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Masturbación
Placer sin culpa alguna
Desde el instante en que comenzamos a experimentar
el incremento de nuestros impulsos sexuales en comparación
con etapas anteriores, hay muchas maneas ara vivir y disfrutar
de una sexualidad plena, enriquecedora y placentera.
Por Yarelis Rico

Aunque la masturbación suele
ser más común durante la adolescencia, entraña
muchas veces sentimientos de culpa, por parte de quienes
la practican.
(Ilustración: Peroga) |
Como de la noche al día, dejamos
de ser niños —tal vez menos infantiles—
y nos encontramos en el fabuloso mundo de la adolescencia.
Es entonces cuando un sin fin de cambios y transformaciones
físico-psicológicas se suceden y se desata un
verdadero desequilibrio emocional, extraño y agradable
la mismo tiempo.
Transitamos la etapa de amores intensos
que por lo general preferimos llevarnos a la almohada y disfrutarlos
en silencio, solo a nuestra manera. La masturbación,
tanto femenina como masculina, es una de las formas más
recurrentes mediante las cuales expresamos deseos, ansias
y descompensamos impulsos en ocasiones contenidos.
Excesos a un lado, esta agradable, segura
e íntima práctica, que suele ser más
común durante la adolescencia, viene acompañada
a menudo de fantasías sexuales que no causan daño
físico o mental alguno, y que parten de experiencias
vividas, de los llamados enamoramientos platónicos
y hasta de verdaderas construcciones sexuales que hacemos
a partir de una pareja imaginaria, entregados por completo
a la dicha infinita de una relación íntima.
Son tantas y tan variadas las travesuras
mentales que pululan nuestra imaginación, que ni la
más extraña de ellas debe crear en nosotros
sentimientos de culpa.
Salud, sexualidad
y adolescencia
Un joven como Adrián José, por ejemplo, se masturba
casi todas las noches. Tiene 16 años y aunque en estos
momentos no tiene novia, confiesa: “Con ella o sin ella
lo hago a menudo, más o menos desde los 12 años”.
Sin embargo, como muchos otros guarda su
reserva, y hasta se considera una persona enferma. Si bien
disfruta lo que hace, busca ocultarse de su familia, pues
teme ser sorprendido por sus padres o su hermana, quienes,
a su juicio, podrían considerarlo un “aberrado
sexual”.
En cambio, por ello Adrián José
no se diferencia del resto de los jóvenes de su aula,
la escuela o el barrio; mantiene un buen rendimiento académico,
disfruta de una vida social activa; va a campismos, playas
y las fiestas de fines de semana se convierten en su recreación
favorita.
También Dorelis, maestra
emergente y estudiante de Comunicación Social,
busca en la masturbación el placer sexual, incluso
en compañía de su media naranja, quien disfruta
al observarla y verla alcanzar, en ocasiones, el orgasmo:
"Sé que es una conducta o una
pauta de conducta habitual en las personas, y mucho más
en nosotros los jóvenes, pero por momentos me crea
cierta ansiedad y hasta sentimientos negativos. He llegado
a creer que soy de la regla, la excepción”:
Sandra, estudiante de preuniversitario,
advierte que si bien la masturbación es una forma más
para alcanzar el goce sexual, existe rechazo social hacia
ella, en especial de aquellas personas que inciden directamente
en la educación de los adolescentes, sobre todo los
padres:
“Eso desaparecería con una
mejor comunicación entre padres e hijos”, asegura
Sandra. “Es bueno que desde nuestra propia casa nos
preparen para la vida, nos abran los ojos, nos den opciones,
caminos para andar. Del futuro nos encargamos nosotros, pero
ese tenemos que afrontarlos sin culpas ni temores, y sí
con seguridad. La sexualidad es parte importante de ese futuro,
y del presente también”.
De la culpa al placer
Sin más rodeos al asunto, pues hablamos de algo tan
antiguo como la historia misma de la Humanidad, la masturbación
cumple en los adolescentes varias funciones de importancia.
Según los especialistas, “el constituir una forma
inocua de experimentación sexual la convierte en una
opción de placer para quienes se inician en los vericuetos
del arte de amar, ya sea a una persona de su propio sexo o
del contrario”.
Diversas opiniones coinciden en que la masturbación
alivia la tensión sexual, mejora la autoconfianza en
el desempeño sexual, mitiga la soledad y hasta en algunos
casos es una válvula de escape de la tensión
y el estrés generales.
Sin llegar a los excesos (donde sí
puede ser perjudicial), el correr de los años desprejuicia
esta tan arcaica manifestación de nuestra sexualidad,
y aboga por una mayor aceptación de lo que es una alternativa
a tener en cuenta en tiempos en que hombres, mujeres y hasta
niños de todo el mundo combaten el flagelo del SIDA.
Sirva el testimonio de esta jovencita chilena,
amiga de Cuba desde niña, para un cierre justo:
“Empecé a masturbarme a los
14 años. Lo hacía de manera violenta, al punto
de no experimentar gran cosa y sentir mucha culpa por lo que
estaba haciendo. Una noche, con la lectura de un libro fabuloso,
empecé a frotarme y tuve un orgasmo… Desde entones
aquellas caricias que yo misma me proporcionaba me resultaban
cada vez más placenteras. Me sentí feliz y complacida
por experimentar tales sensaciones. Elevé mi autoestima
y la confianza en mí misma. Jamás he sentido
culpa y acudo a la masturbación cada vez que lo deseo,
ya sea para relajarme, o sencillamente, para disfrutar”.
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