| Quienes
levantan las piedras
Por IWC
Yuliet Álvarez Hernández
tiene 20 años y es graduada en la especialidad de Música
en la escuela
de Instructores de Arte Eduardo García Delgado.

Muchos de los alumnos de Yuliet
son sus vecinos, y ella siente que contribuye al mejoramiento
de la comunidad.
(Foto: Elio Miranda)
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¿Cómo surgió
la pasión artística en Yuliet?
“Desde pequeña tenia inclinación por la
música. Me gustaba el `piano y lo estudié algo
tarde, cuando tenía 13 años, pero tuve que dejarlo.
Pensé que ahí iba a quedarse mi vocación;
sin embargo, en noveno grado se hizo la primera captación
para la especialidad de Instructores
de Arte, y, de pronto, estaba vinculada otra vez con la
música, su aprendizaje y la enseñanza”.
¿Cómo fue tu experiencia?
“Era el primer curso de esta carrera .Te confieso que
comencé con ciertas dudas: no teníamos referente
alguno, fuimos los pioneros de una nueva etapa de la enseñanza
revolucionaria. Aprendíamos acerca del arte, y además,
a enseñar. No me fue fácil al inicio; era la
primera vez que me separaba de mi familia por el hecho de
estar becada, pero cuando comencé las prácticas
con los estudiantes todas esas nostalgias y las dudas se marcharon
para siempre. Supe que lo que estaba estudiando me encantaba,
que ahí residía y reside mi vocación.
Allí comencé a sentir un inmenso amor por los
niños.
“Esos cuatro años fueron maravillosos.
Tuve muchísimas experiencias y me relacioné
con gente muy linda llena de deseos de hacer por los demás.
Cada año se enriquecían mis conocimientos y
empecé a comprender el valor de la independencia. Aunque
cada día extrañara a mi madre sentía
que estaba haciendo lo correcto, y daba lo mejor de mí
para ser una profesional más completa.
“En esos años, que fueron hace
bastante poco por cierto, me nació esta responsabilidad
que siento por la educación de mis alumnos, este deseo
de ser cada día una mejor instructora de Arte”.
¿El trabajo en la escuela?
“Para mí es una experiencia enriquecedora. Siempre
viví en este barrio de Los Pocitos, en el capitalino
municipio de Marianao, y me resulta muy gratificante participar
en la educación de estos muchachos, que en su mayoría
son mis vecinos. Ya llevo dos años trabajando con ellos.
Los de primero y segundo grados reciben talleres interdisciplinarios,
y en el resto, hasta sexto grado, los de apreciación-creación.
“Hay mucho talento entre ellos. Los
mejores son seleccionados según su apttitud y pasan
al taller de Creación. Además, he vinculado
el trabajo en la escuela con el de la comunidad. Pertenezco
al proyecto comunitario Pocitín, que no es más
que un grupo gestor cuyo principal objetivo es transformar
el barrio. Las actuaciones de los muchachos de la escuela
gozan de mucha aceptación entre los pobladores”.
¿Cómo debe ser un
instructor de Arte?
“Alguien dispuesto a sacrificarse y esforzarse por un
sueño. Consciente de que debe continuar superándose,
receptivo ante las señales de la vida; alguien que
debe saber que cada día se aprende algo nuevo y que
ese algo no solo lo hace mejor profesional, sino también
mejor persona”.
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