| ¿La
última carta de la baraja?
Por Adianez Fernández Izquierdo, estudiante
de primer año de Periodismo

Si de cuidar nietos se trata, adquieren
la condición número uno.
(Tomada de www.laverdad.es) |
¿Realmente tratamos a nuestros abuelos
y abuelas como merecen? ¿Somos tolerantes con los ancianos
que nos rodean? ¿Les concedemos el espacio que necesitan?
Estas son interrogantes que debe acompañar a muchas
familias que no le dan participación en la toma de
decisiones e ignoran sus criterios y opiniones. Pero, si de
hacer mandados y cuidar nietos se trata, entonces ellos adquieren
la condición de número uno, mientras que para
todo lo demás son considerados casi un estorbo.
Desde hace varios años se percibe un fenómeno
que influye de manera negativa en la sociedad. Los hijos pierden
cada vez más el sentido de la responsabilidad y cargan
de trabajos a los adultos mayores que conviven con ellos,
privándolos de realizar actividades para su disfrute.
Antiguamente los criterios y opiniones de las personas de
la tercera edad se tomaban más en cuenta. Los hijos,
al casarse, asumían una vida independiente, se valían
por sí solos y trataban por todos los medios de no
recargar a sus padres de tareas, al tiempo que respetaban
su espacio.
Hoy no ocurre lo mismo. La vida se vuelve cada vez más
agitada y todo el peso del hogar descansa sobre sus espaldas;
en algunos casos porque así lo prefieren y en otros
porque el resto de la familia se lo impone.
Numerosas investigaciones en Cuba revelan que a pesar de los
esfuerzos que hace la Revolución, existen descuidos
por parte de los familiares en lo referente al trato hacia
los ancianos con quienes viven.
«A ello se suma que durante los últimos 50 años
el enfoque sobre lo valioso de la tercera edad ha variado
significativamente. Solo se idolatra lo que es joven, bello
y vigoroso por lo que ha surgido una nueva forma de maltrato
psicológico, basado en la desvalorización por
el simple transcurso de los años», manifiesta
la socióloga e investigadora en Cuba de la UNESCO,
Enercy Morejón.
La rutina del abuelo
Una vez que las personas se jubilan pasan a formar parte de
de la servidumbre. Ir a buscar el periódico, acompañar
al nieto a la escuela, llevar la merienda, hacer el almuerzo,
buscar los mandados a la bodega, entre otras actividades,
componen su rutina diaria.
Eugenio González, de 70 años de edad y retirado,
confiesa que para él todos los días son iguales.
Vive con la familia de su hija mayor y hace poco enviudó:
“Desde entonces todo es diferente, ahora hago los mandados
y me ocupo del nieto, no tengo tiempo ni privacidad para dedicarme
a mi mismo y ni siquiera pienso en enamorarme por temor a
que me reprochen”. Pero lo cierto es que está
solo, nadie en la casa le dedica un momento para conversar
ni puede salir a la calle a hablar con sus amigos por la carga
diaria de labores.
Otros pierden hasta su espacio dentro de la casa para cederlo
a los más jóvenes, quienes no se percatan o
no quieren darse cuenta de que violan los derechos de estas
personas que no porque hayan vivido mucho dejan de necesitar
privacidad.
“La mayoría, ya jubilados, se dedican a ayudar
en la crianza de los nietos y en algunas ocasiones asumen
solos esta difícil misión. Los padres se recuestan
a los abuelos y dejan sobre sus espaldas la faena de educar
a los hijos sin percatarse de que ya para ellos pasó
esa época.
“Además, existe el inconveniente de que muchas
veces tienden a ser sobre protectores y olvidan que a los
niños no se les puede consentir en todo. Por ello los
malcrían provocando serias disputas con los progenitores
que no están de acuerdo con lo que hizo el anciano”,
expresó la también coordinadora de la Cátedra
del Adulto Mayor en el municipio de Playa, en Ciudad
de La Habana.
Entre las personas de la tercera edad y los niños existe
una alianza indestructible. Aún así el choque
entre ambas generaciones se hace visible. La juventud y la
vejez son etapas totalmente opuestas, son muchos los años
de por medio y los conceptos y la manera de proyectarse cambian
de una etapa a otra por lo que quizás lo que antes
podía ser considerado un escándalo hoy se concibe
como algo natural. Además, el ímpetu y energía
de los jóvenes no va para nada con la vida sedada que
requieren los ancianos.
En el hogar
“La familia, como eje central de la vida, desempeña
un papel fundamental en el desarrollo del hombre, por ello
constituye una institución social difícil de
asociar con la violencia. El maltrato físico y psicológico
en el medio intrafamiliar es poco perceptible, pues ocurre
a puertas cerradas y tanto la víctima como el victimario,
casi siempre, se encargan de guardar bien el secreto”,
asevera la socióloga Enercy Morejón.
“En nuestro país no se observa con mucha frecuencia
el maltrato de índole física, no ocurre así
con el aspecto psicológico. En este sentido son muchas
las acciones que se emprenden a diario y que ocasionan que
las personas mayores se sientan como un estorbo.
“Generalmente nuestros abuelos no viven solos en la
casa, sino que conviven con sus hijos y nietos. Es aquí
donde se perciben los problemas”, afirma.
Reiniel Castillo, estudiante de secundaria básica en
el habanero municipio de Alquízar, confiesa que a veces
se pasa de los límites y termina contestando en mala
forma a sus abuelitos, y reconoce que desde pequeño
ve a sus padres hacer lo mismo: “Nunca me enseñaron
a dedicarles tiempo y a entenderlos. Mis padres reprochaban
todos sus actos y siempre les prohibían intervenir
en los asuntos de la casa”.
Por desgracia esto ocurre en muchos hogares. Cada acción
que realizan, aunque lleve implícita la mejor intención
del mundo, es recriminada por el resto. Desde la manera de
vestirse hasta la manera de proyectarse ante la vida son juzgadas.
Si se ponen ropa moderna se les tilda de viejos ridículos
y si es antigua también se les reprocha.
Otra cuestión sumamente censurada es la del amor y
sus manifestaciones en la tercera edad: “Hay quienes
ven una pareja de avanzada edad demostrándose su amor
y la recriminan porque consideran que ya tienen bastantes
años para eso”, asevera Dania Ulloa.
Ellos también tienen derecho
a enamorarse
Todas estas prohibiciones se manifiestan en el seno de la
familia y son muchos los hijos que no apoyan a sus padres
en el momento en que estos deciden iniciar una nueva relación.
“Cuando le comenté a mi hija que quería
salir con un hombre contemporáneo conmigo aquello fue
una tragedia. Nadie en la casa lo aceptó, pero yo estaba
decidida. Al principio me criticaron; pero al final tuvieron
que conformarse”, comenta Victoria Rojas, una alquizareña
de 57 años ya jubilada.
Afortunadamente, la situación todavía no es
generalizada. Aún quedan familias funcionales donde
se respeta la decisión de cada miembro y se comparten
de manera equitativa las labores.
Al respecto, Alejandrina Hernández, de 61 años
y residente en el municipio de Alquízar, opina que
en su hogar todos cooperan: “Las tareas están
distribuidas de manera que no recaen en ninguno de los miembros.
Mi esposo y yo estamos retirados y vivimos con la familia
de mi hija mayor. A veces debo cuidar al niño; pero
nunca han cuestionado nada de lo que he hecho y mucho menos
me han quitado la autoridad delante de mi nieto”.
Existen, además, hijos que apoyan a sus padres cuando
se interesan por reiniciar la vida en pareja e incluso los
ayudan a desinhibirse y perder el miedo que tienen muchos
a la burla o al fracaso.
Tal es el caso de Maria Julia Suárez, quien resalta
estar de acuerdo con la nueva relación de su madre:
“Hace dos años que ella enviudó y siempre
supe que de un momento a otro tendría otro compromiso
ya que los hijos no podemos llenar ciertos vacíos en
la vida de una persona. Por eso estuve dispuesta a aceptarlo
y cuando encontró a otro hombre no me opuse, al contrario,
la ayudé, pues se sentía preocupada por la reacción
del resto de la familia y de los amigos”.
Memorias vivientes
Dentro del hogar el ajetreo constante hace que los más
jóvenes no tengan tiempo para escuchar las historias
de quienes ya peinan canas. En muy pocas ocasiones los abuelos
encuentran oídos receptores en su propia casa y necesitan
salir en busca de alguien que los atienda.
Mirta Portillo, presidenta del Club de Narración Oral
en Cuba, opina que esta es una etapa muy importante que requiere
de especial atención: “En las edades avanzadas
las personas tienden a olvidar las cosas y si no participan
en actividades que les ayuden a ejercitar la memoria, terminan
olvidándolo todo y eso no se puede permitir, ya que
son los abuelos quienes cuentan la historia. Gracias a ellos
hoy conocemos quiénes fueron nuestros antepasados,
sus costumbres y tradiciones, la música, la manera
de bailar, de vestir…”, afirmó la también
promotora de una actividad que para los ancianos se realiza
en la Casa de la Poesía de Ciudad de La Habana, los
últimos jueves de cada mes.
“La tercera edad como grupo social tiene una importancia
relevante, sus integrantes son útiles por la experiencia
acumulada, colaboran como asesores y consultores brindando
sus conocimientos a los más jóvenes”,
expresó la socióloga Enercy Morejón.
La ancianidad es la última etapa de la vida, cada día
se siente más cercana la muerte y es necesario poner
todos los conocimientos en manos de las nuevas generaciones.
Con cada anciano que fallece se pierde un gran caudal de conocimiento.
El vínculo con la sociedad
En Cuba, donde la población mayor de 65 años
representa el 10,6% del total de habitantes, los ancianos
tienen asegurada su vejez, y también poseen el derecho
a la superación mediante la Universidad del Adulto
Mayor. Existen, además, los círculos de abuelos,
los hogares de ancianos y otros proyectos que los vinculan
con las tareas de la Revolución y les permiten sentirse
útiles todavía.
Cada mañana son muchos los abuelos que salen de sus
casas para realizar la gimnasia matutina, ir a su círculo
o simplemente a conversar al parque.
Desde el año 2000 surgió un nuevo proyecto encaminado
a orientar a las personas mayores en cuanto al rol que deben
asumir en el seno de la familia, se trata de la Cátedra
del la Universidad del Adulto Mayor.
“Este proyecto está encaminado a que las personas
mayores entiendan cuál es su papel dentro de la vivienda,
y comprendan la necesidad de aplicar reformas en su domicilio
que le permitan realizar actividades para su disfrute personal
(ir al cine, pasear, salir a caminar) sin dejar de colaborar
con sus hijos, especialmente si conviven con ellos.
“Aquí se les enseña a no desempeñar
el rol que no les corresponde. Impartimos clases y conferencias
sobre convivencia intergeneracional, comunicación social
y abordamos diferentes temas como la psicología del
envejecimiento y las afectaciones del individuo después
de la jubilación”, explica la coordinadora.
Por su parte, Enercy Morejón asegura que el anciano
en Cuba ocupa un lugar importante.
“Es sumamente atendido y valorado. Disfruta de múltiples
privilegios sociales y se le toma en cuenta. Nuestra Revolución
incentiva la utilidad del adulto mayor y hace valer sus derechos.
Es una verdadera lástima que en los propios hogares
no se les preste la debida atención y que los tabúes
impuestos por la sociedad le impidan a nuestros mayores ser
totalmente felices”.
A estos proyectos se suman los trabajadores sociales, quienes
se encargan de brindar asistencia social a los que viven solos,
tienen una situación económica desfavorable
o padecen de alguna enfermedad.
Isel Chávez, una de las tantas jóvenes que ejerce
esta profesión, opina sobre la necesidad de brindar
ayuda a los mayores: “Son personas muy sensibles, que
requieren de comprensión y tolerancia por parte de
todos. Nosotros hemos asumido esta misión porque sabemos
que no siempre los familiares los cuidan como es debido. Hemos
tenido muchos casos de ancianos con gran número de
parientes cercanos y que, sin embargo, están solos
sin el cuidado que exigen”.
Aun así, Dania Uloa considera que todavía es
necesario lograr un vínculo entre estos proyectos y
las escuelas primarias para que los niños desde pequeños
aprendan las normas de convivencia intergeneracional y entiendan
que las tareas del hogar involucran a todos los miembros por
igual.
¿La última carta?
Generalmente quienes tienen bastante juventud acumulada enfrentan
determinados cambios físicos y psicológicos.
Su autoestima decae en un gran por ciento, temen a las enfermedades
por simples que sean, pues ven próxima la muerte, se
sienten cada vez más decaídos y con menos fuerza,
empiezan a rendir menos en el trabajo y a considerarse una
molestia para sus hijos y nietos, quienes en muchísimas
ocasiones tampoco ayudan a eliminar estos sentimientos negativos.
“Por el contrario, viven quejándose de las cosas
que hacen sin entender que son propias de esa edad. Los abuelos
y abuelas son seres comprensivos, dotados de un caudal de
experiencia adquirida con los años, llenos de amor
para dar y de ganas de trabajar, aunque muchos tiene limitaciones
que no les permiten hacer las cosas que hacían 20 años
atrás”, asevera la coordinadora.
Envejecer es un proceso natural, donde se producen transformaciones
biológicas y psíquicas, con amplia repercusión
en la esfera de las relaciones del individuo, hasta el momento
es irreversible y se comporta de manera distinta en cada ser
humano: “No obstante, una porción significativa
de la humanidad necesita conciencia clara de que somos seres
que envejecemos y ello no significa que con la acumulación
de los años tengamos que convertirnos en esclavos y
perdamos todos los derechos, ni mucho menos que seamos considerados
ciudadanos de segunda categoría”, afirma la socióloga.
Si bien es verdadero que los ancianos siempre tienen una solución
para todo, un consejo, no es menos cierto que necesitan de
comprensión, ayuda y cuidados por parte de quienes
los rodean.
Con solo un poco de amor podemos contribuir a que sean felices.
Ayudemos nosotros mismos a eliminar los prejuicios sociales
que ensombrecen su felicidad, dediquemos todo el tiempo que
sea posible a conversar con ellos, nutrámonos de sus
experiencias y dejemos que se dediquen un espacio, toleremos
las cosas propias de esa etapa y démosle a nuestros
abuelos el cuidado y el apoyo que necesitan para no sentirse
solos.
Ningún esfuerzo de la Revolución será
útil ciento por ciento si primero no hay un cambio
en nuestra manera de actuar. Solo así lograremos que
nuestros mayores no se sientan como la última carta
de la baraja.
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