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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!


¿Cómo es posible que durante siglos media humanidad haya discriminado a la otra mitad?

De hombres y de mujeres

Por IWC

Desde la cuna de nuestra civilización occidental, en la Grecia antigua de Platón y Aristóteles, ser mujer no era algo precisamente deseable. Las féminas tenían el mismo estatus social que los esclavos, privadas de derechos cívicos y participación política.

Ya en la obra “La República”, de Platón, basada en la búsqueda de la construcción de una sociedad perfecta, el filósofo reconoce una misma naturaleza en el hombre y la mujer; debido a esta igualdad, para él era lógico que ambos tuviesen las mismas oportunidades a través de una educación igualitaria.

En cambio, fue Thomas Hobbes, filósofo materialista inglés contemporáneo de la Revolución Burguesa en su país, el primero en cuestionarse la desigualdad entre los dos sexos, así como la autoridad patriarcal.

Esto, quizá, fue factor importante para los movimientos feministas (primeros en la defensa de los derechos de la mujer), ya que cuando discutió la autoridad masculina y dejó de justificar la misma como una ley natural, abrió infinitas puertas que siempre llegaban al mismo resultado: ¿Por qué entonces la diferencia de géneros, al menos socialmente hablando?

Fue Hobbes, verdaderamente, el primero que puso en entredicho el valor universalista de la desigualdad juzgada hasta el momento, con lo que se convirtió en uno de los principales defensores de la equidad.

Pero mucha tela se ha cortado desde allá hasta nuestros tiempos.

Varón, masculino, supermacho
El esquema del supermacho no es nuevo. Juegos para niños: espada, pelotas, patines. Juegos para niñas: muñecas, cocinitas, escoba. Se preparan así, desde la infancia, para los distintos roles sociales que desempeñarán en el futuro.

Si nos centramos básicamente en la formación recibida por los distintos sexos, es notable que la educación hace hincapié en la concepción de que la mujer es más débil que el hombre y que este debe ser preparado para tomar decisiones, afrontar riesgos y ser dominador de las situaciones que se presenten en el transcurso de la vida.

Este paradigma es incorrecto, inaceptable, incluso, demostrado científicamente. Un reciente estudio publicado por el psicólogo brasileño Lair Ribeiro revela que: “Hay ocho inteligencias diferentes en cada ser humano que pueden ser desarrolladas: verbal, matemática, musical, espacial, corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista. En cinco de ellas, las mujeres son superiores a los hombres. Por ejemplo, en la verbal y también en la intrapersonal, siendo más intuitivas, más perceptivas y más compasivas. La superioridad en el terreno de la inteligencia de las mujeres es debido a que las mujeres tienen más conexiones entre el hemisferio izquierdo y el derecho del cerebro, eso les permite usar los dos lados a la vez; el hombre solo es capaz de hacer una cosa cada vez.”

¿Ya ves? Las investigaciones prueban que la mujer puede desempeñar de igual manera el mismo papel que el hombre e, incluso, hasta mejor.

Pero, hombres y mujeres, ¿realmente iguales?
Sin duda existen diferencias físicas y sicológicas innegables. Por eso es absurdo igualar a la mujer y al hombre en TODOS los aspectos; y hasta los estudios tienen sus puntos endebles.

Por ejemplo, como la psicología del poder que ha predominado históricamente ha sido la masculina, los hombres se han acercado al fenómeno limitados por su óptica, intentando ponerse en el lugar de la mujer, interpretar sus sentimientos, sus necesidades y sus deseos. Pero realmente no están, en tanto hombres, en condiciones para entender y asumir debidamente el enramado rol de la “química” femenina.

Indiscutiblemente existen diferencias emocionales y de conducta entre uno u otra que tienen un origen cultural. De ahí que el machismo, aunque criticable, no sea simplemente un intento de los hombres por perpetuar el dominio y la autoridad, sino que forma parte de toda una tradición heredada de una sociedad patriarcal.

Pero las diferencias no son solo en el orden cultural-psicológico, sino también en el físico o biológico, lo que afecta el accionar de ambos sexos. Las mujeres, por naturaleza, están preparadas para asumir tareas irrealizables para el hombre (parir, por ejemplo, o la capacidad multiorgásmica), mientras que al varón, por naturaleza, le corresponde determinar en sus espermatozoides x o y el sexo de la criatura (algo que aunque se lo propongan, no lograrían las mujeres). En fin, son diferencias que se complementan.

Equidad más que igualitarismo
Un estudio publicado en Cuba refleja claramente los conceptos de equidad e igualitarismo. Plantea el documento que las mujeres y los hombres se manifiestan desde su sexo, es decir, cada cual existe sexuadamente, cada cual existe en su género y se manifiesta en su género, piensa en su género, camina en su género, cocina en su género, estudia en su género, se relaciona en su género.

Por lo tanto, no podemos pretender igualar dos personas que son orgánicamente diferentes. Eso sería igualitarismo, una postura riesgosa por su ingenuidad.

Sin embargo, el concepto de equidad indica que debemos respetar los derechos de la persona, independientemente de que sea hombre o mujer. Estos guardan estrecha relación con lo refrendado en la Declaración de los Derechos Humanos, como el derecho al desarrollo, al trabajo, a la educación, a la cultura; independientemente de la nacionalidad, raza, sexo, origen o credo.

Asimismo, es lógico que hombres y mujeres tengan responsabilidad con su descendencia, pero desde sus posiciones respectivas. Los hombres se manifiestan con los hijos como hombres y las mujeres como mujeres, algo así como dos polos que se complementan: unidad entre contrarios, coexistencia dentro la diferencia.

En fin, consideramos incorrecto el punto de partida en el proceso de liberación de la mujer si se asume con la perspectiva de feminizar al hombre. Algo similar a la metodología aplicada para la investigación de los efectos de la ciudad en el campo: no se puede pretender, para desarrollar el área rural, trasladar la ciudad al campo, sino tener en cuenta y respetar las particularidades del contexto. Igualmente, trasladar el modo de ser de la mujer al del hombre, o viceversa, sería un proyecto condenado al fracaso.

¿Qué es lo que garantiza, entonces, el correcto equilibrio? Pues el concepto de equidad; que cada cual figure en su medio, se desarrolle en su medio y tenga iguales oportunidades e iguales deberes desde todos los puntos de vista. Y la única forma de lograrlo es educando la mente y el cuerpo bajo el presupuesto de la igualdad y, sobre todo, del respeto a la diferencia.

Cuba, mujer y Revolución
La Revolución Cubana trajo aparejado un rápido cambio de concepción respecto al papel de la mujer en la sociedad. Los roles de muñeca de casa, sirvienta o costurera quedaron atrás de golpe. Se planteaba un nuevo giro: la inserción femenina en la sociedad como una persona plena de derechos en igual proporción a la de los hombres.

Los parlamentos machistas de “la mujer solo para la casa” quedaban obsoletos. Ellas ocuparon un nuevo lugar más allá del rol de la procreación o en el entretenimiento de su contraparte masculina. Por supuesto, muchos se resistieron al cambio. La batalla más encarnizada no se libró en el plano social, sino en las mentes anquilosadas de la mayoría de los hombres.

Pero el tiempo ha dado la razón. Más de 40 % actual de la fuerza laboral cubana es femenina y no es nada raro encontrar mujeres dirigiendo sitios que fueron tradicionalmente terrenos masculinos, como la construcción o los mismísimos centrales azucareros.

Prácticamente nadie se cuestiona en estos momentos la importancia de las féminas en la realidad cubana de hoy. Sus logros, los avances conseguidos gracias a ellas les han dado, por derecho propio, el merecido lugar en el equilibrio de la sociedad.


La mujer desde la mujer
Sería injusto terminar este artículo sin reflejar la opinión de la mujer por la mujer. Y qué mejor que este fragmento de un artículo publicado por la edición 434 de la revista Alma Mater:

“Defiendo con ideas y con uñas la plena realización de la mujer. Creo en la mujer científica, en la filósofa y en la cosmonauta, en la mujer dirigente, en la que quiere lucir bonita y en la que no se preocupa demasiado por su apariencia, en la que es capaz de enamorar al hombre que le gusta (y creo también en el hombre que se deja enamorar sin pensar que la mujer que lo enamora es una cualquiera), creo en la que no le gusta cocinar y se lo dice con todas sus letras al marido, en la que le gusta cocinar, pero hoy no tiene deseos, en la que tiene muchos amigas y amigos, en la licenciada y la doctora, en la que tiene orgasmos y no se avergüenza de tenerlos, en la que ama a otra mujer con todas sus fuerzas y quiere hacer su vida con ella, en la que decide cuándo y con quién quiere tener sus hijos, en la que no cree que un hombre es menos hombre porque llore viendo una película de Fernando Pérez, en la talentosa y en la que tiene menos luces, pero mucha dignidad, en la que no se deja humillar, en la que comparte sin problemas con su compañero las tareas de la casa (y también creo, faltara más, en su compañero), creo en la que besa primero, en la que se deja besar, en la que no se deja besar si no quiere, en la que es dueña de su destino, en la que maneja un taxi, en la que deja que su hijo juegue con las niñas, en la que deja que su hija juegue con los niños, en la que sabe lo que quiere y lo que no quiere, en la que sabe sacar cuentas, en la que le compra flores al novio, en la que recibe flores del novio y le dice gracias y le da un beso, en la que escribe una novela policíaca, en la que no piensa que vino al mundo solo para darle hijos a un hombre, en la que abandona al hombre que la golpeó sin compasión, en la que juega fútbol (aclaro que no me gustan las mujeres boxeadoras por la misma razón que no me gustan los hombres boxeadores; me encantaría, eso sí, ver a un hombre practicando sin complejos gimnasia artística o nado sincronizado); creo, en fin en la mujer orgullosa, en la que sabe de todo lo que es capaz y no se deja aplastar por tontos prejuicios y presiones”.

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