| César
López: poesía de la tierra
La creación poética, el testimonio lírico
de César López, le hacen acreedor de una de
las obras más sólidas y sobresalientes de su
generación. Su obra ha sido acicate de una realidad
cubana que aún hoy pervive y continuará haciéndolo,
también, gracias a los versos del poeta.
Por IWC

Además del Premio Nacional
de Literatura, ha recibido distinciones de la universidad
italiana de Turín y la española de Málaga.
(Tomada de www.cubaliteraria.com) |
César López nació
en Santiago de Cuba en el año 1933. Es doctor en Medicina,
y también estudió Filosofía y Letras
en la Universidad
de La Habana, Madrid y Salamanca.
Ha sido profesor de Literatura
y diplomático, disímiles incursiones que nunca
negaron su verdadera pasión: la literatura. Su poesía
lo ha llevado a ser una de las voces más relevantes
de Cuba en la segunda mitad del siglo XX. Aunque también
ha incursionado en la narrativa y el ensayo, es considerado,
con sus tres "Libros de la Ciudad", como uno de
los escritores más significativos dentro de la poesía
cubana del pasado siglo.
Hechos de sobra existen para que este poeta
haya sido acreditado con el Premio
Nacional de Literatura en 1999. Sus poemas, esos “intentos
lúcidos de detener, de salvar pequeñas o grandes
cosas de la usura del tiempo y de la rapidez del olvido”.
Como afirmó el español José
Goytisolo, le abrirían, también para él,
ese espacio en la realidad y el recuerdo de todos aquellos
que le leen y que le quieren. Una manera de retribuirle a
aquel que recoge en sus textos la ciudad que tanto ama e intenta
salvar, porque eso también es detener, el inevitable
desmoronamiento de los hombres ante el tiempo.
Sin
título
César López
¿Hacia dónde se dirige,
hacia qué sitio?
Aquí no puede permanecer
inmóvil, desesperadamente solo
en medio de la algarabía.
Supongamos que cuervos, que leones
o dinosaurios trémulos lo acosan;
inventemos delirios y una puerta de escape
que perfile y afirme sólo una pesadilla;
el leñador despierto, las luces encendidas
en la sala del cine. Sin aplausos.
—Decide tu futuro que es también tu presente,
no niegues lo que has sido,
sino erguido, dignamente;
humilde como un dios no alabado,
proclama tu verdad, aunque después
permanezcas callado para siempre. |
Acercarse a la obra de César López
es acercarse al mundo, a cualquier urbe, pues en sus textos
la ciudad se torna símbolo. Allí pueden irrumpir
perfectamente otros sitios con sus hombres, otros ámbitos;
es el reconocimiento mágico de la escritura que se
torna universal. La ciudad que borra sus límites y
fronteras para volverse única y todas, los hombres
somos esencialmente iguales aquí y allá, aquí
y dondequiera.
Su inusitado uso del lenguaje y esa fibra
humorística marcada por la ironía, aparentemente
a flor de piel, le hacen, al parecer, ser un muy buen conversador,
pues, como diría Ángel Escobar, ese otro poeta,
“César López vive en Malecón 207.
A doce pasos del mar y a 215 metros de la más mentada
funeraria de La Habana. Frente al repello del portal adusto
de su casa, la primera ceremonia del mundo toujours recomencée;
tras del despotricado pataleo, la mansión de la última.
Él, memorioso, fabula con ellas y con las que han sido
o serán, y con todas conteniéndose. Sentado
en su poltrona de mimbre evoca a Frank
País, invoca un gesto que le fascinó en Salvador
Allende o convoca su penúltimo diálogo con
Julio Cortázar.”
Guardar y aguardar parecen ser los signos reveladores de la
poesía, de la memoria y de la vida de César
López.
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