| Orlandito
Martínez sube al ring de las preguntas
Por Joel
García

El primer deportista cubano en conquistar
un título olímpico en la etapa revolucionaria.
(Tomado de www.inder.co.cu) |
Bien temprano en la mañana Orlandito
(así todavía le dice la gente) cuela café
y es fácil convencerlo de sentarse en su cómoda
butaca a conversar de su vida, del boxeo y del deporte.
Cómo puede mantenerse
pesando los mismos 54 kg de hace 34 años en Munich,
cómo conserva la sonrisa de victoria de aquella noche
del 10 de septiembre de 1972 y cómo sigue sintiéndose
hijo del barrio de Juanelo, en el municipio capitalino de
San Miguel del Padrón, aunque viva hace más
de dos décadas en el Casino Deportivo, en el Cerro.
SJ: De niño…
“Practiqué fútbol, y después pelota
en el centro deportivo Pepe Prieto, de San Miguel del Padrón.
En un terreno cercano, Eulalio Piñera, boxeador profesional,
nos ponía los guantes cuando terminábamos de
jugar. Tendría 12 ó 13 años cuando me
los puse por vez primera, y mi padre decía que no quería
verme con ellos. Peleaba a escondidas y solo cuando asistí
a la primera competencia oficial a nivel provincial aceptaron
mi decisión”.
SJ: De la lona al título…
“Ahora lo cuento fácil, pero aquello fue tremendo.
En el primer combate de la Olimpiada de Munich me tiraron
dos veces a la lona. El entrenador soviético me decía
que utilizara más técnica e hice todo lo contrario.
Le partí para arriba al birmano (Hamhung Win) como
un león y no lo dejé salir de la esquina.
“Luego me dediqué a observar
a todos los de mi división y retraté las debilidades
de cada uno. El mexicano con el cual discutí el oro,
Alfonso Zamora, pegaba duro, pero lo caminé hacia la
derecha con gran velocidad y no me encontró en el ring.
Antes del tercer asalto me sabía con ventaja y solo
me dediqué a marcarle”.
SJ: Oro sorpresa…
“La verdad es que no estaba entre los pronósticos
de medallas. Antes de salir me dijeron: 'Orlandito, te vamos
a llevar, pero sabemos que no vas a ganar medallas'. Y voy
a decirte más, todas las peleas las hice con una fuerte
angina de pecho e inyectándome. Vine a recuperarme
un poco en la discusión de la plata. El médico
se portó excelentemente y en los exámenes físicos
que me hacían cuando finalizaba cada combate, respiraba
suave para que no fueran a detectármelo y me descalificaran.
“Solo esa medalla contaba en mi mente,
es la gran verdad”.
SJ: Mano sagrada…
“No pude estar en el campeonato mundial de 1974 aquí
en La
Habana, porque me lesioné el hueso del quinto metacarpiano
en la mano izquierda durante el campeonato nacional, frente
a Jorge Luis Romero. Cuando terminó el combate hubo
que cortar el guante y salí de urgencia para el ortopédico.
Luego me contaron que Fidel le dijo al doctor Álvarez
Cambra: 'Esa mano hay que cuidarla, hay que garantizarla'.
“El propio Comandante propuso que
fuera el integrante número 12 del equipo, aunque la
función era apoyar a la gente desde las gradas”.
SJ: Los boxeadores…
“El criterio de que los boxeadores son delincuentes
por naturaleza, se debe a que en el profesionalismo se vendió
esa imagen porque muchos de los practicantes provenían
de barrios marginales y encontraban en esta disciplina la
gran opción de ganar dinero.
“Eso ha cambiado desde que triunfó
la Revolución y nuestro deporte se convirtió
en amateur. Hay licenciados, médicos, fiscales. Soy
ejemplo de cuánto me educó el boxeo, de cuánto
me hizo persona. Ahora que estoy retirado mi vida ha continuado
igual, y he seguido practicando, corro y juego pelota con
los veteranos”.
SJ: Feliz…
“Soy muy feliz como cubano porque tengo el cariño
de mi familia, de mis vecinos y de todo el pueblo. Y eso es
mucho más grande que el título olímpico
de Munich, ¿tú no crees?
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