Ser o no ser metrosexual
Muchos los llaman el hombre del siglo XXI
Por IWC
¡¡¿¿¿Metroquééé…???!!
Sí: metrosexual. No se asuste: no es una medida de
longitud asociada al sexo ni nada parecido. Tampoco una inclinación
sexual.
El término podrá sonar raro
y hasta ofensivo para los ortodoxos machos latinos, si es
que todavía queda alguno. Sin embargo, es todo lo contrario
a lo que pudiera pensar un cavernícola del comportamiento.
El “metro”, si
todavía te quedan dudas al respecto, tiene bien clara
su preferencia sexual hacia las mujeres, aunque incorpora
de ellas ciertos rasgos, gustos y acciones a su forma de vida.
La palabra “metrosexual” fue
acuñada en Inglaterra por Mark Simpson en 1994. Define
al “nuevo hombre” del siglo XXI, un individuo
que se ha ido librando de rígidos patrones estéticos
y morales que estampaban el comportamiento tradicional del
macho remacho.
Básicamente este nuevo varón
es un “narcisista”
a quien no le importa demostrarlo e, incluso, pavonearse ante
una sociedad que años atrás lo hubiese tildado
de poseer “raras manías” (empleando un
eufemismo) o de tendencias sexuales aberradas, en espacios
más cerrados y confiables. Vaya, el clásico
tipo “blandito”.
Pero no: el metrosexual es un hombre que
vive en la metrópolis, que le gusta vestirse con ropa
ruidosa, se pinta las uñas, se cuida la piel, usa cremas
y hasta se pinta el pelo.
Puede ser homosexual, heterosexual o bisexual,
pero eso no interesa. Lo que importa es que el tipo se “gusta”
a sí mismo y no tiene miedo en hacerlo saber.
Una característica común pudiese
ser que, en general, se pasa mucho tiempo admirándose
delante del espejo.
Lo que ocurre aquí es que Mark Simpson
inventó un nombre para definir algo que ha existido
durante años, pero que ahora se ha hecho más
común: hombres que no sienten vergüenza al asumir
posturas tradicionalmente femeninas.
A pesar de haber existido siempre, de alguna
manera parece ser que ahora muchos se sienten “liberados”
de la imagen del “macho” que ha caracterizado
al varón por siglos.
Se dice que este nuevo personaje simplemente
está en contacto con su parte femenina y que no siente
complejos al exteriorizarlo.
Metrosexuales.com
Mayormente se coincide en que, definitivamente, los metrosexuales
son de inclinación heterosexual; pero que, al mismo
tiempo, son grandes consumidores de cosméticos, revistas
de diseño y ropa de moda, características hasta
hace muy poco exclusivas de mujeres o gays, y que a muchos
les hacen dudar de su orientación sexual.
Ahí radica una de las características
más distintivas de estos “nuevos hombres”:
a la mayoría les da exactamente lo mismo que piensen
que son homo o bisexuales.
El ejemplo representativo de estos tiempos
es el futbolista David Beckham, quien se pinta las uñas,
se hace trencitas en el pelo y posa para revistas gays, sin
renunciar a su perfil heterosexual.
Algunas costumbres están claras hasta
el momento: usan jeans de marca, se interesan por el diseño
de interiores, cocinan y hacen yoga.
El problema ahora surge para los gays, según
el actor homosexual Peter Paige, quien se queja de que “cada
vez es más difícil distinguir entre heterosexuales
y homosexuales”. Solo le consuela que los metrosexuales
no son violentos y recalca que “antes, cuando te confundías
y le decías gay a alguien hetero, eras candidato seguro
a un puñetazo. Ahora te dicen: lo siento, soy heterosexual,
pero gracias por el piropo.”
Metrosexuales sin
mitos
Tal vez la incertidumbre surja en los machos a la vieja usanza,
pues ven con sorpresa que el varón del siglo XXI cocina,
hace labores domésticas, atiende a sus hijos, llora
en público, reconoce sus miedos, expresa emociones
y tiene conciencia ecológica.
No por eso deja de frecuentar a los amigos
en un bar para beber cerveza o acudir a un estadio para practicar
algún deporte.
Son “metro” porque en general
están concentrados en las ciudades, y “sexuales”
porque se caracterizan por vivir armoniosamente y sin complejos
su lado femenino, pero sin ser afeminados de ninguna manera;
potencian la figura del hombre interesado en su aspecto exterior.
Hace diez años el peso ideal era
únicamente una preocupación femenina; sin embargo,
hoy los hombres también tienen en cuenta ese aspecto,
los menores de 40 años por motivos meramente físicos,
y los mayores de 40 por motivos de salud.
Muchos están cambiando sus antiguos
roles y asumen otros que anteriormente eran más propios
del sexo contrario. Este nuevo varón disfruta haciéndose
la pedicura o tratamientos faciales y por ello no deja de
sentirse muy masculino.
En el siglo XX las mujeres se batieron para
obtener la igualdad con respecto a los hombres. En esta nueva
centuria, los varones (todavía de tipo dominador, no
te engañes por las apariencias) están encontrando
el coraje para explorar la feminidad, sin miedo a perder su
cualidad de hombres “de verdad”.
El narcisismo, el
Yo y la nada
Hay que mantener la armonía. Ya se sabe: ningún
exceso es beneficioso. Mantener un exterior hermoso no puede
serlo todo, el cultivo del interior es necesario, diría
yo que indispensable.
La moda es, en ocasiones, muy incómoda;
exige tanto de sus seguidores que dejan de ser ellos para
convertirse en meros productos de comercialización;
sostener esa imagen termina esclavizando y abrumando a quienes
les siguen los pasos.
No tiene que ser así: hermosos y
cultos sin extremos puede ser una buena mezcla.
La naturaleza humana de cada persona contiene
una belleza particular; conservarla y mantenerla es un buen
hábito; vivir solo para ella es una larga cadena.
Como leí un buen día: “La belleza como
tal es un buen objetivo; pero como único fin…
es una tortura innecesaria.”
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