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Su autor la llamó Comedia, la posteridad la llamó
Divina
Por Alicia
Centelles

Grabado de Gustavo Doré que
representa el Infierno de Dante.
(Tomado de www.bmayor.unc.edu.ar) |
Pocas obras en verso han alcanzado la celebridad
de que disfruta la Divina Comedia desde el momento mismo en
que su autor, el florentino Dante Alighieri, la compusiera
alrededor del año 1307.
En esta narración alegórica,
de una gran precisión y fuerza dramática, se
describe el viaje del poeta a través del Infierno,
el Purgatorio y el Paraíso. El propósito de
Dante era llegar al mayor número posible de lectores,
y por ello escribió en italiano y no en latín.
Él la tituló Comedia, porque
tiene un final feliz en el Paraíso. El calificativo
de Divina se agregó al título
en la edición de 1505, realizada por Ludovico Dolce
Tiene múltiples
interpretaciones
La Divina Comedia constituye un catálogo del pensamiento
político, científico y filosófico de
su época, y puede interpretarse en cuatro niveles:
el literal, el alegórico, el moral y el místico.
Más que una impresionante dramatización
de la teología cristiana medieval, el viaje imaginario
de Dante puede considerarse una alegoría de la purificación
del alma, y de la consecución de la paz bajo la guía
de la razón y el amor.
Un dato curioso sobre esta monumental obra
maestra, es que ya en el siglo XV muchas ciudades italianas
crearon agrupaciones de especialistas dedicadas a su estudio.
Y tras la aparición de la imprenta aparecieron más
de 400 ediciones solo en su país de origen.
Los mejores artistas
se han inspirado en la Divina Comedia
Ha sido y es tal el influjo que la Divina Comedia ha ejercido
en el intelecto humano, que numerosos artistas se han inspirado
en ella, y no de los peores. Ediciones ilustradas de la epopeya
se deben a los maestros renacentistas Boticelli y Miguel Ángel,
los ingleses John Flaxman y William Blake, y el ilustrador
francés Gustavo Doré.
La música tampoco ha sido ajena a
la obra de Dante, y así lo demuestran las composiciones
del italiano Rossini, el alemán Schumann y el húngaro
Franz Liszt.
La Divina Comedia ha sido traducida
a más de 25 idiomas, y en castellano surgió
el vocablo dantesco, como sinónimo
de algo terrible, grotesco y espantoso.
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