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Trabajadores Sociales

Médicos más allá del alma

Tres jóvenes graduados de trabajadores sociales cuentan motivaciones y anécdotas que han vivido como principiantes de esta labor


Por Daima Cardoso Valdés

“La era está pariendo un corazón, no puede más,
se muere de dolor, y hay que acudir corriendo pues se cae,
el porvenir, en cualquier selva del mundo, en cualquier calle…”

Silvio Rodríguez







Malena Rodríguez Almora, César Iván Mendoza Regal y Jendry Gutiérrez Martínez, trabajadores sociales pinareños.
Malena, César y Jendry sienten el gran regocijo de saber que está ayudando a sus semejantes.
(Foto: Daniel Mitjáns)

La juventud es alegre, desenfadada, creativa y suele ofrecer los mejores resortes cuado se toca a su corazón. Los que hemos tenido el privilegio —porque así lo creo— de estar vinculados a la formación de estos jóvenes, coincidimos en que tendremos en el futuro a un ejército de profesionales que se destaca por la modestia y desinterés, pero sobre todo, por la incondicionalidad a la Revolución, esa que hoy está necesitando cambios radicales en su entorno.

Sin ánimos apologistas podemos asegurar que la formación de trabajadores sociales en Cuba es uno de los proyectos más hermosos, justos, humanos y equitativos que sociedad alguna haya concebido en su historia, porque está encaminado en todas sus vertientes a crear y solidificar un paradigma de hombre nuevo, capaz de sensibilizarse con el dolor ajeno.

Gracias a los trabajadores sociales se han ejecutado programas de alcance nacional como la Revolución Energética, la Misión Milagro, la Misión Astro, el multicopiado de casetes de vídeo, la atención a jóvenes desvinculados del estudio y el trabajo, a discapacitados, a núcleos con problemas familiares y económicos, se han efectuado estudios genéticos a poblaciones enteras y otros, que mejoran la calidad de vida de los cubanos.

Pinar del Río también ha sentido la presencia de estos “médicos del alma”, que ya sobrepasan la cifra de 2 000.

Por estos días tuvo lugar la graduación del octavo curso de Formación de Trabajadores Sociales. Un total de 550 nuevos graduados tiene hoy Vueltabajo en sus calles. Ello significa cambios en las condiciones del trabajo social y en la esfera del pensamiento.

Muchas son las anécdotas que durante todo un curso de preparación vivieron estos trabajadores sociales, los cuales vincularon la docencia a la práctica laboral sistemática investigativa para comprobar lo aprendido en las aulas y en las casas de estudio.

El periódico Guerrillero tuvo la posibilidad de dialogar con tres de estos jóvenes, que por sus resultados integrales devinieron Título de Oro y mejores egresados. Malena Rodríguez Almora, César Iván Mendoza Regal y Jendry Gutiérrez Martínez aman el trabajo social y sienten que esta es una oportunidad de mucho beneficio para todos. Cuando comenzaron el curso en septiembre de 2006 lo hicieron con un índice académico superior a los 99 puntos. Al concluir el mismo sienten el placer de haber figurado en el grupo de los de avanzada.

La satisfacción de hacer feliz a otros
Desde la secundaria Malena pensó en ser trabajadora social, “pues me encanta el contacto con la gente, disfruto esa relación humana que se establece en cada uno de los casos que atendemos. El hombre no puede sentir mayor regocijo que el saber que está ayudando a sus semejantes”, manifiesta con total claridad.

Como experiencia conmovedora recuerda la visita que hiciera en el Hoyo del Guamá a un niño que está en estado vegetativo por una enfermedad degenerativa que padece. “Llegamos en bicicleta, bajo el agua, pues estaba lloviendo y la madre lloró al saber que la Revolución se ocupaba de sus problemas y necesidades, que recibiría una atención en lo adelante, lo que significaría mejorarle la vida a esta mujer que la suerte no le había sonreído”, dice Malena.

Inquirida sobre qué importancia le adjudica a este programa de la Revolución, asevera: “Nuestra sociedad se ha perfeccionado más, Fidel dio muestra de cuánto se puede confiar en la juventud, al poner en sus manos el enfrentamiento a males como la corrupción y el desvío de recursos que estaban encareciendo al país en las pistas de combustible. Los trabajadores sociales gozan de un alto nivel de preparación político ideológica y de prestigio, que hace que los directores de empresas nos vean como una ayuda para mejorar su objeto social”.

Cuando se inicie el curso escolar 2007/2008, Malena estará estudiando en la Universalización la carrera de Psicología, muy ligada —según sus propias palabras— al trabajo social, porque dota al profesional de instrumentos que hacen más rica su labor. En sus sueños más inmediatos viaja el deseo de ser profesora de esta asignatura o de Trabajo Social, algo que descubrió mientras preparaba su tesis de graduación, y el camino la condujo hasta el contacto con niños con Síndrome de Down y el proyecto Con amor y esperanza, que coordina el artista de la plástica Jesús Carrete.

El Comandante en Jefe Fidel Castro, en la intervención histórica en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, con motivo del aniversario 60 de su ingreso en la casa de altos estudios, dijo sobre los trabajadores sociales:

“No se imaginan ustedes el entusiasmo de los jóvenes trabajadores sociales. Yo jamás en mi vida había visto tanto entusiasmo, tanta seriedad, tanta dignidad, tanto orgullo, tanta conciencia del bien que le van a hacer al país.

“La labor de estos jóvenes trabajadores sociales debe aportar al país, en 10 años, tal vez 20 000 millones de dólares con el ahorro de energía… Ellos representan parte del capital humano creado por la Revolución, capital este, de los más importantes del país, renovable y multiplicable. Están llamados con su trabajo, a poner fin a muchos vicios, desvíos, robos y a las fuentes de suministro de dinero de los nuevos ricos”.

Ángel guardián
Para César Iván el apelativo que Fidel les dio de “médicos del alma” fue un catalizador que lo impulsó a ser parte de ese grupo que tanta aceptación tiene en el pueblo. La noticia de su selección lo sorprendió en la preparación del Consejo Municipal de la FEEM, pues era dirigente estudiantil en el municipio.

Propuesto para la medalla Abel Santamaría, que otorga el Comité Nacional de la UJC, César se desempeñó como secretario general del Comité UJC de Trabajadores Sociales, y fue el estudiante más integral. Justo reconocimiento a quien supo hacer del esfuerzo una virtud cotidiana.

Para él, al margen de experiencias personales, ser trabajador social significa ser ángel guardián de las riquezas del país, “nos estamos forjando en la concepción del Che de un hombre nuevo, que es alegre, dinámico, incondicional, que está interesado en transformar el mundo y hacerlo sostenible para todos, que globaliza la solidaridad y sin grandes recursos presenta un modelo de desarrollo humano viable”, comenta César.

Desde el área jurídica, específicamente el Derecho, acomodará en los próximos años este joven sus estudios y labor profesional. Más que dominar leyes como un erudito, lo que quiere es ser un trabajador social con sapiencia y entregarse a la noble tarea de sembrar para que a otros les sea amiga la vida.

Poesía y lirismo se dan la mano
Aun cuando reconoce que lo que deseaba estudiar era música, vio reorientada su vocación al descubrir que como trabajador social podía hacer poesía y lirismo mucho más real. En La Habana, donde disfrutaba de las vacaciones, supo de su inclusión en la lista de los seleccionados.

“Los trabajadores sociales somos de una importancia capital para la preservación de la Revolución y el perfeccionamiento de la sociedad. Cuando en las clases interpretábamos la concepción de médicos del alma, nos podíamos dar cuenta de que no es un concepto abstracto, sino real, con materializaciones prácticas, pues hay otras medicinas que necesita el hombre que nada tienen que ver con la red de hospitales propiamente dicha, y sí con el espíritu. Estamos hablando de una medicina que cura insatisfacciones, cierra brechas, ensancha horizontes, y se llama igualdad.

“Elocuente fue para nosotros comprobar la satisfacción de la población, cuando tarde en la noche llegábamos a las comunidades a cambiar los refrigeradores y nos recibían con cariño. Hubo una viejita que se emocionó mucho y lloraba porque ahora tenía más comodidad, aunque fuera al final de su vida. Esos son los detalles que hacen singular a Cuba”, manifiesta Jendry, quien en estos momentos se encuentra cumpliendo con el Servicio Militar y estudiará Comunicación Social durante los próximos seis años.

Y él tiene razón: la singularidad está a su vez, en la manera pluralizada que esta nación se replantea el futuro, tratando de hacerlo menos incierto para todos. Para ello cuenta con trabajadores sociales, que como las raíces del Caguairán no se tuercen con facilidad.

 

(Tomado de www. guerrillero.co.cu)

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