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Escuela Nacional de Ballet de Cuba
Entrega y pasión
Por Heldrys
Contreras
Fotos: Elio
Miranda

Empeño y tenacidad, esfuerzos
y sacrificios: todo se resume en la gran pasión
por el Ballet. |
Ubicado en el céntrico Paseo del
Prado se yergue majestuoso un edificio que hace voltear las
miradas a los transeúntes cubanos y extranjeros. Su
arquitectura evoca los patrones estilísticos del renacimiento
veneciano.
Ese palacio de espaciosos salones
y grandes espejos fue construido para acoger a la Asociación
de Dependientes de Comercio de La Habana, en los inicios del
siglo XX. Hoy, funge como sede de la Escuela Nacional de Ballet
de Cuba.
En el inmueble se forja una nueva cantera
de bailarines, herederos de una metodología y técnica
reconocidos en las plazas más prestigiosas del mundo
de la danza clásica. Provenientes de la escuela Alejo
Carpentier en Ciudad
de La Habana y de los centros vocacionales de Arte en
toda Cuba, con solo 10 años empiezan a estudiar la
carrera que escogieron; antes deben someterse a las pruebas
de aptitud, cuyos requisitos fundamentales son la elasticidad
y el equilibrio en el cuerpo.
Sus estudiantes de la Escuela Nacional de
Ballet de Cuba se preparan con gran empeño y tenacidad,
sin reparar en esfuerzos ni sacrificios, para dar lo mejor
de sí en cada ensayo y puesta en escena.
Las largas sesiones de entrenamiento físico
incluyen realizar splits, mantenciones de
piernas para desarrollar la resistencia en esa parte del cuerpo
y saltos que contribuirán a la flexibilidad del talón.
En las clases de ballet realizan otros ejercicios que les
dan elasticidad y ligereza en el tronco, así como otros
en la barra y fuera de ella para lograr el total dominio y
control del cuerpo.
Aunque algunas de estas acciones físicas
pueden causar dolor, y deben observar una rigurosa dieta,
nada de ello impide que estos tenaces estudiantes continúen
considerando el ballet como su gran pasión y la razón
de su existencia.
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