| Ana
Ramona: La heredera de la tierra
Por Carmen Rodríguez Pentón

Ana Ramona aprendió de su
padre a no darse por vencida.
(Tomada de www.escambray.islagrande.cu) |
Amanece y el veguerío
deslumbra en todo su verdor. Hace sólo unos meses eran
pequeños y delicados retoños, pero crecieron,
muchos bajo la mirada atenta de la muchacha. Temprano, ella
se acerca a la tierra; es una vieja herencia que la lleva
a cada vega, frutal o viveros.
Todas las mañanas Ana Ramona despierta con la sensación
de que se quedó algo por hacer. Siempre le sucede,
desde que en 1991 vio coronados sus esfuerzos por ser ingeniera
agrónoma y establecerse allí donde nació,
en terrenos de Santa Lucía, en Cabaiguán, provincia
de Sancti
Spíritus.
Delgada, de una aparente fragilidad, desanda surco tras surco
en busca de lo que pueda dañar las plantaciones; es
un oficio que lleva dentro y le viene de casta a la única
especialista que ha tenido la cooperativa de producción
agropecuaria 10 de Octubre.
“Me crié entre cultivos y tabaco. Esta cooperativa
va a cumplir 30 años de creada el próximo mes
de febrero y en realidad no soy fundadora porque era una niña
y no me alcanzaba la edad, pero desde esa fecha estoy muy
vinculada a todo lo que se relaciona con ella.
“Me gusta lo que hago, aunque a veces resulte difícil
porque faltan insumos, pero es ahí donde tengo la oportunidad
de crear y poner a prueba mis conocimientos a la hora de tomar
alternativas como la utilización de medios biológicos
y en ese estilo hemos educado a los trabajadores y hasta a
los niños a quienes imparto un Círculo de Interés
de Agronomía para adentrarlos en ese mundo. Mi trabajo
se ve en los resultados de la cooperativa, aunque sin el colectivo
nada fuera posible”.
Orgullosa enumera parte de los méritos que destacan
a la cooperativa 10 de Octubre, una de las primeras surgidas
en la provincia, rentable desde su fundación, y la
única del territorio que actualmente se autoabastece,
además de que está incluida en el Movimiento
de Cooperativas Potenciadas, atendiendo a sus sobrecumplimiento
en la producción de tabaco, cultivos varios y ganadería.
“Pero no creas que ha sido fácil. En pleno período
especial pasamos de todo y trabajamos duro con el manejo integrado
de plagas cuando empezaron a faltar los productos. Nos vimos
obligados a practicar infinidad de técnicas para salvar
las plantaciones, pero los logros están ahí
y eso nos ayudó a entender sus beneficios en relación
con las sustancias químicas, esas que lo mismo matan
al bueno que al malo”.
Ana le sabe las mañas a los bichos que se esconden
en cada vivero, pues “saben distinguir entre los 12
tonos que tiene el verde cuál es el que les gusta”;
por eso no les da tregua, de ello dan cuenta sus trabajos
presentados en los fórums municipales y provinciales
de Ciencia y Técnica.
De la tierra lo sabe casi todo, razón por la cual le
dedica tanto tiempo, el otro lo reparte entre sus obligaciones
como integrante no profesional del secretariado municipal
de la FMC,
secretaria organizadora del Bloque 49 en Santa Lucía
y del Buró Provincial de la Asociación
Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).
De sus 37 años tiene momentos inolvidables: su participación
en el Festival Cuba Vive, en el Festival Mundial de la Juventud
y los Estudiantes en 1997, el VII Congreso de la Unión
de Jóvenes Comunistas y el último Congreso de la
(ANAP), así como cuando de manos del Comandante en
Jefe recibió, en representación de su Comité
de Base, la Bandera de Honor de la UJC.
Ana Ramona Martín Valdivia nunca altera el tono de
voz, habla bien bajo, como si lo hiciera consigo misma; pero
para su padre Reemberto, el campesino de ley que llevó
las riendas de la cooperativa hasta su reciente desaparición
física y le dejó entre otros muchos tesoros
la herencia de la tierra, susurra palabras quebradas por la
emoción:
“A él le debo todo lo que sé, todo lo
bueno que pueda hacer en la vida. De él aprendí
a no darme por vencida y a tratar de encontrar respuesta a
cada problema, juntos pasamos por esos malos ratos, pero él
buscaba una solución”.
El sol calienta la tierra y las vegas van cogiendo forma,
es momento de siembra, mas también de plagas, piensa
Ana, la ingeniera, mientras a ojo de buen cubero repasa los
mazos de posturas en plena discordia con las manchas, enfermedades
o cualquiera de los enemigos biológicos que siempre
acechan.
(Tomada de www.escambray.islagrande.cu)
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