| El
origen del vocablo narcisista
La historia de Narciso, personaje de la rica mitología
griega, está muy ligada a la de la ninfa Eco, quien
había incurrido en la ira de Hera, la esposa de Zeus,
por no contarle las infidelidades de este. Por eso, Eco estaba
condenada a repetir las últimas palabras que se le
dijeran.
Narciso era un joven de gran belleza del que todas las jóvenes
se enamoraban, pero él vivía amándose
a sí mismo y rechazaba las insinuaciones de todos.
Cuando nació, un adivino le predijo que tendría
una larga vida si no se contemplaba a sí mismo.
Eco fue una de las que se apasionó
por Narciso, pero cuando él la encontró en el
bosque, ella no fue capaz de responderle más que sus
propias palabras. Entonces, desolada y ofendida, la ninfa
se encerró en una cueva y allí se consumió,
hasta que solo quedó su voz, que es a lo que hoy llamamos
eco.
Debido a esto los dioses se molestaron y todas las demás
mujeres rechazadas pidieron venganza. Némesis, la diosa
que representaba este sentimiento, las escuchó e hizo
que Narciso contemplara su propia imagen en un río.
Incapaz de separarse de su imagen, y enamorado de su belleza,
el joven se arrojó al agua. En el sitio donde su cuerpo
había caído, creció una hermosa flor,
que hizo honor al nombre y la memoria de Narciso.
Y como otras tantas concepciones y preceptos filosóficos
encerrados en los mitos griegos que han llegado hasta nosotros,
en español (y también en otras lenguas) se emplea
el vocablo narcisista para nombrar a quienes
sienten excesiva complacencia en la consideración de
sus propias facultades o realizaciones, con total indiferencia
por los hechos de los demás.
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