| Amor
en la escuela: ¿tremendo lío?
En los lugares más insospechados de
nuestro planeta, un hombre y una mujer sucumben ante el flechazo
de Cupido. Cualquier rincón de la Tierra es propicio
para amar. Pero, ¿será el centro escolar el
espacio idóneo para escoger la persona amada?
Por Heldrys
Contreras

(Foto: Wildy) |
En un politécnico, un preuniversitario,
la diversidad u otra escuela cualquiera de Cuba, un muchacho
y una muchacha, de edades diferentes, de cualquier raza o
nivel cultural, chocaron un buen día el uno con el
otro, se miraron... y cayeron víctimas del más
hermoso sentimiento que haya conocido la especie humana en
toda su existencia: el AMOR.
No pudieron precisar cómo ni cuándo
empezó ni por qué les sucedió a ellos.
Solo supieron que de inmediato sintieron una atracción
irresistible hacia el otro o la otra, comenzaron las miradas
furtivas, las caras ruborizadas ante el primer acercamiento.
Ya la forma de pensar no era la misma, por
más que lo intentaran. No podían dejar de buscarse
en el receso, o en el punto de entrada a la beca. No querían
dejar de verse un instante. Soñaban. Si alguien se
oponía a la relación se veían a escondidas
o se enfrentaban; en fin, la defendían a capa y espada.
Ya nada les importaba…, nada. Padecían
esa enfermedad que muchos conceptualizan como enamoramiento.
Lo quieren todo: estudiar para lanzar una
carrera profesional, para ser alguien en el futuro. Pero también
aspiran a una relación amorosa estable, duradera, segura
y completa.
“Uno se pasa las 24 horas del día
en la beca —expresa Ana Lidia, estudiante de 17 años
de un Instituto
Preuniversitario en el Campo—, y la mayoría
de los muchachos que vemos diariamente son nuestros propios
compañeros de aula o de estudio. Luego, cuando sales
el fin de semana, debes dedicarlo también a realizar
las tareas que los profesores nos dejan. Casi no hay tiempo
para salir a divertirse”.
Quizá a muchos de ustedes les suceda
igual. En ocasiones quisieras que la semana tuviera más
de siete días para realizar las actividades propias
de cualquier adolescente, para disfrutar cuando sales de la
beca. Por esta razón elevas a la categoría de
posibles candidatos (y no parece mala idea) a tus compañeros
de estudio.
Luis, noviecito de Claudia, quienes estudian
en la Escuela de Ballet de Ciudad de La Habana, afirma convencido:
“Estar en la misma escuela tiene sus ventajas, por supuesto.
Además, los dos luchamos por obtener similar propósito:
ser buenos bailarines”.
Pero, claro, tu caso puede ser más
parecido al de esta otra joven, Yakima, quien cursa el cuarto
año de Informática, y lo pensó mucho
cuando se sintió atraída por Brayan, un estudiante
de su misma aula. Acababa de trasladarse de escuela, en el
segundo año, y apenas conocía a unas cuantas
muchachas. Por otra parte, un empate en la
misma aula podía ser mal visto.
Cuando ambos comparten el colectivo estudiantil,
conviene que valores las ventajas y conozcas los riesgos,
así como las consecuencias que esto podría acarrear.
Pero, vayamos por partes.
Equilibra las ventajas
Una cosa debes tener bien clara: cuando alguien nos
gusta, simplemente nos gusta. No hay razonamientos que medien
en ello, aquí el sentimiento se impone a la razón.
Todos aquellos que una vez se enamoraron, incluyendo tus padres,
abuelos y maestros, saben que es muy real.
Sin embargo, cuando se está en esa
maravillosa etapa que es la adolescencia se tiende a idealizar
a la persona amada —aunque también encontramos
estas actitudes en la adultez—. Nuestro elegido o elegida
se convierte en la persona perfecta: cada acción que
realice, cada palabra, gesto, caricia, beso, son elevados
a la máxima expresión. No vemos sus defectos,
aunque naturalmente, los tiene.
Como el lugar donde pasas más tiempo
para llegar a conocer a la pareja es en el centro escolar,
se convierte en el más natural para relacionarte con
ella; aunque no es el único, claro está. Además,
es probable que posean semejantes intereses, pues son compañeros
tuyos y generalmente tienen tu misma edad; que sientan preferencia
por la misma música, los mismos temas de películas
o les gusten las mismas lecturas, lo que hará más
fluida la conversación y el intercambio de opiniones.
Hay otras ventajas que merecen ser analizadas:
• El ambiente de la escuela permite
demostrarle a tu pareja que eres una persona que sabe expresarse
y eres aplicado en los estudios, cosa que no es fácil
hacer en las discotecas o espacios recreativos. En ella se
pueden relacionar en una atmósfera menos cargada de
presiones sexuales.
• Él o ella puede comportarse de una forma diferente
en una cita, pero es difícil que lo haga en la vida
cotidiana. Le conocerás tal cual es. Recuerda que en
el diario vivir se observa a las personas sin máscaras
ni tapujos, mejor que en esos rituales artificiosos llamados
citas.
• Descubrirás cuáles son sus prioridades,
aspiraciones, sueños, alegrías, temores. Asimismo,
cómo son sus relaciones con los demás, sus modales
y si realmente vale la pena invertir tu tiempo en esa persona.
Todo esto sin contar lo que podemos llamar
ventajas mutuas; es decir, beneficios que disfrutarán
a dúo, como estudiar, ayudarse uno al otro en las tareas
o trabajos prácticos que encomiendan los profesores
fuera del centro docente. A su vez, en el medio escolar podrán
compartir más tiempo juntos, tener amigos comunes y
expectativas más realistas acerca del otro, que llevan
a establecer relaciones más sólidas.
Ojo con el profe
¿Qué sucede si el que te pone los pelos de punta
es tu profesor y tú también le atraes? Cuidado.
Aquí entramos en zona de alto voltaje. Perder la cabeza
por tu profesor puede llevarte a complicaciones severas, que
a tu edad quizás desencadenen en fracasos amorosos,
además del favoritismo que suele acarrear, así
como la envidia entre tus compañeros de aula.
Aunque en Cuba no existe ninguna resolución
que regule las relaciones afectivas entre alumnos y profesores,
sí existe en cada plantel un reglamento para estudiantes
y docentes que regula el comportamiento entre ellos. No obstante,
las relaciones amorosas obedecen más bien a una cuestión
ética que legal.
Por otra parte, el profe (o la profe) casi
siempre difiere en edad respecto a ti. Tus intereses y los
de ellos generalmente no son iguales; no solo por la diferencia
de edad, sino también por los espacios en que se desenvuelven.
Sin embargo, hoy día, cuando el déficit
de profesionales de la educación ha aumentado, son
muchos los jóvenes que han acudidos al llamado de los
planes emergentes, por lo que las aulas se han visto permeadas
de profesores cada vez más coetáneos contigo.
Susana, alumna de duodécimo grado
de un preuniversitario en el Campo, nos cuenta:
“Cuando estaba en onceno grado me
enamoré perdidamente de mi profesor de Química.
Él era un hombre casado y yo lo sabía. Pero
nos gustábamos. Tuvimos un romance apasionado y muy
lindo. Al principio nos veíamos a escondidas, pues
temíamos que se enteraran otros profesores, o hasta
el mismo director. Pero la bomba estalló cuando mis
padres se enteraron y se opusieron a la relación.
“Se quejaron en la dirección,
y se armó un lío que hasta su mujer se enteró.
Él no quiso perder su matrimonio ni su trabajo, y terminó
conmigo. Yo, en cambio, fui la que más salí
perdiendo, pues quedé destrozada y mis padres me cambiaron
de escuela. Tuve que separarme de mis amistades y aprendí
que es mejor no enamorarse del profesor”.
La mayoría de los seres humanos ha
pasado por esa etapa en la que la pareja y el amor son lo
más importante. Tal vez tú la estés viviendo
ahora, o aún no la has experimentado; no te preocupes,
pronto llegará tu hora.
Si existe algo en este mundo por lo cual
estamos dispuestos a caer rendidos ante otro, es, sin lugar
a dudas, el amor. Nos enamoramos y amamos una y otra vez.
Así lo dispuso la naturaleza, y nada ni nadie puede
evitarlo.
¿Qué opinan?
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