he examinado la vulva, aunque he leído que la mujer debe acostarse boca arriba y con la ayuda de un espejo observar esa parte del cuerpo, tocarla y así conocerla. Pero me parece grotesco, sucio… lo identifico como una manera de excitarse y no como un examen, y no me parece nada higiénico”.

Otro criterio bastante generalizado fue el de Susset. Ella considera que debe existir una razón para realizar la revisión de los genitales:

“Tiene que haber un porqué, quizá una molestia, un dolor, flujo o tal vez cierta protuberancia que nos alarme. De lo contrario, para qué hacerlo. Es totalmente innecesario”.

Y aunque Yanetsi no piensa que ese examen sea innecesario, admite que no lo ha hecho nunca: “Jamás me ha dado por observarme detenidamente, pero sí me he explorado con las manos, sobre todo para masturbarme”.

Ada hay de sucio o reprochable en el examen de los genitales femeninos. En cambio, es un método sano que brinda la oportunidad a la propia joven de descubrir por sí misma cualquier trastorno a tiempo de ser atendido. Para ello se aconseja a la joven que de vez en cuando, después del baño, se acueste boca arriba y con la ayuda de un espejo observe y repase su vulva para si detecta flujo, sagrado u otra anomalía, asista lo mas pronto posible al médico.

Pero más allá de una medida de prevención, la observación detenida nos descubre los atractivos y secretos de nuestro cuerpo; nos presenta ante nuestros ojos tal cual somos y nos permite saber, palpar y hasta acariciar algunos de los numerosos encantos que ofrecemos para amar y ser amados.

Se trata de ir hacia un yo más auténtico y real. Para la mujer, levar a la práctica este tipo de examen y asumirlo como rutina es también una manera de vencer y traspasar la barrera del miedo.

No es solo cuestión de uso…
Para los muchachos la exploración de los genitales es fácil, pues como apunta Alexis. “El pene y los testículos están a la vista y con la posibilidad de explorarlos”.

Según Odisley, “constantemente estamos usando el pene para orinar y en la relación sexual no hay que buscar para verlo. Se presenta ante la pareja como el protagonista,
más erecto y por lo general se manipula bastante”.

Sin embargo, todo queda en una observación erótica o de simple uso, pero no se profundiza en un examen más reposado. El mecanismo no está en recetas prescritas `por un médico, sino en el simple y cotidiano hecho de interiorizar con la mirada.

Los jóvenes deben correr el prepucio (en caso de que exista) en el momento de la micción y del baño para haber un buen aseo del glande. Esta sencilla acción les permitirá descubrir si existe alguna secreción que conduzca a una infección u observar cualquier lesión, raspadura o grano que les hable de un trastorno o anomalía, y por consiguiente, asistir al especialista.

De igual modo deben explorar los testículos con la intención de detectar a tiempo abscesos, crecimientos irregulares o tan solo asegurarse de que se mantienen dentro del escroto.

Como a las muchachas, la revisión de los genitales le ofrecerá al adolescente varón una visión más completa y exacta de su cuerpo. De esta manera también hallará respuestas a miles de preguntas muy comunes en esta etapa de la vida y su condición de explorador consciente le hará tener una mejor o total aceptación de sí mismo.

Costumbre para toda la vida
La autoexploración de nuestro cuerpo no debe estar regida por miedos o complejos. Su sencillez habla de su efectividad e importancia en tanto nos ayuda a conocernos mejor y prevenir cualquier trastorno a tiempo. Así como nos abre el camino hacia una vida más sana, también nos permite disfrutar de una sexualidad más placentera.

Cada parte de nuestro cuerpo nos pertenece solo a nosotros, y si cuidado es obligación nuestra. Acariciarnos, explorarnos, descubrirnos es un hecho mágico que nos permite disfrutarnos tal cual solos. Solo así seremos capaces de entregarnos sin reservas, saber lo que damos y por qué lo damos.

 

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