| ¿Mujer
contra mujer?
Por IWC

El lesbianismo tiene un fuerte componente
afectivo.
(Foto: Wildy) |
Dos mujeres se pasean tomadas
de la mano. Conversan y se acarician. Se cuentan sus intimidades
en un cuarto e incluso duermen juntas. Puede permanecer abrazadas
durante mucho tiempo. Ofrecerse el hombro para llorar en innumerables
ocasiones. Besarse en las mejillas, acariciarse el pelo, jugar
de manos, embellecerse juntas. ¿Son lesbianas? No precisamente.
Pero también podrían serlo. ¿Existiría
alguna diferencia si fueran o no homosexuales? Pues no habría
ninguna.
El lesbianismo tiene más componentes
afectivos que genitales. Y es, precisamente este aspecto,
la gran diferencia con el hombre homosexual, quien desea poseer
o ser poseído por otro hombre, y uno de ellos expresará
conductas femeninas, uno (o ambos) tendrá una carga
emocional de culpa o sensación de que será traicionado.
Por eso, tal vez, las estadísticas indiquen que las
relaciones entre lesbianas tienen mayor duración; o
sea, que son más estables en el tiempo.
Adolescencia, admiración
y tendencias
Sería justo aclarar una vez más que el lesbianismo
no es una enfermedad, tanto como tampoco lo es el homosexualismo.
En ambos casos hablamos de un comportamiento, de un cambio
en el objeto sexual. O sea, en lugar de atraerles el sexo
contrario, optan como objeto por uno del propio, lo que por
cierto no está exento de problemas, sobre todo por
la no aceptación social.
En la etapa de pubertad y adolescencia se presenta una crisis
de identidad de género, donde el muchacho pueda pensar
que es homosexual porque le atrae el físico o los logros
de un amigo o compañero, al igual que en la joven adolescente.
Según los especialistas, “en
esa etapa es normal que ocurra esa confusión de género,
pero si el joven o la muchacha son debidamente orientados
y entienden que ella es producto de una admiración
exagerada, más que un placer por el cuerpo o logros
de alguien del mismo género, todo pasará sin
complicaciones”
.
La identidad del género se supera recién después
de los 19 años, por lo que durante casi toda su juventud
el joven podrá tener esa duda respecto a su sexualidad.
Es ahí donde los padres tienen un
rol fundamental, de manera que los jóvenes, mujeres
u hombres, acudan a un psicólogo para recibir apoyo.
Ello, porque algunos se crean un sentimiento de culpa tan
enorme que llegan a odiarse a sí mismos por ser “anormales”,
generado más por el entorno social que por el individuo
en sí. Pues no hay nada “anormal” en ellos.
Tan solo conforman parte de una minoría en cuanto al
tema, y solo en cuanto a este, de la sexualidad propiamente
dicha.
Teorías
Respecto al origen de la homosexualidad femenina existen,
al menos, dos posturas que son las más aceptadas hoy
en día. La primera se cree que se debe a un origen
genético y aparece a muy corta edad, a nivel de los
círculos o jardines infantiles, donde las niñas
gustan de otras.
La segunda es de origen freudiano, en la
que la formación por grupos sociales, por la familia,
crea a personas homosexuales. Según esta teoría
se debe a la presencia de un padre fuerte (en cuanto a comportamiento,
por supuesto) y a la poca valoración de la madre que
comienza a ser considerada como alguien a quien no se debe
imitar.
Esto hace que durante su crecimiento la
lesbiana se identifique e imite al padre. En un comienzo se
enamora de él y conforme crece se va identificando
con la madre. Entonces tendrá los mismos gustos que
ella, pero cuando el complejo de Electra (niña que
enamora al padre) no es superado y no se identifica fundamentalmente
con la madre, sino con el padre, buscará el mismo objeto
de amor o sexual que este: otra mujer.
Censura por omisión
En la mayoría de las culturas, las lesbianas han sido
consideradas como inexistentes, a diferencia de la homosexualidad
masculina que, aunque no era tolerada, al menos sí
era reconocida.
Las mujeres han sido perseguidas por adúlteras
y por prostitutas, pero en muy raras ocasiones por su orientación
sexual. Pudiera afirmarse entonces que a las lesbianas las
han marginado por omisión, precisamente. Bastaría
uno de tantos ejemplos para ilustrarnos.
Uno pudiera remitirnos al siglo XIX, cuando
se declaró ilegal la homosexualidad en Inglaterra.
El lesbianismo escapó a tal prohibición porque
la reina Victoria se negó a reconocer su existencia.
La gran desventaja de dicha “invisibilidad”
fue el olvido de las necesidades de estas mujeres, que a lo
largo de la historia han carecido de modelos de referencia
para su estilo de vida. Y también que muy recientemente,
alrededor de la década del 70 e impulsadas por el auge
del movimiento gay, fue que mujeres con las mismas tendencias
homosexuales decidieran unirse y hacer pública una
realidad tan antigua como la humanidad misma, para reclamar
sus derechos en una sociedad que las excluía.
Rasgos históricos
y evolución
Podríamos especular que el lesbianismo existe desde
que existe la humanidad. Es imposible determinar en qué
momento preciso surgió la primera relación lésbica,
pero ciertos documentos históricos nos permiten hacernos
una idea de cómo ha ido evolucionando este tema.
Ya en el Código de Hammurabi (¡sí,
no se asombre!), en tan lejana fecha como el 1770 a.C., aparece
la salzikrum, una figura que caracteriza
a una mujer-hombre que podía tener una o varias esposas
y cuya denominación significa hija-varón.
En Grecia y en la antigua Roma el lesbianismo
era aceptado con normalidad. En Roma, por ejemplo, existían
baños públicos para mujeres que, a pesar de
estar casadas, deseaban mantener contactos sexuales con otras
mujeres. Estos baños contaban con las esclavas felatoras,
que satisfacían sus deseos lésbicos. También
existe constancia de bodas entre mujeres.
De la Edad Media solo se conocen contados
casos de lesbianismo a través de los archivos eclesiásticos.
Edad oscura para las letras y la verdad. En los textos se
recopilan denuncias, condenas y sermones. San Ambrosio, en
el siglo IV, calificó el deseo de unas mujeres por
otras de acto lujurioso; San Crisóstomo lo calificó
de vergonzoso. Siglos después, San Anselmo se refería
a la relación sexual entre mujeres como un atentado
contra la naturaleza; y en el mismo sentido se pronunciaría
Pedro Abelardo.
Santo Tomás estableció como
uno de los vicios contra natura la cópula entre hembra
y hembra. Posteriormente muchos teólogos se basarían
en Santo Tomás para condenar el lesbianismo como un
pecado de lujuria. En diez siglos de documentación
solo existe una docena de alusiones a la homosexualidad femenina
y siempre están ligadas a la condena eclesiástica,
la herejía o la brujería.
En América Latina se tiene constancia
de la existencia de mujeres lesbianas en comunidades aborígenes
a finales del siglo XVI; por ejemplo, las mujeres conocidas
como “cacoaimbeguira” ejercían oficios
de hombre, iban a la guerra y se relacionaban con otras mujeres
que adoptaban el rol de esposa.
En los años 20 del siglo pasado,
la influencia de los errados estereotipos creados por los
psicólogos hizo que se extendieran entre la población
creencias absurdas sobre las lesbianas. Así se desarrollaron
campañas para prevenir la “enfermedad lésbica”
entre las chicas jóvenes y se comenzó a asociar
el lesbianismo con la marginación, la enfermedad, la
perversión y el vicio. Ante ese tratamiento, muchas
homosexuales se aceptaron a sí mismas como enfermas
e intentaron rechazar sus emociones casándose o suicidándose.
Ya a finales del siglo XX y comienzos del
XXI, los derechos de las mujeres lesbianas han ido avanzando
gracias a iniciativas colectivas de reconocimiento como minoría
y en pro de sus derechos; pero aún en muchas partes
del mundo, y en ambientes poco culturizados de las sociedades
desarrolladas, el lesbianismo continúa siendo motivo
de escarnio público e incluso de desigualdad y reprobación
por parte de las autoridades.
| El término lesbianismo
se acuña en Grecia y debe su origen a que, en esa
época, los hombres se educaban entre sí.
Maestro y alumno se otorgaban tantas muestras de afecto
y cariño que era bastante común que terminaran
en relaciones estrechamente homosexuales. Esta situación
originó que un grupo de mujeres partiera hacia
la isla de Lesbos (de donde proviene entonces el vocablo
lesbianismo) donde Safo fungía como maestra. |
Algunos términos
y origen de los mismos
Existen muchos términos, algunos abiertamente peyorativos,
para designar a las mujeres homosexuales. Así se pueden
escuchar los vocablos tortillera, bollera,
cimbalita, entre otros. Veamos de dónde
proceden algunas de estas palabras.
Bollera: El término
bollera o boyera procede
probablemente de antiguas sacerdotisas que dirigían
carros de bueyes (de ahí la denominación) y
que, hace alrededor de 4 000 años, celebraban ceremonias
en las cuales solo podían participar mujeres en un
rito religioso. Solo las representaban la Tierra, la única
y más antigua diosa que adoró la Humanidad antes
de que el principio masculino la destronase.
Tortillera: Es un término
utilizado principalmente en Cuba y España. En la novela
“Maitreya2, del cubano Severo Sarduy, uno de los personajes
lleva en la mano una tortilla fu-yong, que
es una tortilla falsa donde no existen los huevos
(en clara referencia a los genitales masculinos). Esta tortilla,
que parece hacer referencia a un plato chino, se refiere más
bien a fullón, el aumentativo de fullería.
Es, por tanto, una tortilla falsa donde no hay huevos
de por medio.
Cimbalita: Hace más
de 2 500 años se celebraban las Fiestas Mistéricas,
en las que solo participaban mujeres, sacerdotisas que adoraban
a la diosa Cotito. En estas fiestas, cuyo objetivo era obtener
prosperidad y abundancia, las sacerdotisas mantenían
relaciones lésbicas y realizaban orgías. Uno
de los ritos consistía en hacer una procesión
mientras tocaban y cantaban, entre otros instrumentos, unos
platillos de bronce llamados címbalos,
a la vez que danzaban con falos ceñidos a las caderas.
Otros términos para referirse a las
lesbianas son virago: mujer viril; machorra:
se dice de las ovejas que no crían; fricatrices:
aludiendo al acto de frotarse una mujer contra la otra; queers:
término inglés que significa extraño,
anormal, y que a partir del siglo XIX empezó a utilizarse
con una connotación sexual.
Una sexualidad responsable
por encima de todo
Sería un largo, y probablemente controvertido argumento,
dedicarle un espacio al tema de la moralidad y sus implicaciones
en cuanto a toda conducta que, a causa de estereotipos o falsos
conceptos, es considerada impropia. También inciden
las falsas posturas de aquellos que, precisamente, cometieron
la mayor cantidad de atrocidades blandiendo como insignia
la muy vituperada moralidad y sus principios.
El ser humano se ha caracterizado por destruir
o atacar aquello que no comprende. Cualquier conducta ajena
suele considerarse inadecuada. Expandir nuestros horizontes,
entender a los demás, aunque no compartamos ciertos
puntos de vista, es vital.
Dejemos que cada persona asuma su sexualidad.
Insistamos solamente en que la asuma responsablemente y no
tanto para los demás, sino para consigo misma, pues
tanto en hombres como mujeres, en eso radica una buena parte
de la realización personal de cada cual. Sería
justo recordar que solo aquel que esté satisfecho consigo
mismo podrá dar lo mejor de sí para con los
demás, y eso va mucho más allá de una
tendencia sexual específica. Mucho más allá
también de la comprensión.
|