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Patriota desde pequeño
Por Alicia
Centelles
Uno de los relatos más hermosos que
recoge Álvaro de la Iglesia en sus “Tradiciones
cubanas”, es la titulada “El mambisito era de
ley”, y que cuenta lo siguiente:
Durante la Creciente de Balmaceda en Oriente,
una columna española arrasó sorpresivamente
un campamento matando a heridos y enfermos. Ya de retirada,
uno de los guías descubrió a un niño
de unos diez años, agazapado tras unos matojos. Al
preguntarle el oficial de la compañía quién
era y de dónde venía, el pequeño solo
sonrió, pero cuando se interesó por sus padres,
el niño contestó: “Mi padre ha muerto.
Yo soy del Ejército Libertador”.
Una carcajada general acogió estas
palabras.
El mambisito era
de ley
El coronel que encabezaba la columna española le preguntó
al niño si era mambí, y la respuesta fue que
sí, y que cuando creciera le darían un rifle.
El militar replicó que lo que necesitaba
era un pan, y mandó a buscar uno. Cuando lo trajeron,
el pequeño no podía quitarle sus hambrientos
ojos de encima. Entonces el coronel le dijo que el pan era
todo suyo si gritaba ¡Viva España!
El niño se rascó la cabeza,
vacilante, y entonces el oficial le dio un pedazo de pan,
que el pequeño devoró en un instante. Por fin
levantó la cabeza y dijo que iba a gritar. Todos rieron,
pero el pequeño patriota, a la vez que saltaba del
caballo donde lo tenían, gritó con toda su fuerza:
“!Viva Cuba Libre!”.
Mientras trataban infructuosamente de alcanzarlo,
el coronel murmuró: “El mambisito era de ley”.
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