45... ¡Y van más!


El Diablo Ilustrado

Quizás yo logre unir todos esos pequeños fragmentos del cosmos que llegó hacia mí, para así poder descifrar tu identidad, pero por ahora, no es eso lo que me interesa. Llena de poesía me encuentro en ese instante acabando de leer tu libro y sé que esa misma magia inundó tu ser e impulsó tu cerebro a favor de este precioso regalo que acabo de recibir de ti. Gracias.

Siento que tu magnetismo ya empezó a hacer efecto sobre mí y por eso escribo solo para ayudarlo y poder viajar más allá de las letras de este libro: hacia tu amistad, pues creo que me es necesario navegar junto a ti en el mar de la sabiduría, ya que al introducirme en tus textos, las mariposas de mi imaginación volteaban sus alas para hacerme caer en la idea de que estaban escritos solo para mí.

Sé que vives en mi mundo y muchos de tus conceptos lo han hecho mejor, pero mi espíritu quiere seguir elevándose y desearía que subieras conmigo esa escalera. Quizá mi nombre te sea revelado al leer quién remite la carta, pero ¿qué es un nombre en medio de este inmenso mundo de arte, amor y sabiduría? Tal vez por eso no das a conocer el tuyo.

Tengo tantas cosas que decirte, pero prefiero dejarlo para la respuesta a la carta que anhelo recibir de El Diablo Ilustrado, ese que me obliga a escribir estas líneas solo con el poder de su corazón y que hace que aún sin su consentimiento me autotitule…
Su diablilla compañera.

Compañera Diablilla:

Aunque me ha aprendido tu nombre, no lo delataré, me limito a imaginarte en algún rincón de tu cuarto, sacando conejos de una chistera con la ilimitada fuerza de los que escriben desde el amor. Tu ciudad me viene desde el montuno de un son que cantaba el Benny: “Vertiente, Camaguey, Florida y Morón”, al que he acudido siempre que ando por alguno de esos lugares. ¿Quién me iba a decir que iba a tener allí, en Florida, una amiga, o más, una compañera?

Recuerdo que hace unos años esa palabra de acercamiento cálido —que el Che sublimó contestando una carta de una mujer argentina que buscaba con él algún parentesco— parecía en desuso o hasta proscrita; decir compañero se tomaba en algunos ambientes como de mal gusto. Había quienes preferían el señor, señora o señorita, que —quizás sea prejuicioso de mi parte— he asociado a cierta bobería de falsa distinción con ínfulas de clase social.

Te has llamado de la mejor manera para raptarme, acudiendo también a ese diablillo que nos hemos inventado para contarnos sueños, y para demostrarnos que somos mucho más que las manquedades u oscuridades que puedan tener estos tiempos.

Por supuesto que seguiré intentando subir por tu escalera, y tendré que sacar fuerzas del extra de mi espíritu, pues no quiero pedirte que te detengas a esperarme en aquel peldaño tan alto que apenas sé si llegaré a alcanzar. Voy por ti, me esfuerzo por abrazar la sabiduría y arte que me achacas desde la delicadeza que tu virtud ve en los demás, como mirándote en el espejo.

No sé si cotidianamente escribes, pero debieras buscar a tu alrededor la magia de tus calles, de su historia, de la gente que, con sus defectos y virtudes, te acompaña en esta mínima travesía por los siglos, y describirlos con tus palabras, pensando en cuánto bien puedes hacer reconociéndote y ayudando a los demás a reconocerse desde las verdades que descubra tu imaginación.

No me puedo atrever a pedirte que escribas como un acto profesional; creo que se debe escribir porque —y lo que—, se siente, por puro placer y necesidad de expulsar ese amasijo interior de pasiones e ideas, que no es más que el fruto de esa mirada escudriñadora de la poesía que habita en cualquier parte

……………………………………………………………………………………………

Ahora mismo escucho, mientras te escribo, “La tarde”, de Sindo Garay
¿puede ser de ayer esa entrañable melodía que nos susurra…

La luz que en tus ojos arde,
si los abres amanece,
cuando los cierras parece
que va muriendo la tarde,
cuando los cierras parece
que va muriendo la tarde.

Las penas que me maltratan
son tantas que se atropellan,
y como de matarme tratan
se agolpan unas a otras
y por eso no me matan.

Dejo que fluya la canción y te siento muy cerca, diablilla compañera, quizás de visita a la ciudad de Camag?ey, deslizándote con mirada escudriñadora por las sinuosas y empedradas calles de su centro colonial o reposando en un sillón dejándote arrastrar por el misterio de una puesta de sol, detenida en un tinajón que sirve ahora de cantero, y donde un lagarto retoza entre un puñado de margaritas.

Tus ojos se pierden en la inmensidad de ese minúsculo detalle ideal para adentrarse en las cartas cruzadas de Amalia e Ignacio, dos amantes, como tantos otros, que entrarían a la historia cuando aquel joven se entregara a los demás, sacrificando un beso de su amada, en la manera que encontró más urgente de ser para los otros, empuñando el arma en la manigua que nos haría más libres, más iguales, con más posibilidades de tener el privilegio de poder amar y ser amado limpiamente.
…………………………………………………………………………………………..

No puedo extenderme más, compañera, te agradezco que me invadieras de esta manera y te dejo una canción de Silvio Rodríguez que me ronda como brindis por este encuentro en el que ha sido un privilegiado este amigo que nuca te faltará y al que ya sabes que puedes llamar….

El Diablo Ilustrado


En estos días
todo el viento del mundo sopla en tu dirección
la Osa Mayor
corrige la punta de su cola
y te corona
con la estrella que guía
la mía

Los mares se han torcido
con poco dolor hacia tus costas
la lluvia
dibuja en tu cabeza la sed de millones de árboles
las flores
te maldicen muriendo, celosas

En estos días
no sale el sol sino tu rostro
y en el silencio sordo del tiempo
gritan sus ojos
ay de estos días terribles
ay de lo indescriptible

En estos días,
no hay absolución posible para el hombre
para el feroz, la fiera
que ruge y cata ciega
qse animal remoto que devora y devora primaveras

En estos días
no sale el sol sino tu rostro,.
y en el silencio sordo del tiempo
gritan tus ojos
ay de estos días terribles
ay del nombre que lleven
ay de cuánto se marche
ay de cuánto se quede
ay de todas las cosas
que hincha este segundo
ay de esos días terribles asesinos del mundo.

Subir
Somos Jóvenes Digital
Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles, Director Artístico: Peroga
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2007
Edición de papel