| El
costo de ser papá
Por Mongui

Una intimidad tierna y respetuosa
entre padre e hijo es perfectamente posible.
(Foto: Elio Miranda) |
El criterio del “papá ausente”
o de que “padre es cualquiera” va cayendo en desuso.
No queremos decir con esto que hayamos desterrado por completo
los patrones de una estructura todavía patriarcal ni
nada por el estilo; solo que se evidencia que aquella jerarquía
del machazo fuerte, impenetrable y carente de sentimientos
que representaba el padre de antaño, está desmoronándose
poco a poco.
De hecho, hoy día muchas niñas,
niños, adolescentes y jóvenes ven en la figura
paterna alguien con quien poder contar, conversar, e incluso
intercambiar ciertas confesiones “calientes”,
cosa impensada hace unas décadas.
Lo anterior está dado porque evidenciamos
notables cambios sociales en cuanto a roles sexuales asignados
durante años, siglos, milenios… y, aunque falta
mucho por alcanzar, se dan saltos cualitativos.
Lo asignado
Ser padre tiene, y ha tenido, históricamente, un costo
muy alto, sobre todo porque la sociedad no prepara al varón
para tal desempeño.
Generalmente los niños han sido entrenados
en función de que cuando crezcan sean los superhombres
proveedores, protectores y sostenedores de la familia; pero
en asuntos relativos a la crianza, alimentación y el
cuidado de los hijos quedan emocionalmente desfasados en comparación
con las féminas.
El juego con muñecas es aceptado
como “jugar a ser mamá”, mientras que las
habilidades del “macho” ,como futuro padre, estarán
encaminadas a poner “mano dura”.
En consecuencia, ambos sexos crecen con
patrones inculcados desde la infancia para desempeñar
roles muy bien definidos que, en muchos casos, privan a los
hombres del disfrute de los hijos desde una intimidad tierna
y cariñosa.
¿Y al final? Encontramos estos padres
que cualquiera ha visto por la calle: ambivalentes, orgullosos
de tener hijos, pero con limitada incidencia sobre ellos;
el que solo sale a relucir para los castigos más severos
o, en el mejor de los casos, aquel que vive con su prole y
sin embargo, carece de voz y voto porque la encargada de la
crianza es la madre.
Rompiendo esquemas
Diversos estudios sobre los roles masculinos recogen las afectaciones
emocionales de un padre fantasma, ese que ningún joven
desea tener. La revista Sexología y sociedad, del Centro
Nacional de Educación Sexual, en su edición número
4 de 1996, apuntaba que “la paternidad distante periférica
los priva [a los hombres] de grandes cuotas de goce, disfrute
y pertenencia para con los hijos”.
Afortunadamente, se rompen esquemas. Ya
en muchos concursos infantiles de pintura con el tema de la
familia, los pequeños abandonan la acostumbrada postura
del padre ausente, leyendo el periódico, fumando o
viendo la televisión, para ubicarlo vinculado a tareas
hogareñas como la limpieza de la casa, tendiendo la
ropa o ayudando a los hijos a estudiar.
No obstante, en los patrones estereotipados
de funciones, sigue primando el arquetipo sexual tradicional
y diferenciado, propio de una educación sexista.
“Es por ello —apunta la mencionada
fuente consultada— que cuando un padre rompe con el
estereotipo, asumiendo otras actividades, las personas suelen
decir: Es una madre para sus hijos”.
Padres de nuevo tipo
Resulta significativo que un alto número de muchachas
y muchachos se refieran a sus papás con el cariño
que brota de una comunicación fluida, sin que con ello
se fracture el respeto mutuo.
Parece que las transformaciones hacia formas
más adecuadas de convivencia auguran un buen final.
Baste el criterio de esta adolescente, de quien reproducimos
fragmentos de una carta relativa a su padre:
“Mi papá se comporta muy bien
con mis amigas (os). Conmigo él es bueno, agradable
y juguetón. Mis amigas me dicen que quisieran tener
un padre como el mío. […] A veces se pone de
mal humor cuando hago algo malo. Es sencillo y, además,
me ha dado parte de la educación que está formada
en mí. Se preocupa mucho por mí en la escuela
y además asiste a todas las reuniones de padres.
“Su cara es linda para el que quiera
verla así. […] Me deja tener amigos formales,
es decir, tener novio. Dentro de sus posibilidades me brinda
todo lo que está al alcance de su mano. […]También
me explica que, aunque soy menor de edad, debo estar protegida
en la calle. Me dice que debo comportarme lo mejor posible
en las casas y no me exige nota, pero me dice que si aspiro
a una buena carrera soy yo la que sé qué nota
debo coger. Mi papá es el mejor padre del mundo”.
Indiscutiblemente, un padre diferente para
tiempos diferentes.
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