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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.



El cantor de la Bayamesa

Por Isabelle

Sindo Garay.
Las composiciones de Sindo son joyas de la cancionística tradicional cubana.
(Tomada de library.fiu.edu)

Antonio Gumersindo Garay, Sindo, creció entre las trovas y las canciones, entre las guitarras y las tertulias caseras. Tal vez por ello no necesitó de mucha academia para poner sobre el tapete musical de la Isla un sinnúmero de invaluables piezas.

Poseyó un peculiar estilo de acompañamiento con la guitarra y una inigualable voz segunda dentro de la trova tradicional. Ello unido a su extraordinario oído armónico le permitió hacer incursiones novedosas para la época.

Nació en el Santiago de Cuba de los finales de 1919. Si fuésemos a resumir su vida tal vez podría decirse que fue tan ecléctico que incursionó en la talabartería, la acrobacia y la insurrección. Las dos primeras experiencias, como muchos de la época, las ejerció por necesidad. La insurrección, también como muchos de la época, por herencia y convicción.

Su padre se vinculó a los mambises durante la Guerra Grande y él de niño cooperó con ellos de manera clandestina hasta la llegada de la República de 1902. Su espíritu insurrecto se vio coronado cuando en 1895, trabajando coma tabalartero, conoce a José Martí, hecho que recordaría como uno de los más especiales de su vida.

Quizás por todas estas vivencias, la vida lo escogió para creación de una de las obras más emblemáticas del archivo musical cubano.
Mujer bayamesa

Corría una de las noches más hermosas del año 1918. La ciudad de Bayamo en el oriente cubano era tomada por las voces y preludios de un grupo de trovadores. Al igual que en otras ocasiones, Sindo Garay junto a unos amigos cantadores, regalaban serenatas a las mujeres bayamesas: la ciudad estaba siendo bendecida.

Luego de una de la intensa jornada llena de acordes y pícaras sonrisas de agradecimiento femenino, los juglares decidieron descansar. Un amigo de la zona les ofreció la hospitalidad de su casa, pero el ajetreo del día y las emociones a flor de piel por miles de hermosos rostros habían dejado su huella en el joven Sindo.

Su descanso fue agitado, convulso y luego de una noche donde su hamaca le pareció pura represión. Su amanecer se cruzó con el mediodía. Demasiado exhausto tal vez para reanudar una cabalgata sonora por la ciudad, quiso disfrutar del patio de la casa, y se topó entonces con un paredón ennegrecido. Era uno de aquellos pedazos de muro de la ciudad que quedaron en pie cuando el incendio de Bayamo.

Justo en ese momento desfilaron por su mente aquellos aciagos días, las decisiones dolorosas y los sacrificios hechos por aquellos hombres y mujeres al dejar atrás cuanto poseían. Fue entonces que surgió en su mente la letra de “Mujer bayamesa”. Considera una de las piezas imprescindibles a la hora de hacer el recuento musical de la Isla, con ella Sindo Garay rendía homenaje a la mujer, como pilar fundamental de las luchas cubanas.

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