| Emergencia
en el siglo XXI: prevención del SIDA
Por Dra.
Natividad Guerrero Borrego (Centro
de Estudios sobre la Juventud)
Hoy, la principal causa de muerte entre
los adultos jóvenes en el mundo está asociada
al VIH y al SIDA.
Más de 20 millones de personas han fallecido y se estima
que aproximadamente viven con VIH entre 34 y 46 millones más.
Todavía los científicos no han encontrado el
modo de curar a quienes están infectados.
Son diversas las vías de contaminación:
empleo de aguas no esterilizadas e infectadas, contacto sexual
sin protección; transmisión de la madre al hijo
en el proceso de embarazo, parto y lactancia; intercambio
de sangre infectada…
El acceso a la información se hace
vital para que todos, y muy particularmente la juventud, podamos
estar en mejores condiciones de evaluar y reevaluar nuestro
comportamiento social y sexual.
Aunque el VIH/SIDA no escoge a sus víctimas,
podríamos asumir conductas que no impliquen riesgos
para nuestra salud y la de los demás. Combatir el VIH/SIDA
requiere de la convergencia de los esfuerzos desplegados desde
actividades de carácter económico, social y
técnico.
Luchar contra la discriminación de
los seropositivos y de los afectados por el SIDA, eliminando
todo vestigio de estigmatización, es una emergencia
asociada a la necesidad de favorecer la inclusión social,
pues estas personas, de acuerdo con la estrategia de tratamiento
y seguimiento que llevan, pueden alargar su vida y, por tanto,
tener la oportunidad de aportar y convivir en la sociedad
de la cual forman parte.
Desde un enfoque de género, son las
mujeres jóvenes y las niñas las más vulnerables
a la infección y no en todos los países son
prioridad estos grupos poblacionales. Ellas suelen ser víctimas
con mayor frecuencia de abuso y violencia sexuales.
Un aspecto de importancia capital en el
debate sobre el tema corresponde al oportunismo de las transnacionales,
que tratan de aumentar sus ingresos a partir del aumento de
los costos de los medicamentos. El desarrollo de estas entidades
se levanta sobre la desgracia ajena, y resulta denigrante
permitir que pasen inadvertidos quienes buscan el enriquecimiento
a costa de los afectados, sin otra alternativa que depender
de los medicamentos que actualmente resultan más efectivos.
Son los países en desarrollo, y dentro
de ellos los más pobres, los que sienten alejado un
posible tratamiento con el empleo antiretrovirales, pues su
costo con frecuencia es inalcanzable.
Los laboratorios y las farmacias no resultan
sufrientes para cubrir las necesidades de los pacientes. La
materia prima se hace difícil, lo cual no justifica
el desigual acceso de las personas que viven con VIH y con
SIDA en las diversas zonas del mundo.
Aproximadamente las dos terceras partes
de esas personas pertenecen al continente africano, aunque
América Latina y el Caribe no han quedado al margen
de esta problemática.
Desde la juventud es posible activar estrategias
de prevención que no se limiten solo al incremento
del nivel de información, sino también a extender
las conductas responsables en la sexualidad y dirigir tácticas
hacia la crítica constante de las transnacionales que
lucran con la desgracias de esos enfermos.
Hacer hincapié en la extensión
masiva de los tratamientos y la respuesta integral ante esta
pandemia, e insistir en la importancia de llegar a todos los
necesitados bajo el principio de la equidad, resultan metas
que deben ser abrazadas por todos los jóvenes del mundo.
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