| Pippa
Mediaslargas no escapó de las versiones sexuales
Por Alicia
Centelles

El personaje de Pippa ha tenido
varias versiones cinematográficas.
(Tomada de www.answers.com) |
En un mundo en el que, triste es reconocerlo,
hay quienes todo lo convierten en negocio, no es noticia que
el sexo resulta, cada vez más, un lucrativo renglón
para muchos. Pero no obstante, resulta chocante ver cómo
hay quienes, llevados por un desmedido afán de ganancias,
tratan de encontrar una ¨visión sexual¨ en
clásicos juveniles e infantiles.
Hace unos años, la familia
de Ana
Frank, la niña judía que escribió
con tan asombrosa madurez uno de los testimonios más
desgarradores sobre la vida de los judíos bajo el horror
nazi, puso pleito a una editora que pretendía publicar
las ¨partes eróticas¨ del famoso Diario.
Y ni la también famosísima
“Alicia
en el país de las maravillas” ha podido sustraerse
de esos bajos manejos.
Ahora le toca su
turno a Pippi
La afamada escritora sueca Astrid
Lindgren, conocida mundialmente por su habilidad para
recrear el mundo de la infancia, reaccionó indignada
ante la noticia sobre una versión con connotaciones
sexuales de su clásico libro “Pippa mediaslargas”.
¨¿Por qué le hacen esto a mi Pippa?¨,
se preguntaba consternada la ganadora del Premio Internacional
del Libro de la UNESCO
en 1993.
Un joven cineasta, también sueco,
realizó una versión sexual del libro sobre la
traviesa niña brotada de la pluma de Astrid Lindgren
en 1945. La actriz Inger Nilsson, que interpretó el
personaje en una popular serie televisiva en los años
setenta, calificó el material fílmico de ¨sucio,
repugnante y al borde de la pedofilia¨.
Pippa no es una niña
modelo, pero no hay que exagerar
Karin, la hija de la autora de “Pippa Mediaslargas”,
se inventaba nombres divertidos, y Astrid creaba historias
con ellos. Así surgió Pippa, una niña
nada modelo, que al principio no encontraba editor, pero luego
ganó un premio.
Los más de 60 libros de Astrid
Lindgren han sido traducidos a muchas lenguas, y se han llevado
al cine y la televisión. Pero ni la autora, fallecida
en el 2002, ni su hija pudieron explicarse por qué
alguien pudo hacer una versión sexual de un personaje
no por rebelde menos infantil. Sin embargo, la respuesta está
ahí: no todos ven el mundo como Astrid, quien plasmó
en sus libros la atmósfera de cuento de hadas en que
nació. Para muchos otros, sólo cuenta el dinero.
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